Nata, cebolla y bacon dorado envuelven estos tallarines a la carbonara en su versión casera española, un plato principal que sale de la despensa y la nevera. Está listo en unos 25 minutos, porque la salsa se prepara mientras hierve el agua y se cuece la pasta, y los 500 g de tallarines llegan para 4 personas.

Conviene saber que esta no es la carbonara que se come en Roma. Allí la salsa se hace solo con huevo o yemas, queso pecorino romano, pimienta negra y guanciale, carrillera de cerdo curada, sin nata, sin cebolla y sin ajo: el calor de la pasta recién escurrida cuaja el huevo hasta dejarlo cremoso. Si te apetece probarla, tienes una versión cercana en los espaguetis carbonara con huevo. La que se ha hecho en muchas casas en España sustituye el huevo por nata para cocinar, añade cebolla y ajo y admite bacon o pollo, y tiene la ventaja de que no se corta y se recalienta sin problema.

La pastilla de Avecrem Pollo va disuelta en el agua de cocción, de modo que la pasta coge sabor desde dentro y la salsa apenas necesita sal. Elige tallarines secos de buena calidad, mejor si son de trefilado en bronce, porque tienen la superficie más rugosa y la nata se agarra mejor. Con bacon no hace falta aceite; con pollo, sí. Si es tu primera carbonara, la de nata es la más fácil de las 2, porque no hay huevo que se cuaje de más.

Información nutricional(por ración)

Energía

585 kcal

Hidratos

64 g

Grasas

27 g

Fibra

3.8 g

Proteínas

19 g

¿Cuántos comensales?
4
Tallarín
Tallarín
500 gramos
Nata líquida para cocinar
Nata líquida para cocinar
500 mililitros
Ajo
Ajo
2-3 dientes
Cebolla
Cebolla
al gusto
Avecrem Pollo
1 unidad
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Paso 1 de 4

Cuece los tallarines en caldo

Pon a calentar abundante agua en una olla grande, alrededor de 5 litros para los 500 g de tallarines, a fuego vivo. Cuando hierva con fuerza, echa la pastilla de Avecrem Pollo desmenuzada y remueve unos segundos para deshacerla; con ella no hace falta añadir más sal al agua. Mientras llega el hervor, puedes ir adelantando el picado del siguiente paso.

Echa los tallarines poco a poco, sin partirlos, empujándolos con una cuchara de madera a medida que se ablandan para que queden sumergidos. Remueve durante los primeros 2 minutos, que es cuando más se pegan entre sí. Ajusta la cocción a 1 minuto por debajo del tiempo del paquete, porque terminarán de hacerse en la salsa. Antes de escurrir, aparta medio vaso del agua de cocer: el almidón que lleva ayuda después a ligar la nata con la pasta. Escurre y reserva sin enjuagar.

Paso 2 de 4

Rehoga cebolla, ajo y bacon

Pela y pica finos la cebolla y los 2 o 3 dientes de ajo. Si usas bacon, córtalo en tiras y ponlo en una sartén honda o cazuela amplia sin aceite, a fuego medio: al calentarse soltará su propia grasa. Cuando empiece a dorarse, a los 3 o 4 minutos, añade la cebolla y el ajo y rehógalos en esa grasa unos 5 minutos; la cebolla debe quedar blanda y translúcida, sin tostarse.

Si prefieres la versión con pollo, calienta 1 cucharada de aceite de oliva, pocha primero la cebolla y el ajo y añade el pollo cortado en dados pequeños. Cocínalo unos 5 o 6 minutos, removiendo, hasta que esté dorado por fuera y sin rastro rosado por dentro al partir un dado. En los 2 casos, retira el exceso de grasa si ves que hay demasiada antes de seguir.

Paso 3 de 4

Liga la salsa de nata

Vierte sobre el sofrito el medio litro de nata para cocinar. El bacon y la pasta cocida en caldo ya llevan sal, así que la pizca de sal de la nata va al final, solo si al probarla le falta; añadida de entrada, es muy fácil pasarse.

Con el fuego al mínimo, deja que la nata reduzca entre 3 y 4 minutos y dale vueltas cada poco con una cuchara de madera. Debe hacer chup chup suave, con pequeñas burbujas en los bordes, pero no hervir a borbotones, porque la nata a fuego fuerte se reduce demasiado y puede separarse. Está lista cuando ha espesado ligeramente y cubre el dorso de la cuchara sin escurrir de golpe. Ten en cuenta que al mezclarla con la pasta seguirá espesando, así que mejor quedarse un poco corto.

Paso 4 de 4

Mezcla, ajusta y termina con queso

Pasa los tallarines escurridos a la sartén donde espera la salsa caliente y mezcla con unas pinzas, levantando la pasta y dejándola caer para que cada hebra quede bien cubierta. Deja la sartén 1 minuto a fuego muy bajo para que la pasta termine de hacerse y absorba parte de la nata.

Si ves la salsa demasiado densa o la pasta empieza a quedarse seca, riégala poco a poco, 2 o 3 cucharadas, con esa agua de cocer que apartaste y remueve: el almidón hace que la salsa vuelva a quedar sedosa y brillante. Retira del fuego, espolvorea el queso al gusto, mejor recién rallado (parmesano o un curado que tengas en casa), y acaba con unas vueltas de molinillo de pimienta negra. Sirve enseguida, en platos previamente calentados.

Consejos finales

Con champiñones laminados salteados junto a la cebolla queda una versión más suave; con dados de pollo, como en los tallarines con pollo, el plato gana proteína y pierde la nota ahumada. Para variar de pasta, la técnica de la salsa carbonara vale para macarrones, espaguetis o pasta rellena, como estos tortellinis de queso a la carbonara.

Lo que más suele fallar es la textura. Si la pasta queda seca en el plato, la nata se ha reducido de más o la pasta llevaba demasiado tiempo escurrida; un chorrito del agua de cocción lo arregla al momento. Si la salsa queda líquida, deja 1 minuto más la pasta en la sartén a fuego bajo: el almidón la espesa sola. Y si la pasta se pasa, ya no hay vuelta atrás, de ahí el minuto de margen al cocerla.

Templa los platos con agua caliente o unos minutos en el horno a 60 °C y sirve sin esperar, porque la nata espesa al enfriarse: son trucos mínimos, pero mantienen la salsa suelta hasta el último bocado. Si alguien llega tarde, aparta su ración antes de mezclarla con la salsa y júntalas en la sartén en el momento.

Bien tapadas, las sobras se guardan en frío hasta 2 días. Para recalentarlas, pásalas a una sartén a fuego suave, añade un chorrito de leche o agua y remueve hasta que se suelten; en el microondas, tápalas y caliéntalas en tandas cortas. No conviene congelarlas, porque la nata pierde textura al descongelarse.

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