Entre junio y septiembre la sardina llega a su mejor momento, más gruesa y con más grasa, y las sardinas al horno son la forma más limpia de cocinarla en casa: sin humo, sin salpicaduras y sin que la cocina huela a parrilla durante horas. Esta receta es para 2 personas y lleva unos 25 minutos, contando el precalentado del horno y la limpieza del pescado; en la bandeja solo pasan 10 o 12 minutos.

En la costa de Málaga se ensartan en cañas para hacer espetos junto a las brasas, y en Galicia la noche de San Juan se celebra con sardinadas al aire libre. El horno da un resultado distinto, sin piel tostada pero con la carne más jugosa, y permite hacer muchas piezas a la vez. Al comprarlas, fíjate en que tengan los ojos brillantes y abultados, el cuerpo firme y la piel plateada con reflejos azules; si se doblan como un trapo, no son del día. La cantidad va a gusto: como referencia, calcula entre 250 y 300 g por persona, que suelen ser 5 o 6 sardinas medianas.

Conseguir que salgan jugosas es fácil con horno fuerte, a 200 °C, y poco tiempo. La sardina es pequeña y se pasa enseguida, así que conviene vigilar desde el minuto 9 y sacarla en cuanto la carne esté opaca. Pídelas limpias en la pescadería, sin tripa ni escamas, o ábrelas en libro y quítales la espina central si en casa hay quien no quiere pelearse con ellas.

Información nutricional(por ración)

Energía

210 kcal

Hidratos

0.5 g

Grasas

13 g

Proteínas

22 g

¿Cuántos comensales?
2
Sardina
Sardina
al gusto limpia
Limón
Limón
al gusto zumo
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
Sal
Sal
al gusto
Pimienta
Pimienta
al gusto
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Paso 1 de 2

Limpia, seca y aliña las sardinas

Limpia, seca y aliña las sardinas

Enciende el horno para que vaya cogiendo 200 °C, resistencias arriba y abajo. Mientras tanto, lava las sardinas bajo un chorro fino de agua fría, con cuidado de no romperlas, y sécalas bien con papel de cocina, por dentro y por fuera. Puedes dejarlas enteras, sin tripa ni escamas, o abiertas en libro y sin espina, que se cocinan antes y son más cómodas de comer.

Forra una bandeja de horno con papel de hornear y úntalo con una capa fina de aceite de oliva virgen extra: la piel de la sardina se pega con facilidad al metal. Coloca las piezas una junto a otra, sin que se monten, para que el calor circule igual alrededor de todas. Mezcla el zumo de limón con las Esencias de Ajo y Perejil Gallina Blanca y reparte el aliño por encima con una cuchara. Termina con sal y pimienta al gusto, poca sal si vas a añadir aceite al final.

Paso 2 de 2

Hornea y comprueba el punto

Hornea y comprueba el punto

Coloca la bandeja en la altura central del horno y deja las sardinas entre 10 y 12 minutos si están enteras, y unos 7 u 8 si las has abierto en libro. No las alargues mucho más: pasado ese margen la carne se seca, la piel se agarra al fondo y se rompen al servirlas. Están listas cuando la carne se ve blanca y opaca hasta la espina y se separa de ella al presionar con un tenedor; si tienes termómetro, pínchalo junto a la espina: tiene que marcar 60 °C o más.

Sácalas del horno en cuanto estén y pásalas a la fuente o a los platos sin esperar, porque el calor de la bandeja las sigue cocinando. Despégalas con una espátula fina, deslizándola entre la piel y el papel. Riégalas con un chorrito de aceite de oliva virgen extra en crudo justo antes de servirlas, que les da brillo y sabor, y acompáñalas con unos gajos de limón.

Consejos finales

Si las sardinas se pegan a la bandeja o se deshacen al moverlas, casi siempre es por exceso de tiempo o por no secarlas bien: la humedad de la piel actúa como pegamento. Para evitarlo, seca cada pieza con papel, hornéalas sobre papel de hornear engrasado y retíralas en cuanto la carne esté opaca, aunque te parezca pronto, porque terminan de hacerse fuera del horno. Con esos trucos salen enteras de la bandeja.

Para acompañarlas, unos pimientos asados y aliñados son la pareja clásica en verano; también funcionan una ensalada de tomate y cebolleta o unas patatas panaderas hechas antes en el mismo horno, que solo tendrás que templar mientras se asan las sardinas. Con algo más de salsa están las sardinas al horno con tomate y orégano, que se preparan en la misma bandeja.

Recién hechas es como mejor están. Las sobras se guardan 1 día en la nevera, bien tapadas para que no impregnen todo de olor. En frío, desmigadas y sin espinas, sirven para una tostada con tomate rallado o para mezclar con patata cocida, cebolla tierna y un chorro de aceite en una ensalada rápida. Mejor no recalentarlas, porque se secan y el sabor se vuelve fuerte.

Otros pescados que se hacen bien al horno son el besugo al horno, más propio de fiestas, la merluza al horno, más suave, y el salmón al horno, otro pescado azul con mucha grasa.

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