Anís, ralladura de limón y aceite de oliva virgen extra perfuman la masa de estas rosquillas caseras fritas, de corteza dorada y miga densa, que se preparan con harina, huevos y azúcar sin batidora ni moldes. La masa necesita media hora de reposo, así que entre amasar, formar y freír cuenta con algo menos de 1 hora, y la cantidad da unas 25 o 30 piezas medianas, suficientes para que 4 personas repitan en más de una merienda.

En España casi cada zona tiene las suyas. En Madrid, por San Isidro, se venden las tontas, sin cobertura, y las listas, bañadas en azúcar; en muchas casas, las rosquillas fritas son el dulce de Semana Santa. Las de esta receta pertenecen a la familia de las fritas con anís, parientes de las rosquillas caseras de anís, más que a la de las horneadas, que quedan más secas y quebradizas.

Lo que más influye en el resultado es la temperatura del aceite de freír. A unos 170 °C la rosquilla se dora en unos 4 minutos y queda hecha por dentro; más caliente se tuesta por fuera y queda cruda en el centro, y más fría absorbe grasa. En la masa, añade el anís poco a poco, 1 o 2 cucharadas, porque su sabor se intensifica al freír. Formar los aros es un trabajo entretenido para hacer con niños, lavándose las manos antes y después porque la masa lleva huevo crudo, y eso hace de ella una receta fácil de compartir en casa una tarde de fin de semana.

Información nutricional(por ración)

Energía

202 kcal

Hidratos

29 g

Grasas

1 g

Fibra

4 g

Proteínas

8 g

¿Cuántos comensales?
4
Harina de repostería
Harina de repostería
500 gramos
Huevo
Huevo
3 unidades
Azúcar blanco
Azúcar blanco
150 gramos
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
1 taza de café
Anís
Anís
al gusto
Limón
Limón
1 unidad ralladura
Imágenes generadas con IA
Cooking Mode Desactivado

Con el Cooking Mode tu pantalla no va a entrar en modo hibernación...

Paso 1 de 3

Haz el volcán y amasa

Haz el volcán y amasa

Coloca los 500 g de harina de repostería sobre la mesa de trabajo, o en un bol grande, y abre un hueco en el centro como si fuera un volcán. Dentro, pon los 3 huevos, los 150 g de azúcar, la taza de café de aceite de oliva virgen extra, la ralladura de 1 limón, solo la parte amarilla porque la blanca amarga, y un chorrito de anís, 1 o 2 cucharadas según la intensidad que busques.

Bate primero el centro con un tenedor y ve incorporando la harina de los bordes de forma gradual, hasta que no quede líquido suelto. Después amasa con las manos unos 5 minutos, hasta obtener una masa suave y uniforme que no se pegue a los dedos; si se pega, añade harina a cucharadas. Tápala con un paño o con film y déjala reposar 30 minutos a temperatura ambiente, para que la harina se hidrate y la masa se deje estirar sin romperse.

Paso 2 de 3

Forma los cordones y cierra los aros

Forma los cordones y cierra los aros

Si te untas las manos con algo de aceite, la masa no se te pegará. Toma porciones de unos 30 g y hazlas rodar sobre la mesa hasta formar cordones de 1,5 cm de grosor y unos 15 cm de largo. Une los extremos de cada cordón superponiéndolos un poco y presiona con los dedos para sellar bien la unión, porque si queda floja la rosquilla se abre en el aceite.

Coloca las rosquillas sobre una bandeja enharinada o sobre papel de horno, con espacio entre ellas. Intenta darles a todas un grosor parecido: así se fríen en el mismo tiempo y no quedan unas crudas y otras demasiado tostadas. Si la masa se resiste y encoge al estirarla, déjala 5 minutos más tapada y vuelve a intentarlo.

Paso 3 de 3

Fríe las rosquillas y rebózalas en azúcar

Fríe las rosquillas y rebózalas en azúcar

Calienta abundante aceite en un cazo o una sartén honda, con 4 o 5 cm de altura, a fuego medio, hasta unos 170 °C: una bolita de masa debe subir a la superficie rodeada de burbujas en pocos segundos. Introduce las rosquillas con cuidado, de 4 en 4 para no enfriar el aceite, y fríelas hasta que tomen un dorado intenso, unos 2 minutos por cara; dales la vuelta con una espumadera.

Sácalas a un recipiente con papel absorbente para que escurran el aceite. Mientras aún están templadas, rebózalas en azúcar glas o en una mezcla de azúcar y canela, que se agarra mucho mejor que si esperas a que se enfríen. Abre la primera rosquilla para comprobar que la miga no queda cruda y, si hace falta, baja un poco el fuego antes de seguir con el resto.

Consejos finales

Si las rosquillas caseras quedan crudas por dentro y muy oscuras por fuera, el aceite estaba demasiado caliente; si absorben grasa y salen pálidas, le faltaba temperatura. Freír una sola de prueba y ajustar el fuego antes de meter el resto es el truco que evita perder una tanda entera. Una masa demasiado blanda, que se deforma en el aceite, se corrige con un poco más de harina, y una masa dura y seca, con unas gotas de aceite o un chorrito más de anís.

Esta masa no lleva levadura, por eso las rosquillas salen densas y algo crujientes, al estilo tradicional de las de anís. Para una versión más esponjosa, añade a la harina 1 sobre de levadura química, unos 16 g, y respeta el mismo reposo. También puedes cambiar el limón por ralladura de naranja o sustituir parte de la harina por almendra molida, en la línea de las rosquillas de almendra y nuez. Si en casa hay alguna intolerancia, las rosquillas sin gluten ni lactosa parten de otra masa pensada para ello.

Acompáñalas con café, chocolate caliente o un vaso de leche fría; en la mesa del desayuno aguantan bien junto a un zumo y algo de fruta. Para darles un acabado brillante, báñalas en un glaseado de azúcar glas y zumo de limón, como las listas madrileñas, y deja que se seque sobre una rejilla; si prefieres el rebozado clásico, las rosquillas con azúcar y canela lo llevan como protagonista.

Valora esta recetas 625 valoraciones
Añade esta receta a tus favoritos Y tenla a mano siempre que quieras