Un desayuno sin prisa, una cena improvisada o un plato para salir del paso a mediodía: para eso están los huevos revueltos con queso, cremosos y con la mozzarella fundida en hilos entre el huevo cuajado. Con 6 huevos y 125 g de mozzarella hay revuelto para 4 personas, y en 10 minutos está servido, sin más cacharros que una sartén y un bol.

El queso marca el carácter del plato. La mozzarella funde suave, apenas sala y hace hilo, por eso funciona tan bien aquí. Si es fresca, de las que vienen en bolsa con suero, escúrrela y sécala con papel antes de cortarla, porque suelta agua y encharca el huevo; la mozzarella en bloque para fundir no tiene ese problema. Los huevos, cuanto más frescos mejor: la yema se mantiene alta y la clara, densa, y el revuelto queda más cremoso. Si te sobra un trozo de otro queso que funda bien, puedes mezclarlo con la mozzarella siempre que lo cortes en dados del mismo tamaño.

La técnica pide fuego medio, movimiento constante y retirar la sartén cuando el huevo aún brilla. Los extras son opcionales, cebolla, pimiento rojo y jamón serrano, y convierten el plato en algo más completo, en la línea de los huevos revueltos con jamón. Apaga el fuego con el revuelto cuajado en un 80 % más o menos, porque en el minuto siguiente el calor de la sartén termina el trabajo.

Información nutricional(por ración)

Energía

490 kcal

Hidratos

3 g

Fibra

38 g

Proteínas

36 g

¿Cuántos comensales?
4
Huevo
Huevo
6 unidades
Queso mozzarella
Queso mozzarella
125 gramos
Mantequilla
Mantequilla
al gusto
Sal
Sal
al gusto
Pimienta
Pimienta
al gusto

Opcionales

Pimiento rojo
Pimiento rojo
1 unidad o parte de pimiento verde y parte de pimiento rojo
Cebolla
Cebolla
1 unidad
Jamón serrano
Jamón serrano
al gusto cortado en trozos
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Paso 1 de 7

Corta el queso y prepara los extras

Corta los 125 g de mozzarella en daditos regulares, de 1 cm aproximadamente. Si es fresca, escúrrela antes y sécala bien con papel absorbente para que no suelte suero en la sartén. Que los dados tengan el mismo tamaño importa: así se funden todos a la vez y no quedan trozos fríos junto a otros ya derretidos. Reserva un puñado para el final. Si decides usar más de una variedad de queso, córtalas igual.

Si vas a añadir extras, prepáralos ahora. Pica la cebolla y el pimiento rojo muy finos, en dados de unos 5 mm, para que se ablanden en pocos minutos, y corta el jamón serrano en trozos pequeños. Con todo listo antes de encender el fuego, el revuelto se hace sin pausas, que es lo que necesita un plato tan rápido.

Paso 2 de 7

Calienta la mantequilla en la sartén

Pon una sartén antiadherente amplia a fuego medio y añade un trozo de mantequilla en el centro, del tamaño de una nuez. Muévela para que, al derretirse, cubra todo el fondo y las paredes bajas: es la capa que evita que el huevo se pegue.

Vigila el color. La mantequilla está lista cuando burbujea suavemente y empieza a hacer espuma; ese es el momento de añadir los demás ingredientes. Si llega a oscurecerse y huele a tostado, el fuego está demasiado fuerte y amargará el revuelto, así que retira la sartén unos segundos y baja la llama. La temperatura de partida es la que más influye en la textura de cualquier receta con huevo.

Paso 3 de 7

Rehoga las verduras y el jamón

Si usas cebolla y pimiento, échalos primero a la mantequilla espumosa y rehógalos a fuego medio unos 4 o 5 minutos moviendo la sartén, hasta que se ablanden y la cebolla transparente. Las verduras necesitan más tiempo que el resto, así que van antes; si las añadieras con el huevo, quedarían crudas.

Después incorpora el jamón serrano en trozos y remueve solo 1 minuto, solo para que se caliente, suelte algo de grasa y huela. Un jamón serrano demasiado frito se reseca y se pone duro. Si no usas ningún extra, pasa directamente al paso siguiente con la mantequilla en su punto.

Paso 4 de 7

Bate los huevos y viértelos

En un bol aparte, bate los 6 huevos con unas varillas o con un tenedor; la yema y la clara tienen que formar una mezcla homogénea, sin hebras transparentes. No hace falta que hagan espuma.

Vierte los huevos batidos en la sartén caliente y reduce la llama a medio-bajo. Con una espátula de silicona, arrastra el huevo desde los bordes hacia el centro sin parar, dejando que el líquido ocupe el hueco que va quedando. Ese movimiento continuo hace que el huevo cuaje de forma suave y uniforme, en pliegues grandes y blandos, y evita que se pegue o que se formen grumos secos. Si dejas de remover, el fondo cuaja antes que la superficie y el revuelto acaba convertido en una tortilla rota.

Paso 5 de 7

Incorpora la mozzarella a los huevos revueltos

Cuando los huevos empiecen a cuajar pero todavía estén bastante líquidos, más o menos al minuto y medio, añade los dados de mozzarella repartidos por toda la sartén. Aprovecha para bajar un poco más el fuego, de forma que el queso se derrita despacio.

Remueve con cuidado, envolviendo, para que la mozzarella se integre en el huevo y forme hilos en lugar de una bola. El momento importa: si echas el queso al principio, el huevo se pasa mientras esperas a que funda; si lo echas al final, queda en dados fríos. Añadido a media cocción, la mezcla adquiere una textura suave y cremosa, con el queso fundido pero todavía reconocible.

Paso 6 de 7

Retira el revuelto antes de tiempo

Sigue removiendo y no pierdas de vista la sartén, porque a partir de aquí todo va muy deprisa. La cocción debe ser breve: buscas un huevo cremoso y brillante, no duro ni seco.

Aparta la sartén cuando el revuelto esté casi hecho pero aún un poco húmedo en algunas zonas. El calor residual de la sartén seguirá cuajándolo durante el siguiente minuto, así que es mejor quitarlo antes de que alcance la consistencia que quieres. En ese momento sazona con sal y pimienta al gusto. Mide la sal con prudencia si has puesto jamón serrano, que ya sala bastante.

Paso 7 de 7

Sirve con más queso por encima

Reparte el revuelto en los platos sin esperar y coloca por encima los dados de mozzarella que reservaste: se fundirán ligeramente con el calor del huevo.

Para acompañar, unas tostadas de pan untadas con ajo y mantequilla o una ensalada fresca con tomate equilibran la cremosidad del plato. Para otra cena de huevo, la tortilla paisana funciona bien para alternar con este revuelto a lo largo de la semana y aprovechar las verduras que tengas. Sírvelo enseguida: el revuelto de huevo pierde cremosidad a medida que se enfría y no admite recalentado sin quedar seco.

Consejos finales

A partir de estos huevos revueltos con queso puedes hacer otras versiones. Cambia la mozzarella por queso de cabra o por un emmental rallado, añade unas espinacas salteadas antes del huevo o prueba los huevos revueltos con tomate, que incorporan un sofrito ligero a la sartén. Para un desayuno más contundente, el jamón serrano y el pimiento de esta receta ya forman un plato completo. Y si un día quieres los huevos de otra forma, los huevos rellenos de carne sirven como entrante frío.

El punto es lo que más se tuerce. Si el revuelto se te ha quedado seco, añade fuera del fuego una cucharada de nata o de leche y una nuez de mantequilla, y remueve: recupera parte de la cremosidad. Si suelta agua en el plato, casi siempre viene de una mozzarella fresca mal escurrida o de verduras poco rehogadas. Para evitarlo, seca bien el queso y deja que la cebolla pierda su agua antes de echar el huevo: son los trucos que dejan el plato sin charco.

Siendo una cena tan fácil y rápida, la compra pesa mucho. Busca huevos con la fecha de puesta más reciente posible y mozzarella en bloque si quieres más hilo y menos agua. Guarda los huevos en la nevera, en su caja, y sácalos unos minutos antes de batirlos: a temperatura ambiente cuajan de forma más pareja. Si vas a servirlos como plato único y no como desayuno, sube a 8 huevos para 4 personas.

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