Cuando hay una coliflor grande en la nevera y poco tiempo, la coliflor con ajo y huevo convierte esa verdura en un plato de tenedor completo, con los ramilletes dorados en aceite y un par de huevos cuajados por encima. Necesitas unos 25 minutos desde que pones el agua a hervir, y con una pieza grande y 2 huevos sirves 4 personas, como guarnición abundante o como primer plato.

Es una forma tradicional de comer coliflor en muchas casas de España, muy próxima a la coliflor al ajillo: la verdura se cuece primero en agua con caldo, se escurre y termina en la sartén con un refrito de ajo. El huevo batido que se añade al final envuelve los ramilletes, les da un color amarillento y une el conjunto sin necesidad de salsa.

La coliflor está en su mejor momento entre el otoño y el final del invierno. Elige una pieza compacta, pesada para su tamaño, de pella blanca o marfil, sin puntos negros, y con hojas verdes tersas alrededor. Las hojas más tiernas y el tronco pelado también se pueden cocer y saltear con el resto, así que no hace falta tirar casi nada.

Todo depende del hervor: los ramilletes pequeños, de unos 3 cm, piden de 8 a 10 minutos, y están listos cuando un cuchillo fino los atraviesa con algo de resistencia. Pasada de cocción, la coliflor se deshace al mezclarla con el huevo y suelta agua; un poco firme, en cambio, aguanta la sartén y toma color.

Información nutricional(por ración)

Energía

130 kcal

Hidratos

10 g

Grasas

5 g

Fibra

8 g

Proteínas

7 g

¿Cuántos comensales?
4
Coliflor
Coliflor
1 unidad grande
Huevo
Huevo
2 unidades
Ajo
Ajo
5 dientes
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
Agua
Agua
al gusto
Sal
Sal
al gusto
Avecrem Vegetal
1 pastilla
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Paso 1 de 4

Cuece la coliflor en caldo de verduras

Quita las hojas exteriores de la coliflor, corta el tronco grueso y separa la pella en ramilletes pequeños, del tamaño de una nuez, así se cocinan todos al mismo ritmo. Lávalos bajo el grifo y escúrrelos. Llena una olla amplia con agua que los cubra, llévala a ebullición y desmiga encima del agua la pastilla de Avecrem Vegetal; con ella la coliflor ya queda sazonada desde dentro, así que no añadas sal al agua.

Cuando el agua hierva, echa los ramilletes y déjalos de 8 a 10 minutos; tienen que quedar tiernos pero sin deshacerse. Escúrrelos en un colador y aparta medio vaso de ese caldo, que vas a necesitar luego. Deja la coliflor reposar en el colador un par de minutos mientras echa el vapor: cuanto más seca llegue a la sartén, mejor se dorará y menos agua soltará sobre el huevo.

Paso 2 de 4

Dora los ajos y rehoga la coliflor

Mientras la coliflor escurre, quita la piel a los 5 ajos y pícalos finos o córtalos en láminas, según te guste encontrarlos. Cubre el fondo de una cacerola ancha o una sartén honda con aceite de oliva virgen extra, sin escatimar, y ponla a fuego medio. Añade el ajo con el aceite todavía templado y que se confite despacio, removiendo, unos 3 minutos, hasta que tome un tono dorado claro y huela intenso. No lo dejes oscurecer: un ajo quemado deja un amargor que ya no se quita.

Incorpora entonces la coliflor escurrida y mézclala con el ajo para que cada ramillete quede impregnado del aceite. Aviva el fuego y saltéala unos 4 minutos, moviendo la cacerola, hasta que algunos bordes se doren ligeramente.

Paso 3 de 4

Cuaja la coliflor con ajo y huevo

Bate los 2 huevos en un cuenco con una pizca de sal, solo lo justo para que la yema y la clara se mezclen. Modera el fuego y vierte el huevo repartido sobre la coliflor caliente. Remueve con suavidad, con espátula y desde el fondo, para que el huevo envuelva los ramilletes sin romperlos.

En 1 o 2 minutos verás que la mezcla toma un color amarillento y el huevo empieza a cuajar en grumos pequeños pegados a la verdura: así sabes que ya está. Aparta la cacerola en cuanto el huevo haya cuajado y siga jugoso, porque el calor residual lo termina. Si lo ves algo seco, añade unas cucharadas del caldo apartado, que hace las veces de caldo de verduras y le da melosidad. Prueba y ajusta de sal con cuidado, porque la pastilla de caldo ya aporta bastante.

Paso 4 de 4

Sirve caliente con perejil y limón

Lleva la coliflor a la mesa recién hecha, en la misma cacerola o repartida en 4 platos calientes, para que el huevo no se enfríe ni se reseque. Si tienes perejil fresco, pica un puñado y espárcelo justo al servir: aporta frescor y un contraste de color con el amarillo del huevo. Un poco de limón exprimido, o un gajo en cada plato para que cada comensal lo dosifique, equilibran el sabor del ajo.

Como guarnición acompaña bien a una merluza al horno o a una carne a la plancha. Como plato único, completa la comida con pan y una ensalada. Antes de servir, prueba un ramillete para comprobar que la coliflor está tierna por dentro y el ajo no ha amargado.

Consejos finales

Servida como plato principal, la coliflor con ajo y huevo acepta algún añadido sin perder su sencillez: unos dados de jamón salteados con el ajo, un puñado de gambas peladas en el último minuto o unas almendras laminadas tostadas. Tal como está ya es vegetariana, siempre que uses la pastilla de caldo vegetal indicada. Para una comida de verduras más completa, sírvela junto a un pisto de verduras.

Un truco fácil: deja la coliflor en el colador hasta que deje de humear antes de llevarla a la sartén, y no soltará agua sobre el huevo. Tampoco tapes la cacerola mientras cuaja, porque el vapor condensado lo humedece y lo deja gomoso. Hecha paso a paso con esa atención, la receta queda al alcance de cualquiera, con una olla, una cacerola y pocos ingredientes, el huevo jugoso y la verdura entera.

El huevo cuajado pierde textura al recalentarse, así que compensa calcular la cantidad justa. Si te sobra, tápala bien, refrigérala y cómela en 1 o 2 días; dale calor en sartén con la llama baja, sin microondas a máxima potencia, que endurece el huevo. No la congeles: la coliflor cocida se vuelve acuosa al descongelarse.

Los ramilletes más grandes, los que no caben bien en la cacerola, puedes guardarlos crudos en la nevera hasta 3 o 4 días y darles otra salida, por ejemplo en una coliflor rebozada como entrante crujiente, que convence a quienes la rechazan hervida.

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