Preguntas frecuentes a nuestro Chef Guía
Por si te falta un ingrediente...
Saltea las espinacas con un poco de aceite hasta que estén lacias, escúrrelas bien y mézclalas con un sofrito de ajo, cebolla, pimentón y guindilla. Después haz huecos en las espinacas, casca un huevo en cada uno, tapa la sartén y cocina unos 2 minutos, hasta que la clara cuaje con la yema aún líquida. Las yemas se rompen en la mesa y se mezclan con la verdura, y de ahí viene el nombre del plato.
Sí, y el resultado es muy parecido. Las congeladas ya vienen escaldadas, así que basta con 5 minutos en agua hirviendo para descongelarlas; lo importante es escurrirlas muy bien después, apretándolas a mano o con una cuchara, porque retienen mucha agua. Como reducen menos que las frescas, calcula unos 300 g para 2 personas frente a los 400 g de hojas frescas, y saltéalas solo lo justo para secarlas.
Encajan mejor los añadidos que no sueltan agua: taquitos de jamón o de beicon dorados en el sofrito, piñones tostados con pasas, garbanzos cocidos o unas patatas en dados fritas debajo de los huevos. Una lluvia de queso rallado justo antes de tapar también funciona, porque se funde con el vapor. Si añades champiñones, saltéalos aparte hasta que se evapore su líquido y súmalos después.
Lo más sencillo es pan tostado o una hogaza crujiente para mojar en la yema, y con eso funcionan como cena completa. Si buscas algo más contundente, sírvelas sobre patatas fritas o asadas, o junto a un arroz blanco. Sin los huevos, las espinacas salteadas con su sofrito sirven de guarnición para pollo a la plancha, cerdo o pescado blanco, y llegan para más comensales.
Gallina Blanca Chef Guía
Espinacas salteadas con huevos rotos
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