Mitad cerdo y mitad ternera: con esa mezcla de carne picada, jugosa por la grasa del cerdo y sabrosa por la ternera, se preparan estas albóndigas con tomate, doradas primero en sartén y terminadas en una salsa de tomate natural con cebolla y laurel. Calcula alrededor de 1 hora y cuarto para 4 personas, aunque buena parte de ese tiempo la salsa burbujea a fuego lento sin que tengas que tocarla.

La palabra viene del árabe hispánico albúnduqa, que significaba bolita, y el plato está presente en casi toda España con mil versiones: en salsa de almendras, en salsa española, a la jardinera con guisantes o, en Cataluña, con sepia. Las albóndigas caseras con tomate suelen ser las que mejor entran en casa con niños, porque la salsa es suave, sin picante, y la carne queda tierna. El tomate, si es temporada y está bien maduro, puedes pelarlo y cortarlo tú; el resto del año, un buen tomate pelado en conserva da una salsa más regular.

La textura se juega en la leche y en el tamaño. Los 30 ml de leche de la masa aportan humedad y evitan que la albóndiga quede seca y apretada. En cuanto al tamaño, bolas de unos 40 g, como una nuez grande, se doran por fuera y terminan de hacerse por dentro en los 15 o 20 minutos de cocción en la salsa sin desmigarse. Sobre esta misma base puedes cambiar la salsa y preparar unas albóndigas a la cerveza.

Información nutricional(por ración)

Energía

345 kcal

Hidratos

15 g

Grasas

18 g

Fibra

3 g

Proteínas

22 g

¿Cuántos comensales?
4
Agua
Agua
400 mililitros
Avecrem Sabor Carne
1 pastilla
Carne picada de cerdo
Carne picada de cerdo
250 gramos
Carne picada de ternera
Carne picada de ternera
250 gramos
Huevo
Huevo
1 unidad
Ajo
Ajo
2 dientes
Ajo
Ajo
1 diente entero
Perejil
Perejil
1 cucharada de café
Leche
Leche
30 mililitros
Pimienta negra molida
Pimienta negra molida
5 gramos
Pan rallado
Pan rallado
al gusto opcional
Harina
Harina
50 gramos
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
100 mililitros
Cebolla
Cebolla
150 gramos
Tomate
Tomate
500 gramos cortado en dados pelado
Laurel
Laurel
1 hoja
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Receta

Albóndigas con tomate

Paso 1 de 4

Mezcla la carne con huevo y leche

Mezcla la carne con huevo y leche

Usa carne picada del día y no la saques del frío hasta que vayas a mezclarla, porque se estropea con rapidez. En un bol amplio pon los 250 g de carne picada de cerdo y los 250 g de ternera, y mézclalas bien. Añade el huevo batido, los 2 dientes de ajo muy picados, la cucharada de perejil fresco picado, la pimienta negra molida (5 g es una cantidad generosa; redúcela si la prefieres suave) y los 30 ml de leche.

Integra todo con las manos o con una cuchara de madera, sin amasar en exceso ni apretar: si trabajas demasiado la carne, las albóndigas quedan duras y compactas. La masa debe quedar homogénea y algo pegajosa, pero manejable. Si está demasiado blanda para dar forma, añade pan rallado poco a poco, cucharada a cucharada, hasta que se sostenga. Otra opción para ligar es la clásica miga de pan remojada en leche y escurrida, que deja la albóndiga más esponjosa.

Paso 2 de 4

Forma, enharina y dora las albóndigas

Forma, enharina y dora las albóndigas

Con las manos ligeramente húmedas, forma bolas de unos 40 g, del tamaño de una nuez grande, procurando que todas sean iguales para que estén listas a la vez; con estas cantidades salen unas 14 o 15. Pásalas por los 50 g de harina y sacude el exceso para que queden cubiertas por una capa muy fina. Esa harina sella la superficie y, más tarde, espesará la salsa de forma natural.

Calienta a fuego medio alto una sartén grande con los 100 ml de aceite de oliva virgen extra y dora las albóndigas por tandas, sin amontonarlas, girándolas para que tomen color por todos los lados, unos 4 o 5 minutos por tanda. Si metes demasiadas a la vez, el aceite pierde temperatura, las albóndigas sueltan jugo y no cogen color. No buscas hacerlas por dentro, solo que tengan una costra que las mantenga enteras. Retíralas a un plato con papel absorbente y reserva el aceite de la sartén.

Paso 3 de 4

Prepara la salsa de tomate

Prepara la salsa de tomate

Retira parte del aceite de dorar las albóndigas y deja solo 2 o 3 cucharadas junto con el fondo tostado que ha soltado la carne; puedes hacerlo en la misma sartén, si es honda, o pasarlo a una cazuela. Sofríe a fuego suave los 150 g de cebolla picada fina y el diente de ajo entero durante unos 10 o 15 minutos, hasta que la cebolla quede tierna y translúcida.

Añade los 500 g de tomate pelado en dados y la hoja de laurel, y deja que se cocine a fuego lento unos 15 o 20 minutos, dando alguna vuelta para que no se pegue, hasta que el tomate se deshaga y pierda la acidez. Desmenuza entonces sobre el sofrito 1 pastilla de Avecrem Sabor Carne y vierte los 400 ml de agua. Remueve para que se disuelva bien y deja hervir 3 o 4 minutos para que todo se integre. Si quieres una salsa más fina, retira el ajo y el laurel y tritúrala antes de seguir.

Paso 4 de 4

Cuece las albóndigas en la salsa

Incorpora las albóndigas a la cazuela con la salsa. El líquido tiene que cubrirlas al menos hasta la mitad para que terminen de cocinarse por dentro mientras absorben el sabor del guiso. Tapa y deja que hiervan a fuego suave entre 15 y 20 minutos, sacudiendo la cazuela por las asas cada pocos minutos: así no se pegan y no las rompes con la cuchara.

Al ser carne picada, tienen que quedar bien hechas: parte una y comprueba que el centro no está rosado y que el jugo sale claro. Si la salsa espesa demasiado por la harina del rebozado, aligérala con agua caliente hasta dejarla a tu gusto; si está muy líquida, destapa la cazuela los últimos 5 minutos. Retira la hoja de laurel, decora con una ramita de perejil y deja reposar el plato unos minutos fuera del fuego para que la salsa ligue antes de servir.

Consejos finales

Al día siguiente están aún mejores: la salsa se asienta y la carne termina de impregnarse. Guárdalas con su salsa en un recipiente cerrado, hasta 3 días en frío, y caliéntalas en un cazo tapado, sin prisa y con unas cucharadas de agua. Cubiertas de salsa también aguantan congeladas hasta 3 meses; descongélalas en la nevera la víspera. Doblar la masa compensa, y es fácil organizarse: congela la mitad ya formada y enharinada en una bandeja, pásala a una bolsa y, el día que la uses, dora las bolas aún algo congeladas o descongeladas en la nevera, nunca a temperatura ambiente.

Que se abran en la salsa o que queden duras son los fallos más comunes, y para evitarlos hay trucos de manos y de fuego. Contra lo primero, una buena costra: dóralas bien por todos los lados y, ya en la salsa, mueve el recipiente en vez de meter la cuchara. Contra lo segundo, mezcla la carne con suavidad, sin amasar, y no te saltes la leche. Para una textura todavía más tierna, las albóndigas blanditas de mamá llevan una masa aún más suave, pensada para los más pequeños.

Sírvelas con arroz blanco, con unas patatas fritas en dados que recojan la salsa o simplemente con pan para mojar. Como plato principal alcanzan para 4 comensales, y para algunos más si las presentas como tapa en cazuelitas. Cuando quieras cambiar de registro, las albóndigas en salsa de la abuela sustituyen el tomate por una salsa de cebolla y vino, y las albóndigas de pollo en salsa son una opción con carne más ligera.

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