Las berenjenas con miel, que en muchas barras se piden como berenjenas fritas con miel, son una tapa andaluza de berenjena enharinada, frita hasta que cruje y regada con un hilo de miel justo antes de llevarla a la mesa. Cuenta con unos 45 minutos de reloj, de los que entre 20 y 30 son de reposo con sal en el colador, y con 2 berenjenas tienes una tapa generosa para 4 personas.

La berenjena llegó a la península con los árabes, y hasta su nombre viene del árabe andalusí; quizá por eso la cocina andaluza la maneja con tanta soltura. Hoy esta tapa es típica de las barras de Córdoba y de Málaga, donde lo habitual es rematarla con miel de caña, un jarabe oscuro y algo tostado que, pese al nombre, no es miel de abeja sino melaza de caña de azúcar. En casa queda muy bien con una miel de flores, más suave, o con una de romero. Si encuentras miel de caña, pruébala: su punto amargo equilibra mejor la fritura que la miel más dulce.

Al comprar, elige berenjenas firmes, pesadas para su tamaño y con la piel tersa y brillante; las que ceden al apretarlas suelen tener más semillas y amargan más. Fíjate también en el grosor al cortarlas: en rodajas de unos 0,5 cm la fritura dura 1 o 2 minutos por cada lado a 180 °C y el interior queda cremoso bajo la costra, mientras que las piezas gruesas empapan aceite antes de hacerse por dentro. Para picar con los dedos, los bastones del ancho de un dedo se reparten mejor en el centro de la mesa y se mojan en la miel uno a uno.

Información nutricional(por ración)

Energía

245 kcal

Hidratos

32 g

Grasas

12 g

Fibra

5 g

Proteínas

4 g

¿Cuántos comensales?
4
Berenjena
Berenjena
2 unidades
Avecrem Pollo
1 pastilla
Harina
Harina
4 cucharadas
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
Miel
Miel
al gusto
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Paso 1 de 6

Lava y corta las berenjenas

Lava y corta las berenjenas

Lava las 2 berenjenas con agua fría y sécalas con un paño. Quita los extremos y decide si las pelas o no. Con la piel puesta, las rodajas aguantan mejor la forma dentro de la sartén y dan un punto de textura al morderlas; peladas quedan más tiernas, aunque absorben algo más de aceite y se rompen con más facilidad al darles la vuelta. Ambas opciones funcionan, así que elige según cómo te gusten.

Córtalas en rodajas de unos 0,5 cm de grosor o, si lo prefieres, en bastones del ancho de un dedo, parecidos a las patatas fritas. Lo importante es que todas las piezas tengan el mismo grosor, porque así se fríen a la vez y no te encuentras unas quemadas y otras todavía crudas en la misma tanda. Un cuchillo grande y bien afilado ayuda; una mandolina, usada con cuidado, deja un corte aún más parejo. Reserva las piezas en un bol grande.

Paso 2 de 6

Desamarga con sal y seca a conciencia

Desamarga con sal y seca a conciencia

Pasa las berenjenas a un colador grande y espolvoréalas con un poco de sal, removiendo para que llegue a todas las caras. Déjalas reposar entre 20 y 30 minutos encima del fregadero o sobre un plato. Al rato verás unas gotas de líquido oscuro en la superficie: es agua de la propia verdura, y con ella se va parte del amargor. Al perderla, la carne se compacta un poco y absorbe menos aceite en la fritura.

Pasado el tiempo, enjuágalas rápidamente con agua fría para quitar la sal de la superficie y extiéndelas sobre papel de cocina. Sécalas muy bien, presionando con otra hoja por encima, hasta que no quede humedad. De este secado depende el rebozado: si la berenjena entra mojada en la harina, se forma una pasta gruesa que en el aceite queda blanda y grasienta, en lugar de la capa fina y crujiente que buscas.

Paso 3 de 6

Sazona con Avecrem Pollo

Sazona con Avecrem Pollo

Con las berenjenas ya secas en el bol, desmenuza la pastilla de Avecrem Pollo entre los dedos hasta dejarla en polvo fino y sin grumos. Espárcela por encima poco a poco, como harías con la sal, mientras mueves el bol para que el polvo se reparta por todas las piezas y no se concentre en unas pocas.

Mezcla con las manos limpias durante 1 minuto, dando la vuelta a las rodajas o a los bastones, para que el sazonado se pegue a la superficie antes de pasar a la harina. No añadas más sal: la pastilla ya sala, y la berenjena conserva algo del salado anterior aunque la hayas enjuagado. Si quieres comprobar el punto, fríe una sola pieza de prueba cuando llegues a la sartén y ajusta con las siguientes. El contraste que se busca al final es claro: una base salada y sabrosa, con la miel aportando el dulzor por encima.

Paso 4 de 6

Enharina y sacude el exceso

Pon las 4 cucharadas de harina en un plato hondo y pasa las piezas de berenjena de una en una, presionando ligeramente para que queden cubiertas por todas las caras. La forma más fácil de enharinar sin pringar la encimera es meter la harina y las berenjenas en una bolsa limpia, ciérrala dejando aire dentro y agítala con suavidad unos segundos: el reparto queda uniforme y vas mucho más rápido.

Después, sacude bien cada pieza o pásalas todas a un colador y dale unos golpes. Basta con una película fina, casi transparente, que proteja la verdura y forme la costra al freír. La harina sobrante cae al aceite, se quema y lo ensucia enseguida, y además deja un rebozado pesado y apelmazado. Enharina justo antes de freír, tanda a tanda si hace falta: si las berenjenas esperan ya enharinadas, la humedad que todavía guardan empapa la harina y se pegan entre ellas.

Paso 5 de 6

Fríe por tandas a 180 °C

Calienta abundante aceite de oliva virgen extra en una sartén honda o en un cazo, con 2 o 3 dedos de altura como mínimo. Debe llegar a unos 180 °C. Si no tienes termómetro, echa un trocito de pan: cuando burbujea con fuerza alrededor y se dora en unos 30 segundos, sin que el aceite llegue a humear, ya está listo.

Fríe las berenjenas en tandas pequeñas, sin amontonarlas, para que el aceite no se enfríe de golpe. Déjalas entre 1 y 2 minutos por cada lado, hasta que estén doradas y se noten firmes al tocarlas con la espumadera. Si se oscurecen en segundos, baja un poco el fuego; si tardan mucho y empiezan a empaparse, súbelo.

Sácalas a un plato con papel de cocina para que escurran la grasa y continúa con la siguiente tanda. Entre una y otra, retira con la espumadera los restos de harina que floten.

Paso 6 de 6

Riega con miel y sirve enseguida

Pasa las berenjenas aún calientes a la fuente en la que vayas a servirlas, extendidas en una sola capa o como mucho en 2, para que no se reblandezcan con su propio vapor. Deja caer la miel en un hilo fino, moviendo la cuchara o el dosificador en zigzag para que llegue a todas las piezas. La cantidad va al gusto: 2 o 3 cucharadas suelen bastar para 4 raciones, y siempre puedes dejar un cuenco con más en la mesa.

Haz este paso justo antes de sentarte a comer. Con el calor de la fritura, la miel se funde un poco y brilla, pero si espera demasiado acaba ablandando el rebozado que tanto ha costado conseguir. Sírvelas en el momento, como aperitivo en el centro de la mesa o como acompañamiento de una carne a la plancha, y notarás cómo el salado de la base y el dulzor de la miel se compensan en cada bocado.

Consejos finales

Para que las berenjenas no chupen aceite, sigue 3 trucos de manual: sécalas bien después de la sal, sacude la harina sobrante y no dejes que el aceite baje de 180 °C. Antes de la primera tanda, fríe una sola rodaja de prueba, que te dirá si el aceite está a punto y si falta sal. Cuando alguna tanda salga blanda, seca mejor las siguientes, mete menos piezas y espera a que el aceite recupere temperatura. Las que ya estén fritas y lacias mejoran con 3 o 4 minutos en el horno a 200 °C sobre una rejilla, siempre antes de la miel. Lo mismo vale para las sobras: aguantan 1 o 2 días en la nevera en un recipiente cerrado y se recuperan en el horno o en la freidora de aire, nunca en el microondas, que las deja gomosas.

Con freidora de aire gastas mucho menos aceite: pinta las piezas enharinadas con una brocha mojada en aceite y cocínalas a 200 °C entre 10 y 12 minutos, girándolas a mitad. En el horno, a 220 °C sobre papel vegetal, piden de 15 a 20 minutos. La costra sale más seca y menos dorada que en la sartén, aunque el juego entre salado y dulce se mantiene. Para una versión sin rebozado, prueba las berenjenas a la plancha con miel de caña.

En un picoteo para varios encajan con un queso curado, unas aceitunas aliñadas o un salmorejo bien frío servido en vasitos. Fríelas cuando los demás ya estén sentados, porque en la fuente pierden el crujiente en pocos minutos. Si quieres más ideas con la misma verdura, las berenjenas fritas crujientes prescinden de la miel, las berenjenas rellenas de carne picada la convierten en plato principal y la cebolla caramelizada con miel repite el contraste entre salado y dulce.

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