Para los mediodías de julio en los que apetece comer frío y sin encender el horno, esta ensalada de verano, fresca y de pasta, mezcla macarrones o hélices con manzana ácida, cebolleta, pepinillos y dados de membrillo. Alcanza para 4 personas y requiere unos 40 minutos, de los que 15 son de nevera y otros tantos de esperar a que hierva el agua y se cueza la pasta. El contraste es la gracia del plato: el dulzor del membrillo frente al vinagre del pepinillo y el punto ácido de la manzana.

Empieza por elegir bien la manzana: busca una roja con punto ácido y carne firme, como la Pink Lady, que aguanta crujiente después de cortada; las muy harinosas se ablandan con el aliño y desaparecen en el bocado. El membrillo, mejor en bloque y firme, del que se corta en dados limpios sin pegarse al cuchillo. Para la pasta, elige una forma corta que recoja bien el aliño, como hélices, macarrones o lazos, las mismas que pide una ensalada de pasta fría más clásica, y calcula 300 g para el grupo.

Cocer la pasta en agua con una pastilla de Avecrem Pollo en lugar de solo sal le da un fondo sabroso que se nota luego en frío, cuando los sabores se apagan un poco. Lo demás es cortar y mezclar: una receta fácil que puedes dejar hecha por la mañana para la comida, siempre que guardes la manzana y el membrillo para el final. Si te sobran pepinillos, un puñado de olivas negras encaja con el mismo papel salado.

Información nutricional(por ración)

Energía

385 kcal

Hidratos

65 g

Grasas

9 g

Fibra

4.5 g

Proteínas

11 g

¿Cuántos comensales?
4
Pasta
Pasta
300 gramos
Avecrem Pollo
1 pastilla
Pepinillo
Pepinillo
80 gramos
Manzana roja
Manzana roja
1 unidad ácida
Cebolleta
Cebolleta
1 unidad
Membrillo
Membrillo
80 gramos
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Paso 1 de 3

Cuece la pasta con Avecrem Pollo

Cuece la pasta con Avecrem Pollo

Pon a hervir unos 3 litros de agua en la olla más grande que tengas. Con el agua ya hirviendo, desmigaja dentro la pastilla de Avecrem Pollo; hace las veces de la sal, de modo que no hace falta añadir más de entrada. Echa los 300 g de pasta y dale unas vueltas al principio, que es cuando se pega. Cuécela con 1 minuto de margen respecto al tiempo del paquete, hasta que esté al dente: que al morderla todavía ofrezca algo de resistencia. En frío la pasta se nota más blanda, y ese minuto de margen evita que quede pasada.

Escúrrela y enfríala bajo el grifo solo lo justo para cortar la cocción, unos segundos removiéndola con la mano. Si la lavas demasiado rato pierde el sabor del caldo y el almidón que ayuda a que se agarre el aliño. Extiéndela en una bandeja amplia para que termine de enfriarse y de secarse; mezclada caliente ablandaría la manzana y fundiría el membrillo.

Paso 2 de 3

Corta cebolleta, pepinillos y manzana

Corta cebolleta, pepinillos y manzana

Mientras la pasta se enfría, quita los extremos a la cebolleta y la primera capa. Córtala en juliana muy fina, o pícala si prefieres que se note menos; en láminas finas su sabor queda repartido sin dominar. Corta los 80 g de pepinillos en rodajitas o en daditos: aportan el punto avinagrado y crujiente que equilibra el dulzor del membrillo.

Deja la manzana para el último momento, porque se oxida enseguida. Pártela por la mitad, quítale el corazón y, si quieres, pélala; con piel aporta más color. Córtala en dados de 1 cm o en láminas finas y luego en palitos, como la cebolleta, para que cada bocado lleve un poco de todo. Si tienes que adelantarla, rocía los dados con unas gotas del vinagre de los pepinillos o de zumo de limón, que frenan la oxidación mejor que el aceite, y no la piques con más de 10 minutos de antelación.

Paso 3 de 3

Mezcla, añade el membrillo y enfría

Mezcla, añade el membrillo y enfría

En un bol grande, junta la pasta ya fría y seca con la cebolleta, los pepinillos y la manzana. Si te apetece, añade ahora unas olivas negras. Aliña con un chorro de aceite de oliva virgen extra y pimienta negra recién molida, y mezcla con movimientos envolventes para que todo quede brillante sin romper la pasta. Prueba de sal: el caldo de cocción suele bastar.

Trocea los 80 g de membrillo en cubos de 1 cm y añádelos al final, con 2 o 3 vueltas suaves; si se mezclan pronto se deshacen y tiñen la pasta. Tapa el bol y llévalo a la nevera 15 minutos: basta para que la ensalada esté fresca y la pasta absorba algo de aceite. Más rato no la mejora: la pasta se endurece en frío y la manzana pierde su textura crujiente.

Consejos finales

Para llevar al trabajo, guárdala en un recipiente hermético y transpórtala en una bolsa isotérmica con un acumulador de frío, o déjala en la nevera de la oficina hasta la hora de comer. En la nevera aguanta bien 2 días, pero la manzana se oscurece y el membrillo se humedece con las horas, así que lo ideal es llevarlos en un táper pequeño aparte y mezclarlos al comer. Saca la ensalada de la nevera unos 10 minutos antes: muy fría, la pasta está dura y el aceite apenas sabe. No la congeles, porque la pasta y la manzana se quedan blandas al descongelarse.

Corta la cocción de la pasta con agua fría solo unos segundos, para que no pierda el sabor del caldo, y sécala bien en una bandeja, porque el agua que queda pegada diluye el aliño y deja la ensalada sosa: con esos trucos aplicados a la pasta, el resto es montar. Como plato único da de comer a 4; como acompañamiento de una carne a la plancha, llega para 6.

Para cambiarla, una pasta sin gluten funciona con los mismos pasos si respetas el tiempo de su paquete, que suele ser más corto. El membrillo admite relevo por uvas partidas a finales de verano, y un queso fresco en dados o unas nueces le dan más cuerpo para una cena. Si un día prefieres legumbre, la ensalada de lentejas con atún se prepara con la misma idea de plato frío y completo. Con los mejores tomates de agosto, la ensalada de tomates aliñados casi no necesita más, y la ensalada de garbanzos con verduras aguanta igual de bien en el táper.

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