La salsa romesco es una emulsión espesa de tomate y ajo asados, avellanas tostadas, aceite de oliva virgen extra y un punto de vinagre, con un color anaranjado y un sabor tostado que va igual de bien con verduras a la brasa que con pescado o carne. Las cantidades dan salsa para 6 personas, y entre el asado y el triturado necesitas alrededor de 1 hora, más otra de reposo en la nevera para que todo se integre.

Es una salsa de la provincia de Tarragona, y en el Camp de Tarragona es la compañera de los calçots, las cebollas tiernas que se asan a la brasa en invierno; en Valls, la versión que se sirve en la calçotada recibe un nombre propio, salvitxada. Muchas casas añaden ñoras remojadas, pimiento choricero o almendras junto a las avellanas, y cada familia defiende su proporción. Esta versión prescinde de las ñoras y deja que mande el dulzor del tomate asado.

Para elegir los tomates, busca piezas maduras y carnosas, de rama o tipo pera, que tengan poca agua: dan una salsa más densa y de color más vivo, mientras que los tomates de ensalada muy acuosos la dejan clara y líquida. El vinagre conviene añadirlo poco a poco: un exceso leve se suaviza con aceite, pero uno grande ya no se arregla. Probando a menudo, es una salsa fácil de equilibrar, y también funciona como base para mojar unos calçots rebozados cuando no hay brasa a mano.

Información nutricional(por ración)

Energía

345 kcal

Hidratos

11 g

Grasas

31 g

Fibra

4.5 g

Proteínas

6.2 g

¿Cuántos comensales?
6
Tomate
Tomate
6 unidades
Ajo
Ajo
8 unidades entero
Avellanas tostadas
Avellanas tostadas
100 gramos
Pimienta
Pimienta
al gusto
Sal
Sal
al gusto
Vinagre
Vinagre
al gusto
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
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Paso 1 de 5

Asa los tomates y los ajos

Asa los tomates y los ajos

Enciende el horno para que alcance 200 °C. Haz un pequeño corte en cruz en la base de los 6 tomates para que no revienten con el calor y colócalos en una bandeja de horno junto a 6 de los 8 ajos enteros, con su piel. Riega todo con un chorrito de aceite de oliva virgen extra. Reserva los 2 ajos restantes crudos para el triturado.

Asa durante 30 a 40 minutos, según el tamaño de los tomates, hasta que la piel esté arrugada y tostada en algunas zonas y la carne, blanda. Los ajos se hacen antes: retíralos hacia los 20 minutos, cuando estén tiernos al presionarlos, porque si se queman amargan toda la salsa. Si no quieres encender el horno, puedes escalivarlos en una sartén cubierta con papel de aluminio, tapada y a fuego lento, girándolos cada pocos minutos hasta que estén blandos.

Paso 2 de 5

Repasa el tostado de las avellanas

Repasa el tostado de las avellanas

Mientras se asan las hortalizas, pon los 100 g de avellanas tostadas en una sartén sin aceite a fuego medio durante 3 o 4 minutos, moviéndolas a menudo. No necesitan cocinarse, pero este repaso despierta su aroma y les devuelve el crujiente si llevan tiempo abiertas. Vigílalas sin despistarte: en cuanto huelan a tostado, retíralas, porque un exceso de calor da un amargor que luego se nota en la salsa.

Si conservan la piel oscura, envuélvelas aún calientes en un paño de cocina limpio y frótalas entre las manos para que se desprenda. Esa piel enturbia el color y aporta un punto áspero. No hace falta que queden perfectas; basta con quitar la mayor parte. Déjalas enfriar en un plato: si las trituras calientes, sueltan su grasa y la salsa queda más pesada.

Paso 3 de 5

Pela y aprovecha la pulpa asada

Pela y aprovecha la pulpa asada

Cuando los tomates estén lo bastante templados para manipularlos, unos 10 minutos después de sacarlos, retírales la piel, que saldrá casi sola. Si buscas una textura más fina, quita también las semillas con una cucharilla. Para los ajos asados, aprieta cada diente desde la base y la pulpa saldrá con textura de pomada; descarta la piel.

Pon la pulpa de tomate y de ajo en el vaso alto de la batidora o en un mortero grande si prefieres el método tradicional. Añade las avellanas peladas y 1 o 2 de los ajos crudos reservados, según quieras la salsa más suave o más picante. Echa también los jugos que hayan quedado en la bandeja del horno: concentran buena parte del sabor del asado y ayudan a que la mezcla arranque sin tanto aceite.

Paso 4 de 5

Tritura y emulsiona con el aceite

Tritura y emulsiona con el aceite

Añade sal, un poco de pimienta y un chorrito pequeño de vinagre, y empieza a triturar. Con la batidora en marcha, o con un robot de cocina a velocidad media, vierte el aceite de oliva virgen extra en un hilo fino y constante, como si montaras una mayonesa: así la grasa se integra poco a poco y la salsa emulsiona en lugar de cortarse. Tritura hasta que no se noten trozos grandes de avellana, aunque una textura algo granulada es la propia de esta salsa.

La cantidad de aceite depende de lo jugosos que estén los tomates. Ve añadiéndolo a medida que la salsa se espese, hasta que caiga de la cuchara en un cordón grueso, sin quedar líquida ni pastosa. El vinagre, echado poco a poco y probando cada vez, equilibra la grasa de las avellanas; si te pasas un poco, otro hilo de aceite lo compensa, pero un exceso grande ya no tiene arreglo.

Paso 5 de 5

Rectifica de sal y deja reposar

Rectifica de sal y deja reposar

Prueba y ajusta de sal y pimienta. Si la notas plana, añade unas gotas más de vinagre; si resulta áspera o demasiado ácida, otro hilo de aceite la suaviza. Cuando ha quedado demasiado espesa, una cucharadita de agua templada la aligera sin cambiar su sabor. Tritura unos segundos después de cada corrección para que quede homogénea.

Pásala a un bol, tápala y déjala reposar en la nevera al menos 1 hora. En ese tiempo el ajo crudo se suaviza y los sabores del tomate asado y la avellana se unen. Sácala unos 20 minutos antes de servirla, porque a temperatura ambiente se aprecian mejor sus matices y vuelve a tener una textura cremosa. Remuévela justo al final por si el aceite se ha separado un poco en la superficie.

Consejos finales

Va bien con calçots, con puerros o cebollas tiernas a la brasa y con unas alcachofas asadas al horno, pero también con carnes y pescados a la plancha y con patatas asadas. Junto a una lubina al horno o una ración de verduras a la plancha, convierte un plato sencillo en algo más completo. Rebajada con un poco más de aceite y vinagre, sirve como aliño para una ensalada de escarola con atún, anchoas y olivas negras de Aragón, en la línea del xató catalán. Para una versión más intensa, añade 1 o 2 ñoras remojadas en agua caliente 30 minutos, raspando solo la carne, o un puñado de almendras tostadas junto a las avellanas.

Retira los ajos del horno antes que los tomates, para que no amarguen, y echa el vinagre en varias veces probando entre una y otra: son los 2 trucos que evitan casi todos los disgustos con esta salsa. Si aun así se corta al emulsionar, pon en un vaso limpio una cucharada de agua templada y ve añadiendo la salsa cortada mientras trituras, poco a poco, hasta que vuelva a ligar.

En un tarro de cristal bien cerrado, con una fina capa de aceite por encima, aguanta 4 o 5 días en la nevera. También se puede congelar hasta 3 meses en porciones pequeñas; al descongelarla en la nevera puede separarse algo de aceite, que se recupera dándole unos segundos de batidora antes de servirla.

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