La masa se trabaja con antelación y la pizza pepperoni casera se hornea en el último momento, con sofrito de tomate, emmental y rodajas de embutido picante que se curvan con el calor. Calcula 1 hora y 30 minutos en total, de los que casi 1 hora es levado sin tocar nada, y cantidades pensadas para 4 personas. La base se hace con 200 g de harina y levadura de panadero, y se cubre con sofrito de tomate y cebolla, 150 g de queso emmental, 100 g de champiñones laminados y 100 g de pepperoni.

El pepperoni no es un embutido italiano tal cual, sino un salami curado y picante de origen italoamericano, que nació en Estados Unidos a partir de los embutidos del sur de Italia. Su nombre viene de peperoni, la palabra italiana para los pimientos, de modo que en Italia una pizza ai peperoni llega a la mesa con pimiento y no con embutido; lo más parecido allí es el salame piccante. En España se vende loncheado y listo para usar, en la zona de embutidos.

La diferencia entre una pizza casera blanda y una crujiente está sobre todo en el calor: el horno debe estar a 250 °C y bien precalentado, como mínimo 15 o 20 minutos antes de meter la masa. Después viene la humedad de la cobertura, porque los champiñones y la salsa aportan agua; basta con escurrir los unos y poner alrededor de medio vaso de sofrito para toda la base. Si nunca has amasado, que no te frene: es una masa fácil, que pide sobre todo tiempo, no destreza, y el paso a paso marca las señales para saber cuándo está lista.

Información nutricional(por ración)

Energía

385 kcal

Hidratos

38 g

Grasas

19 g

Fibra

2.4 g

Proteínas

16 g

¿Cuántos comensales?
4
Pepperoni
Pepperoni
100 gramos
Levadura de panadero
Levadura de panadero
al gusto
Agua
Agua
1 vaso
Harina
Harina
200 gramos

Para la masa

Orégano
Orégano
al gusto
Azúcar blanco
Azúcar blanco
al gusto
Queso emmental
Queso emmental
150 gramos rallado
Champiñón
Champiñón
100 gramos cortado a láminas lata
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
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Paso 1 de 5

Mezcla la harina con la levadura

Templa el vaso de agua (para 200 g de harina suelen bastar unos 120 a 130 ml, el resto se guarda por si hace falta): tiene que estar tibia al tacto, como mucho a unos 35 °C, porque el agua caliente mata la levadura y la fría la frena. Disuelve en ella la levadura de panadero con una pizca de azúcar, que le sirve de primer alimento. Como referencia, unos 7 g de levadura fresca o 2 g de la seca.

En un bol amplio mezcla los 200 g de harina y una pizca de sal, y haz un hoyo en el centro. Ve añadiendo el agua con la levadura poco a poco mientras mezclas con la otra mano, desde el centro hacia fuera. No eches todo el líquido de golpe: detente cuando la harina esté hidratada y se forme una masa pegajosa que ya se une en una bola. Si queda seca, otro chorrito de agua; si queda casi líquida, una cucharada más de harina.

Paso 2 de 5

Amasa con el aceite y deja levar

Amasa dentro del bol hasta que la masa empiece a despegarse de las paredes. En ese momento añade un chorrito de aceite de oliva, unas 2 cucharadas, y sigue trabajando: al principio parecerá que resbala, pero en un par de minutos lo absorbe. Pásala a la encimera ligeramente enharinada y amasa de 8 a 10 minutos más, estirando con la palma y plegando sobre sí misma, hasta que quede lisa, elástica y no se pegue a los dedos.

Forma una bola, colócala en el bol untado con unas gotas de aceite, tápala con un paño limpio. Déjala en un sitio templado y sin corrientes entre 45 y 60 minutos, hasta que doble su volumen. Para comprobarlo, hunde un dedo enharinado: si el hueco se queda marcado y se recupera despacio, está lista.

Paso 3 de 5

Estira la base y unta el sofrito

Mientras la masa reposa, precalienta el horno a 250 °C, calor por arriba y por abajo, y mete dentro la bandeja vacía si quieres una base más crujiente. Cuando la masa haya levado, pásala a la encimera y presiónala con las yemas de los dedos para sacarle el aire. Estírala con las manos o con un rodillo desde el centro hacia los bordes, sobre papel de horno, hasta darle la forma que quieras: redonda de unos 30 cm o rectangular, del tamaño de la bandeja.

Extiende por encima unos 100 ml de Sofrito Casero de Tomate y Cebolla Gallina Blanca, más o menos medio vaso, ayudándote del dorso de una cuchara. Deja libre un borde de 1 cm para que la corteza se hinche. No te pases de cantidad: un exceso de salsa empapa la masa y el centro queda crudo. Espolvorea una pizca de orégano seco.

Paso 4 de 5

Reparte queso, champiñones y pepperoni

Cubre el sofrito con los 150 g de queso emmental rallado, repartido de forma uniforme hasta el borde del tomate. El queso hace de capa protectora: retiene la humedad de la salsa y evita que los champiñones se cuezan directamente sobre la masa.

Si los 100 g de champiñones laminados son de conserva, escúrrelos bien y pásalos por papel de cocina; si son frescos, límpialos con un paño húmedo en lugar de lavarlos bajo el grifo, porque absorben agua. Repártelos sobre el queso. Por último, coloca los 100 g de pepperoni en rodajas por toda la superficie, sin amontonarlas, y deja que queden arriba del todo: así reciben el calor directo, sueltan parte de su grasa y se curvan con los bordes crujientes.

Paso 5 de 5

Hornea hasta dorar los bordes

Mete la pizza en la parte media-baja del horno a 250 °C, deslizando el papel sobre la bandeja caliente si la has precalentado. Déjala entre 15 y 20 minutos, según el grosor de la masa, y vigílala desde el minuto 12, porque cada horno calienta distinto. Está hecha cuando los bordes están dorados e hinchados, el queso burbujea y la base, al levantarla con una espátula, se ve tostada y firme.

Apaga el horno y deja la pizza dentro unos 5 minutos con la puerta cerrada, para que la base termine de secarse con el calor residual. Si ya la ves muy dorada, sácala directamente y déjala reposar 2 o 3 minutos sobre una rejilla o una tabla, para que el queso se asiente y no resbale al cortar. Córtala en porciones con un cortapizzas o un cuchillo grande.

Consejos finales

Si la base sale blanda por el centro, el problema suele ser exceso de humedad o falta de calor: menos sofrito, champiñones bien secos y la bandeja metida en el horno desde el precalentado. Cuando ocurre lo contrario y los bordes se queman antes de que se haga el centro, baja la bandeja una altura y reduce a 230 °C. Y si el pepperoni se arruga demasiado y suelta mucha grasa, colócalo solo en los últimos 5 minutos.

Con la masa, los trucos pasan por la paciencia: estírala con las manos y no con rodillo, para no aplastar el aire de la fermentación, y si tienes tiempo, haz el levado en la nevera, tapada, entre 12 y 24 horas y con la mitad de levadura. La fermentación lenta da una masa más sabrosa y más dócil al estirarla; sácala 1 hora antes para que se atempere.

Para cambiar el embutido, tienes la pizza vegetariana, la pizza con huevo o la pizza de jamón serrano. En esta última, pon el jamón al sacarla del horno, para que no se reseque ni se vuelva salado en exceso.

Las porciones que sobren aguantan 2 días en la nevera, envueltas en film o en un táper. Recaliéntalas en una sartén sin aceite, tapada, 4 o 5 minutos a fuego medio: la base vuelve a quedar crujiente y el queso se funde con el vapor. La masa cruda, en cambio, aguanta congelada hasta 3 meses, en bola untada con aceite y bien envuelta, y se descongela en la nevera la víspera. Para acompañarla, una ensalada de rúcula con tomate cherry o unos bastones de zanahoria y pepino aligeran la cena, y si prefieres una base sin embutido para los más pequeños, tienes la pizza casera.

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