Encima de una hamburguesa, sobre una tosta con queso de cabra o al lado de un paté, la cebolla caramelizada con miel pone el contrapunto dulce que equilibra los sabores intensos. Con 2 cebollas rojas hay guarnición para 4 personas, y el proceso pide unos 30 minutos de sartén, casi siempre con el fuego moderado y una cuchara de madera a mano.

La cebolla roja es la que mejor funciona aquí: tiene menos picor que la blanca, un sabor más suave y dulce al paladar y un color morado que se vuelve granate al cocinarse. Busca cebollas duras al apretarlas, que pesen y sin brotes verdes; las que ya están blandas sueltan mucha agua y tardan más en dorarse. Con la miel ocurre algo parecido, porque cada una aporta su carácter: una de flores o de azahar deja un dulzor suave, mientras que una de brezo o de castaño resulta más intensa y algo amarga. El vinagre es balsámico, y basta 1 cucharadita para cortar el empalago.

Aquí el fuego pide más atención que los ingredientes. Por encima de lo moderado, los bordes se queman mientras el centro sigue tieso, y la cebolla amarga en lugar de endulzarse; por debajo, se cuece en su jugo sin llegar a tomar color. Cortarla en juliana fina, de 2 o 3 mm, y no amontonarla en la sartén es lo que más ayuda. Hecha paso a paso, como guarnición casera es fácil y agradecida: se prepara con antelación, aguanta varios días en frío y mejora el sabor de bocadillos, pizzas o ensaladas templadas.

Información nutricional(por ración)

Energía

150 kcal

Hidratos

35 g

Grasas

3 g

Fibra

1 g

Proteínas

6 g

¿Cuántos comensales?
4
Cebolla roja
Cebolla roja
2 unidades
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
2 cucharadas
Vinagre de módena
Vinagre de módena
1 cucharada de café
Miel
Miel
1 cucharada de café
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Paso 1 de 2

Pocha la cebolla roja a fuego medio

Pela las 2 cebollas rojas, córtalas por la mitad y después en juliana fina, de 2 o 3 mm, procurando que todas las tiras tengan un grosor parecido y así avancen juntas. Si unas son mucho más gruesas que otras, las finas se queman mientras las gruesas siguen crudas.

Pon una sartén ancha con el fuego en posición media y reparte por el fondo el aceite (con 2 cucharadas basta). Cuando esté caliente, pero sin humear, añade la cebolla y remueve para que todas las tiras queden impregnadas. Deja que se poche unos 15 minutos, removiendo cada 2 o 3 minutos y despegando lo que se agarre al fondo. Sabrás que está lista para el siguiente paso cuando haya perdido volumen, esté blanda y transparente y los bordes tomen un primer tono tostado. Si ves que se pega o se oscurece demasiado deprisa, modera la llama y salpica con unas cucharadas de agua: el vapor despega el fondo sin quemarla.

Paso 2 de 2

Termina la cebolla caramelizada con miel

Con la cebolla ya blanda y algo tostada, incorpora la cucharadita de vinagre balsámico de Módena y la cucharadita de miel. Mezcla bien para que se repartan entre todas las tiras y deja la llama entre baja y media.

Sigue cocinando unos 10 o 15 minutos más, dándole vueltas cada poco. El líquido debe evaporarse y la cebolla tiene que quedar oscura, brillante y con textura casi de mermelada. La miel se tuesta deprisa, así que a partir de aquí vigila más: si el fondo de la sartén empieza a ponerse negro, retírala un momento del fuego y añade un chorrito de agua. No tengas prisa por subir el fuego para acabar antes, porque la cebolla caramelizada a toda velocidad se tuesta por fuera y queda con un sabor plano. Retírala cuando esté melosa y sírvela templada como guarnición o déjala enfriar si la vas a guardar.

Consejos finales

¿Cómo saber si ya está? Coge una tira con la cuchara: tiene que estar blanda del todo, de color caoba y brillante, sin zonas negras ni crujientes. Si la notas ácida, cocínala 2 o 3 minutos más para que el vinagre se evapore; si está demasiado dulce, unas gotas más de balsámico la equilibran. Si se agarra, échale una cucharada de agua y apártala de la placa unos segundos. Y no subas la llama para ganar tiempo: una cebolla quemada amarga y contra eso no valen trucos; si doblas la cantidad cuenta con 40 o 45 minutos en lugar de 30.

La cebolla caramelizada con miel encaja como acompañamiento con carnes a la plancha o asadas, con quesos de cabra y con patés, y es la pareja natural de unas hamburguesas caseras. También funciona con pescado azul, como en la caballa con patatas y cebolla caramelizada, o en una tosta de pan con queso fundido por encima.

En un tarro de cristal limpio y bien cerrado aguanta 4 o 5 días en la nevera. Sácala un rato antes de usarla o caliéntala unos segundos en la sartén para que recupere el brillo. También puedes congelarla en porciones pequeñas, por ejemplo en una cubitera, hasta 3 meses; así sacas solo los cubos que necesites para un bocadillo o para terminar una pizza, y se descongelan en pocos minutos directamente en la sartén caliente.

El dulzor se puede ajustar a cada plato: con miel de romero queda más floral, y unas hojas de tomillo fresco o una pizca de pimienta negra al final la acercan a las carnes y los quesos curados. Si prefieres la versión sin miel, la cebolla caramelizada clásica se hace solo con el dulzor de la propia cebolla, y la cebolla caramelizada rápida acorta los tiempos cuando vas justo.

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