Preguntas frecuentes a nuestro Chef Guía
Por si te falta un ingrediente...
La clave está en combinar una maceración corta con una cocción lenta y tapada. El limón, el caldo y el aceite dan sabor a la superficie, y los 30 minutos de guiso a fuego mínimo ablandan el muslo sin que la carne se contraiga. Un hervor fuerte, en cambio, la endurece y evapora la salsa. Comprueba el punto junto al hueso: jugo transparente o 75 °C con termómetro.
Con 30 minutos basta para esta marinada: 15 por cada lado, a temperatura ambiente. Si quieres más sabor, puedes alargarla hasta 40 o 50 minutos, o incluso dejarla toda la noche, pero entonces el bol tiene que ir tapado a la nevera. No conviene pasar de 12 horas, porque la acidez del limón acaba alterando la textura de la superficie y la deja algo harinosa. El líquido sobrante se guisa con el pollo.
Con piel, si buscas el máximo sabor. Durante el dorado la piel suelta grasa y se tuesta, y ese fondo pegado a la cazuela es lo que oscurece y da cuerpo a la salsa; además, protege la carne mientras se guisa tapada. Sin piel también funcionan, pero quedan algo menos jugosos y la salsa sale más clara. En ese caso, reduce el dorado a 5 o 6 minutos y vigila que el fondo no se seque.
Sí. Después de macerarlos, coloca los muslos con la piel hacia arriba en una fuente sobre el sofrito ya hecho de cebolla, zanahoria y bacon, riégalos con el líquido de la marinada y medio vaso de agua, y hornéalos a 190 °C unos 40 a 45 minutos. Mójalos con su jugo a mitad de cocción. Estarán listos cuando la piel esté dorada y la carne alcance 75 °C junto al hueso.
Gallina Blanca Chef Guía
Muslos de pollo jugosos de sábado
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