El problema más habitual de las albóndigas caseras es que salen duras y apretadas, y estas albóndigas blanditas de mamá lo evitan con 3 huevos en la masa, miga de pan mojada en leche y una cocción larga en caldo de pollo en lugar de en salsa espesa. Entre una cosa y otra se va 1 hora y media larga, con 45 minutos de cocción tranquila al final; la cazuela es para 4 personas.

La palabra albóndiga viene del árabe hispano y significa bolita, y en España se guisan de muchas maneras: en salsa de almendras, con sepia en la costa catalana, con guisantes o con salsa de tomate.

Esta versión es de las más sencillas y familiares, con un caldo hecho con caparazón de pollo, cebolla, tomate y ajo que se cuela y se sirve con las albóndigas, sin espesar. El resultado se parece más a una sopa con albóndigas que a un guiso, y por eso el pan para mojar forma parte del plato.

Sobre la carne, la de cerdo picada con algo de grasa queda más jugosa que una muy magra, y si la mezclas con ternera ganas sabor. Lo que más influye en la textura, en cualquier caso, es la mano: mezcla lo justo para repartir los ingredientes y deja reposar la masa de 10 a 15 minutos antes de formar las bolas. Después basta con freírlas por tandas para dorarlas, sin hacerlas por dentro, y dejar que el caldo haga el resto.

Información nutricional(por ración)

Energía

350 kcal

Hidratos

30 g

Grasas

2 g

Fibra

25 g

Proteínas

20 g

¿Cuántos comensales?
4
Pimienta negra molida
Pimienta negra molida
al gusto
Vino blanco
Vino blanco
1 chorro pequeño
Huevo
Huevo
3 unidades
Pan rallado
Pan rallado
1 cucharada de café opcional, por si la masa de carne picada no queda compacta
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto abundante para freír las albóndigas
Avecrem Pollo
1 pastilla
Colorante
Colorante
al gusto
Perejil
Perejil
al gusto fresco
Caparazón de pollo
Caparazón de pollo
1 unidad
Cebolla
Cebolla
1 unidad mediana
Tomate
Tomate
1 unidad mediano
Ajo
Ajo
4 dientes
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
2 cucharadas
Sal
Sal
al gusto
Carne de cerdo
Carne de cerdo
al gusto
Ajo
Ajo
1 diente rallado
Patata fritas
Patata fritas
al gusto surtido bolitas y patatas gajo; podéis usar las que queráis
Imágenes generadas con IA
Cooking Mode Desactivado

Con el Cooking Mode tu pantalla no va a entrar en modo hibernación...

Paso 1 de 9

Mezcla la carne con los aromáticos

En un bol grande pon la carne picada de cerdo; también puedes usar una mezcla de cerdo y ternera, que da un sabor algo más intenso. Ralla encima el diente de ajo, quitándole antes el germen del centro para que no repita, y añade sal con moderación, el perejil picado fino, una pizca de colorante, media pastilla de Avecrem Pollo desmenuzada, un poco de nuez moscada rallada y pimienta negra molida.

Incorpora la miga de pan mojada en leche y bien escurrida y un chorro pequeño de vino blanco. Mezcla con una cuchara o con las manos lo justo para que todo quede repartido, sin amasar en exceso: cuanto más trabajas la carne, más se aprieta y más dura sale la albóndiga. Guarda la otra media pastilla para el caldo.

Paso 2 de 9

Liga la masa con los huevos

Cuando la carne y los condimentos estén bien repartidos, casca los 3 huevos directamente sobre la mezcla. Con un tenedor, bátelos primero un poco en la superficie y después ve integrándolos con la carne con movimientos envolventes, como si siguieras batiendo. Así el huevo se distribuye sin necesidad de amasar y la mezcla queda ligada y esponjosa.

La masa tiene que quedar homogénea, húmeda y algo pegajosa, pero con cuerpo: al coger una porción con la cuchara debe mantener la forma. Si la ves muy blanda no te preocupes todavía, porque en el reposo espesa. Esta proporción de huevo, más alta de lo habitual en otras albóndigas, es precisamente lo que deja estas tan tiernas por dentro.

Paso 3 de 9

Deja reposar la masa y pon el caldo

Tapa el bol y deja reposar la masa unos 10 minutos en la nevera. En ese tiempo la miga y el huevo absorben los jugos y la mezcla toma consistencia. Si pasado el reposo sigue muy blanda, añade la cucharadita de pan rallado, mezcla y espera otros 5 a 7 minutos.

Aprovecha la espera para poner el caldo, que tiene que estar cociendo cuando termines de freír. En una olla amplia, con 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, dora ligeramente la cebolla y el tomate troceados con los 4 dientes de ajo, añade el caparazón de pollo y la otra media pastilla de Avecrem Pollo y cubre con agua. Lleva a ebullición, retira la espuma que suba y mantén un hervor medio mientras formas y fríes las albóndigas.

Paso 4 de 9

Forma las albóndigas

Con las manos ligeramente humedecidas, coge porciones de unos 3 cm de diámetro, y redondéalas girándolas entre las palmas sin apretar. Si la masa se te pega, vuelve a mojarte las manos. Otra opción es usar un vaso pequeño: pon una porción dentro, tápalo con la mano y agítalo hasta que la bola se redondee sola.

Procura que todas tengan el mismo tamaño para que se frían y se cuezan a la vez. A medida que las formes, pásalas ligeramente por harina o por pan rallado y colócalas en una bandeja sin que se toquen. La harina sella la superficie, forma una capa dorada al freír y, además, espesa un poco el caldo durante la cocción.

Paso 5 de 9

Fríe las albóndigas por tandas

Pon en una sartén de bordes altos unos 2 cm de aceite de oliva virgen extra, abundante, a fuego medio-alto. Está a punto cuando, al echar una pizca de masa, burbujea enseguida alrededor. Fríe las albóndigas en tandas de 6 u 8, sin llenar la sartén: si pones demasiadas a la vez, el aceite se enfría, absorben grasa y no llegan a tomar color.

Gíralas con 2 cucharas o con una espumadera para que se doren por todos los lados, entre 3 y 4 minutos por tanda. Por dentro pueden quedar crudas, ya que el caldo termina el trabajo. Déjalas escurrir sobre papel de cocina y continúa con la siguiente tanda hasta terminar.

Paso 6 de 9

Cuece las albóndigas en el caldo

Cuando tengas todas fritas, el caldo ya habrá cogido sabor a pollo y a verdura. Con el caldo cociendo suavemente, ve metiendo las albóndigas en la olla de una en una, sin dejarlas caer de golpe. Deben quedar cubiertas por el líquido; si asoman, completa con agua caliente.

Deja que se cocinen a fuego medio-bajo durante unos 45 minutos, con un hervor suave y constante, sin que llegue a borbotear con fuerza, porque el movimiento las rompería. Para moverlas, sacude la olla sujetándola por las asas, sin meter cuchara. Esta cocción larga es la que las deja blanditas: la carne se hidrata con el caldo y, a la vez, el caldo se enriquece con el sabor de la carne frita.

Paso 7 de 9

Pásalas a la cazuela

Pasados los 45 minutos, apaga el fuego. Saca las albóndigas de la olla una a una con una espumadera, dejando que escurran un poco de caldo, y colócalas en una cazuela, mejor de barro, o en una cacerola amplia, en una sola capa si es posible. Hazlo con calma: a estas alturas están muy tiernas y se parten con facilidad si las coges con prisa o las amontonas.

La cazuela de barro es la opción tradicional porque mantiene el calor mucho tiempo y se puede llevar directamente a la mesa. Si no tienes, cualquier cacerola de fondo grueso sirve. Deja el caparazón y las verduras en la olla, porque el caldo se cuela en el paso siguiente.

Paso 8 de 9

Cuela el caldo y cubre las albóndigas

Pasa el caldo de la olla por un colador fino para retirar el caparazón, los restos de verdura y la espuma que pueda quedar. Si quieres aprovechar más sabor, aplasta la cebolla y el tomate contra la malla. Prueba el caldo y ajusta de sal con cuidado, porque ya lleva la pastilla.

Vierte el caldo colado poco a poco sobre las albóndigas de la cazuela, hasta cubrirlas casi por completo. Así se mantienen jugosas mientras llegan a la mesa y no se secan. Si te gusta más espeso, tritura parte de la cebolla y el tomate con unos cucharones de caldo y añádelo a la cazuela: tendrás una salsa ligera sin necesidad de harina.

Paso 9 de 9

Sirve con patatas fritas

Sirve la cazuela humeante y reparte las albóndigas en plato hondo, con un buen cucharón de caldo por persona. Ese caldo es la parte que más se aprecia, así que no olvides el pan para mojar.

Acompáñalas con patatas fritas, como se han servido siempre en muchas casas: unas patatas gajo recién fritas aportan el contraste crujiente frente a una carne tan tierna, y las bolitas de patata o las patatas fritas de bolsa son la opción rápida que más gusta a los niños. Si prefieres una guarnición sin fritura, un arroz blanco cocido también recoge muy bien el caldo.

Consejos finales

Estas albóndigas blanditas de mamá mejoran con el reposo y se guardan 3 o 4 días en frío, siempre cubiertas de líquido para que no se resequen. También aguantan congeladas hasta 3 meses en un recipiente hermético con su caldo. Descongélalas en la nevera y recaliéntalas en una cazuela tapada a fuego suave, sin que el caldo llegue a hervir con fuerza. En el microondas, usa un recipiente tapado con caldo de sobra y calienta en tandas de 1 minuto, moviendo el recipiente entre medias, para que el centro no se quede frío mientras el borde hierve.

Aquí no hay ningún truco secreto: la carne de cerdo con algo de grasa, mezclada lo justo, queda tierna, y la misma carne magra y muy amasada se aprieta. Si se te deshacen al freír, a la masa le faltaba reposo o una cucharadita de pan rallado; si se rompen dentro de la olla, el hervor era demasiado fuerte. Formar las bolas con las manos mojadas es una tarea fácil para los niños, que en casa suelen ser los primeros en apuntarse; eso sí, que se laven bien las manos antes y después de tocar la carne y el huevo crudos.

A partir de este caldo puedes cambiar el final del plato. Maja unas almendras fritas con ajo y un poco de caldo y tendrás algo parecido a las albóndigas en salsa de almendras, o cuece unas patatas en el mismo caldo para unas albóndigas con patatas de plato único. Y si sobra caldo colado, guárdalo para una sopa de fideos o como base de un caldo de pollo más concentrado.

Valora esta recetas 30 valoraciones
Añade esta receta a tus favoritos Y tenla a mano siempre que quieras