Para los meses de calor y el táper de la oficina, pocas cosas resuelven tanto como una ensalada de pasta con pesto, tomate y mozzarella: pasta corta aliñada con salsa de albahaca y servida fría, como cualquier ensalada de pasta fría. Da para 4 personas como entrante y está lista en unos 45 minutos, de los que solo 15 son de trabajo: el resto es la media hora que pasa en la nevera cogiendo frío.

Conviene usar formas cortas y con recovecos, como lazos, hélices o macarrones, que atrapan el pesto; la pasta larga se apelmaza en frío y cuesta servirla. Con el tomate, mira el calendario: entre junio y septiembre basta un tomate de rama maduro, pero fuera de temporada compensa elegir cherry o tomate pera, que conservan mejor el dulzor. La mozzarella, en bolitas o en bola fresca, tiene que llegar bien escurrida de su suero: si entra húmeda, diluye el aliño y deja el fondo del bol aguado.

El pesto es una salsa de Liguria, en el norte de Italia, que en su versión genovesa lleva albahaca, piñones, ajo, queso curado y aceite de oliva machacados en mortero. Si lo compras hecho, comprueba que la albahaca aparece la primera en la lista de ingredientes. Con 2 cucharadas hay salsa para todo el bol siempre que mezcles la pasta todavía templada, ya que así absorbe mejor la grasa y el aroma. No hay más fuego que el de la olla del agua, y eso la convierte en una receta fácil incluso para quien cocina poco. Si te apetece una versión con más proteína, la ensalada de pasta con atún parte de una base muy parecida.

Información nutricional(por ración)

Energía

345 kcal

Hidratos

32 g

Grasas

18 g

Fibra

3 g

Proteínas

14 g

¿Cuántos comensales?
4
Avecrem Pollo
1 pastilla
Salsa pesto
Salsa pesto
2 cucharadas
Queso mozzarella
Queso mozzarella
200 gramos
Tomate
Tomate
200 gramos
Pasta
Pasta
50 gramos
Albahaca
Albahaca
al gusto fresca
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Paso 1 de 3

Cuece la pasta en agua con caldo

Cuece la pasta en agua con caldo

Pon a calentar una olla grande con abundante agua, al menos 3 litros, para que al echarla no deje de hervir y no se pegue. Justo antes de que rompa a hervir, deshaz entre los dedos la pastilla de Avecrem Pollo sobre el agua y deja que se disuelva. A diferencia de la sal sola, el caldo entra en la pasta mientras se hidrata y le da un fondo sabroso que en una ensalada se agradece, porque el frío apaga los sabores. La sal sobra, ya la pone la pastilla.

Cuando el agua hierva a borbotones, echa la pasta, remueve durante el primer minuto y cuécela hasta 1 minuto antes del tiempo del envase, hasta que al morderla notes un punto firme en el centro. En una ensalada fría la pasta tiene que aguantar el aliño y el reposo sin deshacerse; si se pasa, en la nevera queda blanda y gomosa. Antes de escurrirla, reserva unos 100 ml del agua de cocción por si luego necesitas aligerar el pesto.

Paso 2 de 3

Prepara el tomate, la mozzarella y el pesto

Prepara el tomate, la mozzarella y el pesto

Mientras la pasta se cuece, lava los 200 g de tomate. Si son cherry, pártelos por la mitad; si es tomate grande, córtalo en dados de 1,5 cm y retira parte de las semillas y del agua, que de lo contrario acaban en el fondo del bol. Escurre bien los 200 g de mozzarella, sécala con papel de cocina y córtala en dados de un tamaño parecido al del tomate, para que en cada bocado haya tomate y queso a partes iguales.

En un bol amplio pon las 2 cucharadas de salsa pesto. Si está muy espesa, aligérala con un chorrito de aceite de oliva virgen extra o con 1 cucharada del agua de cocción, lo justo para que se reparta sin grumos. Lava unas hojas de albahaca fresca, sécalas bien y rómpelas con los dedos o pícalas en el último momento: cortada con mucha antelación se oscurece y pierde el aroma que tiene que reforzar al pesto.

Paso 3 de 3

Mezcla, enfría y deja reposar

Mezcla, enfría y deja reposar

Escurre la pasta y pásala unos segundos bajo el grifo de agua fría: corta la cocción y retira el almidón de la superficie, que es lo que hace que las piezas se peguen. No la enfríes del todo, tiene que quedar templada. Échala en el bol del pesto y remueve hasta que cada pieza quede brillante y verde.

Deja que la pasta pierda el calor por completo, unos 10 a 15 minutos extendida en una bandeja, hasta que al tocarla no notes calor, y solo entonces añade el tomate, la mozzarella y la albahaca. Si metes el queso con la pasta caliente, se funde y forma hebras. Mezcla con movimientos envolventes para no romper la mozzarella, tapa el bol y guárdalo en la nevera al menos 30 minutos, hasta que esté bien fría y los sabores se hayan asentado. Antes de servir, remueve de nuevo y prueba: si el frío ha apagado el sabor, añade un hilo de aceite o un poco de pimienta.

Consejos finales

Al sacarla de la nevera, una vuelta de pimienta negra recién molida y unas escamas de sal sobre los tomates realzan su dulzor sin tapar el pesto. Cunde para 4 personas como entrante, y en una comida de verano encaja junto a unos pinchos de pollo a la plancha o un pescado al horno. Si la quieres más completa, añade un puñado de rúcula o unas aceitunas negras justo antes de servir, cuando todavía no se han ablandado.

Secar la mozzarella antes de cortarla y no juntarla con la pasta hasta que esté fría son los trucos que evitan un bol aguado y un queso en hebras. Si tras el reposo la notas seca, no le falta pesto: la pasta ha seguido absorbiendo líquido. Un chorrito de aceite de oliva virgen extra o el agua de cocción que guardaste la devuelven a su punto. Si en cambio queda blanda, la próxima vez recorta otros 2 minutos de cocción.

Esta ensalada de pasta casera aguanta 2 días en la nevera, bien cerrada en un táper, así que puedes dejarla hecha la víspera para el táper de la oficina. Sácala unos 10 minutos antes de comerla para que el aceite del pesto se suelte y recupere aroma. No la congeles: el tomate y la mozzarella se quedan aguados al descongelar. La albahaca fresca, mejor añadirla el mismo día. Ten en cuenta que el pesto suele llevar piñones o anacardos, así que revisa la etiqueta si alguien en la mesa no toma frutos secos.

Para cambiar de registro, la ensalada de pasta fría tira por un aliño más clásico, la pasta con tomate y orégano se come caliente con ingredientes muy cercanos y, si prefieres legumbre en lugar de pasta, la ensalada de lentejas con atún se lleva igual de bien al trabajo.

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