Lista en 20 minutos, la pasta con tomate y orégano junta una salsa de sartén con ajo, anchoas y orégano en hoja con la pasta recién escurrida. Son raciones para 4 personas: 500 g de pasta y 600 g de tomate frito, una proporción que deja cada pieza bien cubierta sin que la salsa se quede en el fondo del plato. Mientras el agua rompe a hervir doras el ajo, y mientras la pasta cuece, la salsa se concentra tapada 5 minutos, de modo que todo termina a la vez. Por eso es una cena fácil para cualquier noche, también para quien se estrena con la pasta: siguiendo el paso a paso, el único punto que exige atención es el ajo, que en 1 minuto pasa de dorado a quemado.

El orégano seco funciona mejor que el fresco en una salsa caliente, porque aguanta la cocción y suelta su aroma al hidratarse en el tomate; 1 cucharadita basta para toda la sartén. Las anchoas en aceite se deshacen con el calor y aportan sal y profundidad sin que el plato sepa a pescado, aunque puedes prescindir de ellas. Cualquier formato de pasta sirve: los espaguetis recogen bien una salsa fina, y los macarrones o las pajaritas atrapan más tomate en sus huecos. Como el Tomate Frito Casero Gallina Blanca llega ya frito, la salsa no necesita reducirse 20 minutos como una de tomate natural: le basta con tomar el sabor del ajo y las anchoas. Para la pasta, cuenta 1 litro de agua por cada 100 g y 10 g de sal por litro, y guarda siempre un vaso de esa agua antes de escurrir.

Información nutricional(por ración)

Energía

400 kcal

Hidratos

65 g

Grasas

3 g

Fibra

12 g

Proteínas

10 g

¿Cuántos comensales?
4
Pasta
Pasta
500 gramos
Tomate Frito Casero
600 gramos
Avecrem Pollo
1 pastilla
Ajo
Ajo
2 dientes
Queso seco
Queso seco
al gusto rallado
Azúcar blanco
Azúcar blanco
al gusto
Sal
Sal
al gusto
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
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Paso 1 de 3

Cuece la pasta y dora el ajo

Cuece la pasta y dora el ajo

Pon a hervir una olla grande con unos 5 litros de agua y 50 g de sal: la pasta necesita espacio para moverse y no pegarse. Si quieres usar la pastilla de Avecrem Pollo, desmenúzala en el agua y reduce la sal a la mitad, y la pasta tomará un fondo de caldo. Cuando hierva a borbotones, echa los 500 g de pasta, remueve durante el primer minuto y cuécela según el paquete, que según el formato suele pedir de 8 a 12 minutos.

Mientras tanto, calienta en una sartén ancha 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra con el ajo picado (2 dientes), sin pasar de fuego medio. Déjalo 1 minuto, hasta que empiece a tomar color; si se pasa de tueste, amarga toda la salsa. Agrega los 600 g de Tomate Frito Casero Gallina Blanca, unas anchoas troceadas si las usas, 1 cucharadita de orégano en hoja y una pizca de azúcar para corregir la acidez.

Paso 2 de 3

Tapa la salsa y deja que se concentre

Cuando la salsa empiece a burbujear, reduce el fuego un punto y tapa la sartén. Déjala unos 5 minutos y remueve a menudo, rascando el fondo para que no se agarre. En ese tiempo las anchoas se deshacen por completo y dejan un fondo salado que no se ve en el plato, y el orégano se hidrata y suelta todo su aroma.

Prueba la salsa al final y sala con cuidado: entre las anchoas y el agua de cocción puede que no necesite más. Si la ves demasiado espesa, aligérala con un chorrito del agua de cocción, cuyo almidón hace que luego la salsa se adhiera a cada pieza. Si queda líquida, quita la tapa y déjala reducir a fuego alto hasta que espese, que no tarda más de 2 minutos. El punto es una salsa que cae de la cuchara en cinta, sin charcos de agua alrededor.

Paso 3 de 3

Mezcla la pasta con tomate y orégano

Escurre la pasta cuando esté al dente, tierna pero todavía con resistencia al morderla, porque terminará de hacerse en la sartén. No la enjuagues: perdería el almidón que liga la salsa. Vuélcala directamente sobre la salsa, sin bajar el fuego, y saltéala 1 minuto removiendo para que cada pieza quede cubierta. Si hace falta, añade un chorrito del agua reservada.

Reparte en platos hondos calientes y espolvorea queso seco rallado al gusto por encima, con aceite de oliva virgen extra en crudo y una pizca más de orégano. Unas hojas de albahaca fresca le dan otro aire si las tienes a mano. Sírvela enseguida: la pasta sigue absorbiendo salsa y, en 10 minutos, queda más seca y apelmazada.

Consejos finales

Para esta pasta con tomate y orégano, el truco más útil cuesta un vaso: guarda agua de cocción antes de escurrir y úsala para ajustar la salsa en la sartén, porque su almidón la liga y la deja brillante. El otro está en el ajo, que debe ir a fuego medio y salir del tostado en cuanto se vuelva dorado claro; si se pasa, es mejor tirarlo y empezar de nuevo que arrastrar el amargor a toda la salsa.

En la nevera, la pasta ya mezclada aguanta 2 días en un recipiente cerrado. Al recalentarla en la sartén, moja con un chorrito de agua para que la salsa vuelva a soltarse. La salsa sola aguanta congelada hasta 3 meses, pero la pasta cocida pierde textura al descongelarse, así que para adelantar trabajo congela solo el tomate y cuece la pasta en el momento.

Para una versión con más carácter, añade alcaparras y aceitunas negras a la salsa, en la línea de los macarrones con tomate, anchoas y alcaparras o de los espaguetis a la putanesca. Si te va el picante, una guindilla dorada junto al ajo la acerca a los espaguetis a la arrabiata.

Como plato único, pide algo fresco al lado: una ensalada verde con vinagreta o unos tomates aliñados. También funciona como guarnición de unas pechugas a la plancha o de unas salchichas. Y cuando apetezca una salsa con carne y más horas de fuego, los tallarines a la boloñesa son el siguiente paso natural.

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