Asados boca arriba sobre una bandeja metálica y aliñados al final con ajo, perejil y aceite de oliva, los caracoles a la llauna se comen mojando cada uno en allioli. Para 4 personas se calculan 2 kg de caracoles, y en unos 40 minutos los tienes en la mesa: unos 20 de lavado y colocación y otros 20 de horno, sin contar la purga si los compras vivos sin purgar.

Es un plato de Lleida y de la cocina catalana de interior. Llauna significa lata u hojalata en catalán y da nombre a la bandeja plana en la que se asan, tradicionalmente sobre brasas; allí el plato se pide como cargols a la llauna. En Lleida se celebra cada mayo el Aplec del Caragol, una fiesta gastronómica dedicada a este producto en la que los caracoles a la llauna son la forma más popular de tomarlos. La misma cocina los guisa también con carne, como en el conejo con caracoles. En casa, el horno sustituye a la brasa y el resultado es muy parecido, aunque sin el punto ahumado.

Purga aparte, el plato es fácil siempre que respetes la colocación: con la abertura hacia arriba y bien apretados sobre una cama de sal gorda, se cocinan en su propio jugo sin derramarlo. Están hechos cuando dejan de soltar espuma y la carne se ve firme dentro de la concha. El aliño de ajo y perejil va en los últimos 5 minutos, porque el ajo picado se quema muy rápido a 200 °C y amarga.

Información nutricional(por ración)

Energía

245 kcal

Hidratos

3 g

Grasas

16 g

Fibra

0.5 g

Proteínas

18 g

¿Cuántos comensales?
4
Caracol
Caracol
2 kilos
Sal
Sal
al gusto
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
Ajo
Ajo
al gusto
Alli oli
Alli oli
al gusto
Perejil
Perejil
al gusto
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Paso 1 de 4

Purga y lava los caracoles

Los caracoles para la llauna se cocinan vivos y tienen que estar purgados, es decir, sin restos de comida en el intestino. Si los compras ya purgados, puedes pasar directamente al lavado. Si no, tenlos unos días en una caja con agujeros y espolvoréalos con un poco de harina cruda: se la comen y el intestino queda limpio.

Para lavarlos, ponlos en un barreño grande con agua fría y frótalos con las manos, unos contra otros, para soltar la tierra y la baba de las conchas. Cambia el agua y repite hasta que salga clara, normalmente en 4 o 5 lavados. Escúrrelos bien y descarta los que tengan la concha rota, huelan mal o no reaccionen al tocarlos, porque pueden estar muertos. Sécalos un poco con un paño limpio: el exceso de agua enfría la bandeja y hace que se cuezan en lugar de asarse.

Paso 2 de 4

Colócalos en la llauna sobre sal

Enciende el horno a 180 °C, arriba y abajo, para que esté caliente cuando termines. Prepara una llauna o una bandeja de horno metálica, mejor de borde bajo. Cubre el fondo con una capa de sal gorda de 1 cm más o menos: hace de cama para que los caracoles no se tumben y se mantengan estables al meter y sacar la bandeja.

Coloca los caracoles uno a uno, con la abertura de la concha mirando hacia arriba y bien juntos, hasta cubrir toda la superficie. Es la parte más lenta, pero no te la saltes: boca arriba conservan el jugo dentro de la concha, mientras que tumbados lo pierden en la bandeja y la carne se seca. Cuando estén todos, espolvoréalos con sal fina y riégalos con un hilo de aceite de oliva virgen extra. Con 2 kg lo normal es necesitar 2 bandejas; si solo tienes una, ásalos en 2 tandas y mantén la primera tapada con un paño.

Paso 3 de 4

Ásalos en el horno a 180 °C

Con el horno ya a 180 °C, coloca la bandeja en la altura central y deja que los caracoles se asen unos 15 minutos. Al principio sueltan una espuma blanca por la abertura: es la baba, y es normal. A medida que se cocinan, esa espuma se va secando y los jugos burbujean dentro de cada concha.

Vigila a través del cristal sin abrir la puerta más de lo necesario, porque cada vez que la abres el horno pierde temperatura. Sabrás que van bien cuando apenas salga espuma y la carne se vea retraída y firme dentro de la concha. Si tienes dudas, saca uno y extrae la carne con un palillo: debe salir entera y sin resistencia. Si los asas en 2 bandejas a la vez, cámbialas de altura a mitad de cocción para que se hagan igual.

Paso 4 de 4

Añade el aliño de ajo y perejil

Mientras los caracoles se asan, pica muy finos los ajos y el perejil, en la cantidad que te guste; para 2 kg funcionan bien 4 o 5 dientes y un buen manojo de hojas. Mézclalos en un bol con un chorro generoso de aceite de oliva virgen extra hasta formar un aliño fluido.

Saca la bandeja con cuidado, sube el horno a 200 °C o enciende el gratinador y reparte el aliño sobre los caracoles con una cuchara, procurando que caiga dentro de las conchas. Vuelve a meterlos 5 minutos, hasta que el ajo huela intenso y empiece a dorarse, sin que llegue a tostarse: si oscurece demasiado, sácalos ya. Sírvelos en la misma llauna, en el centro de la mesa, con el allioli aparte para mojar y palillos o agujas para sacar la carne.

Consejos finales

En un plato con tan pocos ingredientes, el producto lo es casi todo. En Lleida se usa sobre todo el caracol bover, de tamaño mediano, aunque cualquier caracol de huerta de buen tamaño sirve. Pide en el mercado que te los den ya purgados: te ahorras días de trabajo y te aseguras de que estén limpios por dentro, que es lo que más se nota al comerlos. Hasta que los cocines, guárdalos en la nevera en una caja con agujeros y bien tapada para que no se escapen. Si buscas una opción rápida, puedes usar caracoles ya cocidos y limpios: colócalos igual sobre la sal y con 8 a 10 minutos de horno a 180 °C se calientan antes de añadir el aliño.

Quedarse corto de horno es el error más común: si la carne no sale entera con el palillo, dales unos minutos más a 180 °C antes de echar el aliño. Pasarse también tiene consecuencias, porque la carne se encoge, se endurece y cuesta sacarla. Hay otros trucos que ayudan: no tapes la bandeja, porque el vapor los cuece en vez de asarlos, y no pongas el ajo desde el principio, porque se quema mucho antes de que el caracol esté hecho.

Para acompañarlos, lo habitual es pan de payés tostado y frotado con tomate y aceite, y un buen allioli para untar. Si son plato principal, añade una ensalada de escarola o unas verduras a la brasa. Para cocinarlos de otra manera tienes los caracoles en salsa, los caracoles con tomate o unos caracoles con alioli, que cambian el horno por la cazuela, igual que los caracoles a la montañesa.

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