Con 2 horas de fuego lento, el morcillo de ternera guisado con vino tinto pasa de ser un corte duro y lleno de tejido conectivo a una carne que se separa con el tenedor, bañada en una salsa espesa y brillante. Cuenta unas 3 horas para un guiso de 4 personas, y casi siempre la cazuela trabaja sola con la tapa puesta y sin que tengas que estar pendiente.

El morcillo es el músculo de la pata de la ternera, y en algunas carnicerías lo encontrarás como jarrete. Cortado en rodajas con su hueso es la pieza que se usa en el ossobuco italiano; para este guiso conviene pedirlo deshuesado y en trozos grandes, de unos 5 cm. Su gelatina natural espesa la salsa cuando se cocina despacio, y por eso es una pieza tan apreciada para guisos tradicionales de cuchara en invierno.

Las 3 horas pueden asustar, pero el trabajo activo se concentra en la primera media hora: dorar la carne, pochar la verdura y reducir el vino. A partir de ahí solo tienes que comprobar de vez en cuando que el líquido cubre la carne. La salsa se tritura al final con la verdura cocida, sin necesidad de añadir espesantes, y queda lisa y con mucho sabor. Lo único que pide de verdad es planificarlo con tiempo, igual que otro guiso largo de carne como el rabo de toro a la cordobesa.

Información nutricional(por ración)

Energía

400 kcal

Hidratos

30 g

Grasas

4 g

Fibra

35 g

Proteínas

18 g

¿Cuántos comensales?
4
Sal
Sal
al gusto
Pimienta negra
Pimienta negra
al gusto
Harina
Harina
50 gramos
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
4 cucharadas
Cebolla
Cebolla
1 unidad
Ajo
Ajo
2 unidades
Zanahoria
Zanahoria
1 unidad
Tomate
Tomate
3 unidades maduro
Puerro
Puerro
1 unidad
Romero
Romero
1 rama
Laurel
Laurel
1 hoja
Vino tinto
Vino tinto
500 mililitros
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Paso 1 de 5

Dora el morcillo y sofríe la verdura

Dora el morcillo y sofríe la verdura

Corta el morcillo de ternera en trozos grandes, salpimiéntalos y pásalos por los 50 g de harina, sacudiendo el exceso. Pon en una cazuela grande el aceite de oliva virgen extra, 4 cucharadas, y dora la carne por tandas, sin amontonarla, girándola cada par de minutos hasta que todas las caras estén bien tostadas. Resérvala en un plato.

Retira el exceso de aceite de la cazuela, dejando apenas una película en el fondo. Añade la cebolla, los 2 dientes de ajo, la zanahoria, los 3 tomates maduros y el puerro, todo cortado fino, junto con la rama de romero y la hoja de laurel. Deja que se haga a fuego medio un cuarto de hora, moviendo cada poco y despegando los restos de la carne, hasta que la verdura esté blanda y empiece a dorarse. Esa caramelización es la que dará color y un fondo dulce a la salsa.

Paso 2 de 5

Reduce el vino tinto con el morcillo

Reduce el vino tinto con el morcillo

Cuando la verdura esté bien dorada, vuelve a meter el morcillo, con todo el líquido que ha soltado al reposar, y mézclalo con el sofrito durante un par de minutos. Moja con los 500 ml de vino tinto, que deben cubrir la carne o casi.

Con el fuego fuerte y sin tapa, cuenta unos 10 minutos de hervor, hasta que el volumen se quede en la mitad aproximadamente y el olor a vino crudo desaparezca. Es un paso que no conviene acortar: un vino poco reducido deja la salsa ácida y con un regusto áspero. Remueve de vez en cuando y rasca el fondo para que la harina de la carne no se pegue ni se queme, porque ese amargor se transmitiría a todo el guiso. Elige un vino tinto joven que tomarías en la mesa; no hace falta que sea caro, pero sí que esté bueno.

Paso 3 de 5

Guisa el morcillo de ternera a fuego lento

Añade el Caldo Casero de Carne 100% Natural Gallina Blanca, en total 2 litros, hasta que cubra bien el morcillo. Cuando arranque a hervir, desespuma con un cazo y pon el fuego en la posición más baja. Tapa, dejando la tapa ligeramente entreabierta si la cazuela es muy hermética, y olvídate de él unas 2 horas a fuego suave.

El guiso debe hacer chup chup, con burbujas pequeñas y lentas; si hierve con fuerza, la carne se endurece y se reseca por fuera antes de ablandarse por dentro. Echa un vistazo cada 30 minutos para comprobar que el líquido sigue cubriendo la carne y, si ha bajado demasiado, completa con agua caliente. El morcillo estará listo cuando un tenedor entre sin resistencia y las fibras empiecen a separarse solas.

Paso 4 de 5

Tritura la salsa y termina el guiso

Saca los trozos de morcillo con una espumadera y resérvalos. Busca y quita el laurel y el romero, que no deben triturarse porque amargarían la salsa. Tritura el resto con la batidora eléctrica hasta conseguir una salsa lisa y homogénea. Si sale muy densa, alárgala con un cazo de caldo templado; si está aguada, hiérvela destapada unos minutos más.

Reincorpora la carne y cuécela 30 minutos más a fuego suave en la salsa triturada, sacudiendo la cazuela suavemente cada cierto tiempo, sin cuchara, para que los trozos no se rompan. Durante este tiempo la carne se impregna de la salsa y esta termina de ligarse. Al final, prueba y rectifica de sal: el caldo ya aporta algo, por eso conviene salar solo en este momento.

Paso 5 de 5

Sirve el morcillo con su salsa

Sirve el morcillo con su salsa

Reparte el morcillo en platos hondos calientes y cúbrelo con abundante salsa. Combina muy bien con un puré de patatas casero, que recoge la salsa, con arroz blanco o simplemente con una buena rebanada de pan para mojar. Para algo menos contundente, unas zanahorias o unas judías verdes al vapor también funcionan.

Si puedes, prepáralo con antelación: dejarlo reposar refrigerado una noche permite que la salsa gane cuerpo y que la grasa se solidifique en la superficie, y así la quitas fácilmente con una cuchara antes de calentarlo. Recaliéntalo despacio, a fuego suave y tapado, añadiendo agua si la salsa se ha quedado muy espesa. Así el plato queda menos graso y la carne todavía más melosa.

Consejos finales

Para hacer el morcillo en olla rápida, prepara el dorado, el sofrito y la reducción del vino en la propia olla, añade solo 1 litro de caldo y cuenta de 40 a 45 minutos de presión. Después, abre siguiendo las instrucciones del fabricante, tritura la salsa como en el paso 4 y deja que cueza 10 minutos más con la carne, sin tapa, para que la salsa reduzca.

Primer truco del guiso: dora la carne en tandas pequeñas, porque amontonada pierde jugo y hierve en lugar de tostarse. Eso, junto con dejar que la verdura se caramelice de verdad y mantener el fuego al mínimo durante las 2 horas, hace que este morcillo de ternera guisado con vino tinto quede tierno y con una salsa que se sostiene sola en la cuchara.

Bien tapado y refrigerado, el guiso aguanta hasta 4 días, y congelado junto a la salsa se mantiene en buen estado unos 3 meses; pásalo al frigorífico la víspera para descongelarlo y caliéntalo a fuego suave. Las sobras deshilachadas sirven para rellenar unas croquetas o unos canelones, o para mezclarlas con pasta corta y un poco de su salsa.

Si el morcillo te ha convencido, el mismo método de dorar, mojar con vino y dejar el fuego al mínimo sirve para otros cortes melosos, como en unas carrilleras de ternera estofadas; y para un guiso con la guarnición dentro de la cazuela, prueba un estofado de ternera con patatas.

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