Para que el hígado quede tierno y sin ese regusto fuerte que echa atrás a tanta gente, hay que macerarlo antes y pasarlo muy poco tiempo por el fuego, y así se preparan estos filetes de hígado a la plancha aliñados con ajo, perejil y vino blanco. Son 4 filetes para 4 personas, con unos 35 minutos de cocina en total más 2 horas de maceración en la nevera, que puedes dejar en marcha por la mañana o la noche anterior.

Sirve tanto el hígado de ternera como el de cerdo, pero no se comportan igual. El de ternera es más suave y tierno, y admite un centro ligeramente rosado; el de cerdo tiene un sabor más intenso, suele ser más económico y debe quedar hecho por completo, sin zonas rosadas en el interior. Al comprarlo, busca piezas de color uniforme y brillante, sin manchas ni olor fuerte, y pide filetes de 1 cm de grosor como mucho, porque los gruesos se resecan en la superficie mientras el centro sigue crudo. Retira la membrana fina del borde si la tienen, o se encogerán en la plancha. El plato se completa con patatas fritas y una ensalada de lechuga, cebolleta y tomate, que equilibra la intensidad del hígado con algo fresco y ácido. Organizarlo es fácil si dejas las patatas casi listas antes de poner los filetes, que se hacen en apenas 5 minutos. Para variar la guarnición, las patatas fritas con ajo y perejil le van igual de bien.

Información nutricional(por ración)

Energía

350 kcal

Hidratos

45 g

Grasas

5 g

Fibra

30 g

Proteínas

15 g

¿Cuántos comensales?
4
Hígado
Hígado
4 filete
Avecrem Pollo
1 unidad
Sal
Sal
al gusto
Vinagre
Vinagre
al gusto
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
Cebolleta
Cebolleta
1 unidad
Tomate de ensalada
Tomate de ensalada
1 unidad
Lechuga
Lechuga
al gusto
Vino blanco
Vino blanco
al gusto
Perejil
Perejil
al gusto fresco
Ajo
Ajo
3 dientes
Patata
Patata
2 unidades grande
Imágenes generadas con IA
Cooking Mode Desactivado

Con el Cooking Mode tu pantalla no va a entrar en modo hibernación...

Paso 1 de 5

Macera y marca el hígado a la plancha

Pica finos los 3 ajos junto con un puñado de perejil fresco. Coloca los 4 filetes de hígado en una fuente, reparte por encima el ajo y el perejil, desmenuza la pastilla de Avecrem Pollo -30% de sal y rocía con vino blanco y, por último, con aceite de oliva virgen extra. Tapa con papel de aluminio y deja macerar 2 horas en la nevera.

Saca los filetes, retira los trozos de ajo y sécalos con papel absorbente, guardando el líquido de la maceración. Calienta a fuego medio alto una sartén amplia con algo de aceite y, cuando esté bien caliente, pon los filetes sin amontonarlos. Cocínalos 2 minutos por cara, o 3 si son algo más gruesos, hasta que estén dorados por fuera.

Retíralos a un plato caliente y vierte en la sartén el líquido de la maceración con otro chorrito de vino. Deja que hierva y reduzca 1 o 2 minutos, rascando el fondo, para tener una salsa corta.

Paso 2 de 5

Fríe las patatas

Fríe las patatas

Como los filetes se hacen en pocos minutos, conviene tener las patatas en marcha antes de ponerlos en la sartén. Pela las 2 patatas grandes y trocéalas en rodajas de 5 mm o en bastones, como prefieras. Lávalas para quitar el almidón de la superficie y sécalas muy bien con un paño: si entran mojadas, el aceite salpica y no quedan crujientes.

En un cazo o una sartén honda, calienta abundante aceite de oliva a unos 170 °C, es decir, cuando una rodaja de prueba burbujee enseguida alrededor. Fríe las patatas en 2 o 3 tandas, así el aceite mantiene la temperatura, entre 8 y 10 minutos por tanda, moviéndolas a ratos, hasta verlas doradas, crujientes en la superficie y blandas en el centro.

Retíralas con una espumadera a un plato cubierto de papel absorbente para que suelten el exceso de aceite. Añade una pizca de sal gorda justo antes de servir, no antes, para que no se reblandezcan.

Paso 3 de 5

Prepara la ensalada

Mientras se fríen las patatas, prepara la ensalada. Lava bien la lechuga, córtala en trozos de bocado y escúrrela a fondo, mejor con un centrifugador: las hojas mojadas aguan el aliño y este resbala sin pegarse. Corta la cebolleta en rodajas finas y el tomate de ensalada en dados.

Junta en un bol grande la lechuga, la cebolleta y el tomate. Aliña justo antes de servir, en este orden: primero la sal y el vinagre al gusto, para que la sal se disuelva en el vinagre, y después un buen hilo de aceite de oliva virgen extra. Mezcla con las manos o con 2 cucharas grandes, levantando desde el fondo para que todas las hojas queden bañadas.

Si aliñas la ensalada con mucha antelación, la lechuga se marchita y suelta agua en el plato. La acidez del vinagre es la que contrasta con el sabor intenso del hígado, así que no te quedes corto.

Paso 4 de 5

Emplata el hígado con su guarnición

Emplata el hígado con su guarnición

Con todo listo, emplata sin perder tiempo, porque el hígado se enfría enseguida. Coloca en un lado de cada plato una porción de ensalada y, a su lado, un filete de hígado bien caliente. Reparte las patatas fritas en el espacio que queda, sin taparlas con el resto para que no pierdan el crujiente.

Calienta un momento la salsa reducida de la sartén y rocía con ella los filetes, de forma que cada uno quede bañado y brillante. Termina espolvoreando perejil fresco picado sobre el hígado, que aporta color y frescura.

Si los filetes han esperado unos minutos, devuélvelos 30 segundos a la sartén caliente con la salsa antes de emplatar, sin dejarlos más tiempo, porque cada minuto extra de fuego los endurece. Calienta también los platos si puedes: un plato frío roba calor al hígado en cuanto lo apoyas.

Paso 5 de 5

Comprueba el punto y sirve enseguida

Antes de servir, corta uno de los filetes por la parte más gruesa. El de ternera puede tener el centro ligeramente rosado y jugoso; el de cerdo tiene que estar hecho por completo, sin zonas rosadas. Si le falta, vuelve a ponerlo en la sartén 1 minuto más por cada lado.

Sirve en cuanto termines de emplatar. El hígado se come recién hecho: a medida que se enfría se vuelve más firme y granuloso, y recalentado pierde la textura tierna que le da la cocción corta. Las patatas también pierden el crujiente en pocos minutos.

Pon pan en la mesa para mojar la salsa de vino y ajo que queda en el plato. Y si sobra algún filete, guárdalo en la nevera, bien tapado, y tómalo al día siguiente en frío, cortado en tiras finas sobre la ensalada.

Consejos finales

El fallo más frecuente con el hígado a la plancha es pasarlo de fuego. Más allá de 3 minutos por cada lado en filetes de 1 cm, se vuelve duro y seco, con un sabor más amargo. Por eso la sartén tiene que estar bien caliente antes de ponerlo: así se dora rápido por fuera sin que dé tiempo a que se reseque por dentro. Y no lo sales directamente al cocinarlo, porque la sal adelantada lo endurece; con la maceración ya tiene suficiente.

Con el hígado, buena parte del truco está en lo que haces antes de encender el fuego: la maceración de 2 horas con vino y ajo suaviza el sabor, y la pastilla desmenuzada lo sazona por igual. Tampoco la alargues más de una noche, porque el ácido del vino empieza a cambiar la textura de la superficie.

Compra el hígado el mismo día o el anterior y guárdalo en la zona más fría del frigorífico, porque es una víscera muy perecedera. Si lo compras congelado, descongélalo en la nevera la víspera, nunca a temperatura ambiente. Si no lo vas a cocinar en 1 o 2 días, congélalo crudo y bien envuelto, y úsalo antes de 3 meses.

Si prefieres el hígado en salsa en lugar de a la plancha, prueba el hígado encebollado, con mucha cebolla pochada, o los filetes de hígado en salsa. El hígado de ternera con tomate y cebolla es otra opción casera para quien lo quiere más suave.

Valora esta recetas 42 valoraciones
Añade esta receta a tus favoritos Y tenla a mano siempre que quieras