En este pollo con gambas la carne se cuece despacio en cazuela, el marisco entra solo al final y una picada de almendras, avellanas, piñones, pan frito y ajo espesa la salsa y le da carácter. Es un guiso para 6 personas, con 12 gambas rojas y un pollo de payés troceado, y lleva alrededor de 2 horas: 40 minutos de sofrito, cerca de 1 hora de guiso y el resto para dorar y majar.

Es un plato de mar i muntanya, o mar y montaña, la mezcla tradicional de carne y marisco de la cocina catalana, muy ligada al Empordà, donde se guisan juntos el pollo con langosta, las albóndigas con sepia o los pies de cerdo con cigalas. Con gambas es la versión más asequible de esa idea. La picada majada en el mortero, que liga la salsa sin harina y se añade al final, es otra seña de esa cocina.

Para el pollo, mejor de payés o de corral: tiene la carne más firme y aguanta la hora de cocción sin deshacerse. Uno convencional se hace antes, en unos 35 o 40 minutos, así que en ese caso acorta el guiso. Las gambas rojas aportan mucho sabor por la cabeza; si no las encuentras, sirven langostinos grandes. Y aunque el proceso es largo, casi todo transcurre a fuego lento sin necesidad de vigilar, así que es fácil encajarlo en una comida con invitados: mientras la salsa se hace sola, preparas la picada.

Información nutricional(por ración)

Energía

485 kcal

Hidratos

9 g

Grasas

29 g

Fibra

2.5 g

Proteínas

44 g

¿Cuántos comensales?
6
Gamba roja
Gamba roja
12 unidades
Cebolla
Cebolla
2 unidades
Tomate
Tomate
4 unidades maduro
Cogñac
Cogñac
1 vaso
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
Pimienta
Pimienta
al gusto
Sal
Sal
al gusto
Pan
Pan
2 rebanadas
Avellana
Avellana
50 gramos
Almendra
Almendra
50 gramos
Piñon
Piñon
al gusto
Ajo
Ajo
4 dientes
Perejil
Perejil
al gusto
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Paso 1 de 7

Marca las gambas en la cazuela

Con el fuego todavía apagado, deja la verdura lista: pica las 2 cebollas muy finas y ralla los 4 tomates maduros, desechando la piel. Salpimienta el pollo troceado y resérvalo en un plato.

Pon a fuego vivo una cazuela ancha, mejor de barro o de hierro, con aceite de oliva virgen extra abundante. Cuando el aceite esté caliente, añade las 12 gambas rojas y márcalas a fuego vivo, 60 segundos por cara, nada más que hasta que cambien de color. No se trata de cocinarlas, sino de que suelten su jugo y perfumen el aceite, que sostiene todo el guiso. Retíralas con una espumadera y aprieta un poco las cabezas sobre la cazuela para aprovechar ese jugo. Guárdalas tapadas en la nevera hasta el final: se terminarán de hacer con el calor de la salsa.

Paso 2 de 7

Dora el pollo de payés

En el mismo aceite, a fuego medio-alto, coloca los trozos de pollo con la piel hacia abajo, sin amontonarlos; si la cazuela no es muy grande, hazlo en 2 tandas. Si la llenas demasiado, la temperatura cae, el pollo suelta jugo y se queda blanquecino, sin costra.

No toques cada cara hasta pasados 3 o 4 minutos, cuando la pieza se despegue sola del fondo con un color dorado intenso, y entonces dale la vuelta. En total, unos 10 o 12 minutos. No hace falta que el pollo se haga por dentro, porque terminará en el guiso; lo que buscas aquí es color, que luego da sabor a la salsa. Retira el pollo a una fuente y no limpies la cazuela: los restos tostados del fondo son parte del sofrito.

Paso 3 de 7

Pocha la cebolla y después el tomate

Con el fuego al mínimo, añade la cebolla picada y una pizca de sal, que le hace soltar antes su agua. Con la cuchara, rasca el fondo y despega los jugos del pollo y de las gambas, que se disuelven en la cebolla. Déjala unos 20 minutos y remueve cada poco: tiene que verse muy blanda y dorada; si se pega, añade una cucharada de agua.

Incorpora el tomate rallado y cocina 20 minutos más a fuego lento. El sofrito está listo cuando el tomate ha perdido toda el agua, ha oscurecido hasta un rojo intenso y el aceite empieza a asomar por los bordes. Ese sofrito lento es lo que da cuerpo a la salsa, así que no lo acortes subiendo el fuego: la cebolla se quemaría antes de ablandarse.

Paso 4 de 7

Devuelve el pollo y desglasa con coñac

Pasa otra vez el pollo a la cazuela, junto con el líquido que haya quedado en la fuente, y dale unas vueltas para que se impregne bien del sofrito. Sube a fuego medio-alto, aparta un momento la cazuela del fuego y vierte el vaso de coñac; nunca lo eches directamente desde la botella cerca de la llama.

Si quieres flambear, hazlo con la campana extractora apagada, el pelo recogido y nada inflamable cerca: acerca una cerilla larga al borde de la cazuela y deja que la llama se apague sola. Si prefieres no hacerlo, basta con dejar hervir el coñac a fuego vivo 2 o 3 minutos: el vapor tiene que dejar de oler a alcohol. Mientras tanto, rasca de nuevo el fondo: el licor despega lo que quede pegado y la salsa gana un fondo dulce y tostado.

Paso 5 de 7

Guisa el pollo con el caldo

Vierte el Caldo de pollo Gallina Blanca caliente hasta casi cubrir el pollo, dejando que asome la parte de arriba de las piezas. Si lo añades frío, cortas la cocción y la carne se endurece; y si lo cubres del todo, la salsa queda aguada y tarda mucho más en reducir.

En cuanto hierva, baja a fuego mínimo y cubre la cazuela con la tapa algo desplazada, para que escape parte del vapor. Un pollo de payés necesita alrededor de 1 hora; uno convencional está en unos 35 o 40 minutos. Cada cierto tiempo, sacude la cazuela sujetándola por las asas, sin cuchara, y echa algo más de caldo si el nivel baja demasiado. Estará listo cuando, al pincharlo con un tenedor, la carne ceda y se suelte del hueso sin esfuerzo.

Paso 6 de 7

Maja la picada en el mortero

Mientras el pollo se guisa, calienta un poco de aceite en una sartén y fríe las 2 rebanadas de pan hasta que estén doradas por ambas caras. Retíralas y, en el mismo aceite y a fuego suave, dora los 4 dientes de ajo pelados, con cuidado de que no se quemen, porque amargarían la salsa. Si los piñones están crudos, tuéstalos unos segundos en la misma sartén.

En el mortero, maja primero los ajos con unos granos de sal gorda, que ayudan a triturarlos. Después añade los 50 g de almendras y los 50 g de avellanas, tostadas, los piñones, unas hojas de perejil, y el pan frito troceado; si buscas el punto amargo de muchas picadas catalanas, añade también una onza de chocolate negro. Machaca hasta obtener una pasta casi fina, con algo de textura. Aclárala con unas cucharadas del caldo del guiso para que después se integre sin grumos. Si no tienes mortero, usa una picadora, aunque la textura queda más uniforme.

Paso 7 de 7

Liga la salsa y termina con las gambas

Vierte la picada disuelta en la cazuela, repártela por toda la superficie y mueve la cazuela en círculos por las asas para que se integre en el caldo sin romper el pollo. Deja que hierva suavemente unos 5 minutos: la salsa espesa y gana brillo sin necesidad de harina, porque el pan y los frutos secos hacen de ligazón. Prueba y ajusta la sal en este momento, no antes, ya que la salsa se ha concentrado.

Reparte sobre el pollo las gambas reservadas, recién sacadas de la nevera, y mantén la cazuela a fuego muy suave entre 3 y 5 minutos, según su tamaño, hasta que la carne esté opaca y la cabeza se separe con facilidad. Apaga, cubre con la tapa y espera 5 minutos: la salsa reposa y el calor que guarda la cazuela termina de cocinar el marisco.

Consejos finales

Sirve directamente desde la cazuela, con pan para la salsa y, si quieres guarnición, arroz blanco o patata cocida al vapor. Al emplatar, reparte primero el pollo con la salsa y corona cada plato con 2 gambas enteras, para que nadie se quede sin marisco.

La víspera es buen momento para prepararlo, porque el sabor de la picada se reparte por toda la carne: guisa el pollo y liga la salsa, pero deja las gambas en la nevera y añádelas al recalentar, a fuego suave, durante los 5 minutos finales, uno de tantos trucos de guiso marinero que evita que queden duras. Tapado en el frigorífico se conserva 2 días, y el pollo con su salsa se congela hasta 3 meses, siempre sin las gambas, que pierden textura.

Si en casa alguien no puede tomar gluten, sustituye el pan de la picada por un puñado más de almendras y comprueba en la etiqueta que el caldo y, si lo usas, el chocolate no lleven gluten. En lugar de gambas valen langostinos o cigalas, y quien quiera acercarse al plato festivo del Empordà puede usar langosta. Sin marisco, el pollo guisado sigue un paso a paso muy parecido de sofrito y cocción lenta, y el pollo guisado con patatas añade la patata a la cazuela para convertirlo en plato único.

Si las gambas son lo que más te tira de esta receta, unas gambas al horno resuelven un entrante en pocos minutos, y la fideuá de calamares y gambas lleva el mismo marisco a una cazuela de fideos.

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