Tiernas por dentro y pegajosas por fuera, estas costillas al horno con patatas piden poco trabajo y mucho horno: 700 g de costilla de cerdo untada con un majado de ajo y salsa barbacoa, sobre una cama de patatas que se empapa con los jugos de la carne. Las cantidades están calculadas para 4 personas y, contando el reposo, necesitas alrededor de 70 minutos, casi todos de horno sin tocar nada.

Al comprar, pide costilla de cerdo de la parte del lomo o tira de costilla con algo de grasa entreverada, y que te la corten en trozos de 2 o 3 huesos. La costilla muy magra se seca antes de dorarse, mientras que la que lleva una veta de grasa se vuelve jugosa y aguanta mejor los últimos minutos a fuego fuerte. Para las patatas, mejor una variedad de carne firme, que aguante entera en rodajas de 1 cm. Si compras la carne ya envasada, busca un color rosado y una grasa blanca y firme, sin zonas grisáceas.

La parte fácil de verdad está en el orden de la bandeja: patatas debajo y carne encima, porque así la grasa que suelta la costilla baña la guarnición y no se quema en el fondo. La pastilla de Avecrem Dúo Guisos de Carne va desmenuzada en el majado y sazona la carne de forma uniforme, de modo que no hace falta salar las costillas aparte; las patatas, en cambio, sí llevan su punto de sal y pimienta.

Información nutricional(por ración)

Energía

540 kcal

Hidratos

28 g

Grasas

32 g

Fibra

3 g

Proteínas

35 g

¿Cuántos comensales?
4
Costilla de cerdo
Costilla de cerdo
700 gramos
Patata
Patata
5 unidades
Salsa barbacoa
Salsa barbacoa
2 cucharadas de café
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
3 cucharadas
Ajo
Ajo
1 diente
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Paso 1 de 3

Prepara el majado y unta las costillas

Prepara el majado y unta las costillas

En un mortero, machaca el diente de ajo pelado con 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra y la pastilla de Avecrem Dúo Guisos de Carne desmenuzada, hasta obtener una pasta sin trozos de ajo visibles. Añade las 2 cucharadas de café de salsa barbacoa y mezcla hasta que quede una crema lisa y brillante; si está muy espesa, afloja con unas gotas más de aceite.

Seca los 700 g de costillas con papel de cocina, porque la humedad impide que el adobo se agarre y luego la superficie se cuece en vez de dorarse. Úntalas bien por las 2 caras, metiendo la pasta entre los huesos y en los cortes. Si tienes tiempo, déjalas reposar 15 o 20 minutos a temperatura ambiente mientras preparas las patatas: el adobo penetra algo más y la carne entra al horno menos fría, así que se hace de forma más pareja.

Paso 2 de 3

Monta la cama de patatas y hornea

Monta la cama de patatas y hornea

Deja el horno calentándose a 180 °C, en modo convencional y sin ventilador. Pela las 5 patatas y córtalas en rodajas de 1 cm, al estilo de las patatas panaderas; si quedan más gruesas, el centro estará duro cuando la carne ya esté lista. Repártelas en el fondo de una bandeja de horno formando una capa uniforme, salpimiéntalas y rocíalas con las 2 cucharadas de aceite restantes.

Coloca las costillas encima, con la parte más carnosa hacia arriba. Durante la cocción, los jugos y la grasa de la carne caen sobre las patatas y les dan sabor y una textura melosa por dentro. Hornea unos 45 minutos y dales la vuelta a las costillas a mitad de tiempo para que se doren por igual. Vigila el color: si la barbacoa empieza a oscurecerse demasiado pronto, cubre la bandeja con papel de aluminio durante unos minutos.

Paso 3 de 3

Gratina a 200 °C y deja reposar

Gratina a 200 °C y deja reposar

Sube el horno a 200 °C y hornea 10 a 15 minutos más, hasta que la superficie de las costillas esté caramelizada y pegajosa y los bordes de las patatas, tostados. La carne está en su punto cuando al pinchar entre 2 huesos con un cuchillo entra sin resistencia y el jugo sale claro. Si ves que el fondo de la bandeja se queda seco y las patatas empiezan a pegarse, riega el fondo con un chorro de agua caliente: genera vapor y evita que los jugos se quemen.

Fuera del horno, deja reposar la carne 5 minutos antes de cortarla entre los huesos. En ese rato las fibras se relajan y el jugo se reparte por la pieza en lugar de quedarse en la tabla. Sirve las costillas bien calientes con las patatas de la base y recoge con una cuchara el jugo del fondo de la bandeja para regarlas justo antes de llevarlas a la mesa.

Consejos finales

Para completar la comida, una ensalada de hojas verdes o un salteado de verduras aportan frescor frente a la grasa del asado. Si prefieres un glaseado más dulce, cambia la barbacoa por una cucharada generosa de miel mezclada con el ajo y el aceite del majado, y vigila el gratinado, porque la miel se tuesta todavía antes. Para una ocasión especial, con el mismo horno y una idea parecida, prepara una paletilla de cordero al horno.

Cuando salen doradas pero tensas al morder, el problema no es el gratinado sino el tiempo a 180 °C: vuelve a meterlas tapadas con papel de aluminio 10 minutos más y destapa al final. Lo contrario, carne tierna pero pálida, se corrige con 3 o 4 minutos de grill vigilando de cerca, porque el azúcar de la salsa barbacoa se quema en muy poco tiempo. El truco más útil para evitar las 2 cosas es secar bien la carne antes de untarla, para que el adobo no resbale, y no amontonar las costillas: si se tocan unas con otras sueltan agua y se cuecen. Para 4 personas suele bastar una bandeja grande; si se queda pequeña, usa 2 y cambia su posición en el horno a mitad de cocción.

Las sobras aguantan 3 días en frío, bien tapadas y con las patatas aparte para que no se ablanden. Recalienta en el horno a 170 °C unos 10 minutos con un chorrito de agua en el fondo; en el microondas la carne se reseca. Deshuesadas y desmigadas, sirven para rellenar unos bocadillos con un poco más de barbacoa. Y si otro día buscas algo más ligero, un bacalao al horno o un solomillo al horno, una pieza más magra, se hacen en menos tiempo.

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