Dorar bien la carne antes de mojarla es lo que separa unas costillas de cerdo guisadas con sabor de un cocido pálido, y en esta versión es el gesto que más cuenta. Sirve a 4 personas como plato único y pide 1 hora y cuarto, más o menos: el dorado, alrededor de 1 hora de hervor suave y una reducción corta al final. La salsa, espesa y rojiza, sale del sofrito, el pimentón y el propio jugo de la carne.

Empieza por la carnicería. Pide costilla de cerdo fresca, sin adobar, cortada en trozos de 4 o 5 cm para que quepan en la cazuela y se doren bien por todas las caras; para 4 raciones, calcula alrededor de 1 kg con hueso. La proporción de grasa y hueso de la costilla es la que da jugosidad y, al cocer despacio, su colágeno espesa la salsa sin una pizca de harina. Si la compras adobada, el pimentón y el ajo del adobo se imponen y el guiso cambia por completo. La de cerdo blanco es la habitual; la ibérica, con más grasa infiltrada, queda más melosa, aunque deja más grasa en la salsa que conviene retirar.

Las variantes son muchas: hay quien le pone patatas chascadas para que su almidón ligue la salsa, quien moja con un vaso de vino blanco antes del agua o quien añade setas en otoño. Esta receta tradicional va al grano, con el Sofrito Casero de Tomate y Cebolla como base y pimentón dulce para el color; si prefieres unas costillas guisadas con patatas, al final tienes cómo hacerlo.

Información nutricional(por ración)

Energía

425 kcal

Hidratos

6 g

Grasas

32 g

Fibra

2 g

Proteínas

28 g

¿Cuántos comensales?
4
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
15 mililitros
Pimienta negra molida
Pimienta negra molida
5 gramos
Pimentón
Pimentón
5 gramos
Sal
Sal
5 gramos
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Paso 1 de 4

Salpimienta y dora las costillas

Saca las costillas de la nevera unos 20 minutos antes para que no entren heladas en la cazuela; si están muy frías, sueltan agua y hierven en su propio jugo y no se doran. Sécalas con papel de cocina y salpimiéntalas por todos los lados con los 5 g de sal y los 5 g de pimienta negra.

Calienta los 15 ml de aceite de oliva virgen extra en una olla baja o cazuela ancha a fuego medio-alto. Cuando el aceite esté bien caliente, coloca las costillas sin amontonarlas, por tandas si no caben holgadas, y déjalas quietas 2 o 3 minutos por cara, hasta que se forme una costra tostada. Si el aceite no está a temperatura, la carne suelta su jugo y queda dura. Ese dorado deja en el fondo una capa caramelizada que luego se disuelve en la salsa y le da profundidad. Cuidado con las salpicaduras al darles la vuelta.

Paso 2 de 4

Añade el sofrito y el pimentón

Pon el fuego a potencia media y, con todas las costillas ya en la cazuela, añade los 250 g de Sofrito Casero de Tomate y Cebolla. Remueve rascando la base de la cazuela con una paleta de madera, así se despega lo que se ha tostado durante el dorado: esos restos son sabor y se integran en el sofrito en 1 o 2 minutos.

Espolvorea entonces los 5 g de pimentón (dulce, o de la Vera si te gusta el punto ahumado) y remueve enseguida, sin dejar de mover durante unos 30 segundos. El pimentón se quema muy rápido y, si se pasa, amarga todo el guiso; por eso va sobre el sofrito, que tiene humedad y lo protege, y nunca directamente sobre el aceite solo. Comprueba que todas las costillas quedan bien untadas de la mezcla antes de mojarlas.

Paso 3 de 4

Cuece a fuego suave cerca de 1 hora

Cubre las costillas con agua o, si lo quieres más intenso, con caldo de carne, lo justo para que queden cubiertas. Sube el fuego hasta que arranque a hervir y bájalo enseguida para mantener un hervor suave, con burbujas pequeñas en la superficie. Tapa la cazuela, dejando una rendija si ves que hierve con fuerza.

Deja que se cocinen entre 50 y 70 minutos, según el grosor de los trozos y lo carnosa que sea la costilla. En ese tiempo el colágeno de la costilla se va deshaciendo, la carne se ablanda y la salsa toma cuerpo. Echa un vistazo cada 15 minutos y remueve: si el líquido baja demasiado y las costillas quedan al aire, vierte algo más de agua caliente, poca cada vez para no aguar el guiso. Un hervor fuerte endurece la carne en vez de ablandarla, así que el fuego debe quedarse bajo todo el rato.

Paso 4 de 4

Reduce la salsa y deja reposar

Cuando la carne esté casi tierna, destapa la cazuela y deja que hierva suave otros 5 a 10 minutos para que la salsa reduzca, se concentre y quede brillante. Comprueba el punto pinchando una costilla: la carne debe separarse del hueso con solo empujarla con el tenedor. Si aún ofrece resistencia, tapa y dale 10 minutos más. Ajusta la sal ahora, con la salsa ya reducida, porque antes engaña.

Si la salsa no espesa lo que quieres, disuelve media cucharada sopera de maicena en un poco de agua fría, añádela y deja hervir 1 o 2 minutos removiendo; apenas altera el sabor. Fuera del fuego, deja la cazuela tapada entre 5 y 10 minutos antes de comer, para que la carne repose y la salsa termine de envolverla.

Consejos finales

Como casi todos los guisos de carne, al día siguiente está mejor. Bien tapado, aguanta 3 días en frío; en frío verás que la salsa gelifica, señal del colágeno que ha soltado la costilla. Antes de recalentar, retira con una cuchara la grasa que se ha solidificado arriba y calienta a fuego suave, tapado y con un chorrito de agua. Si quieres congelarlo, aguanta unos 3 meses en el congelador, y conviene que cada trozo quede sumergido en su salsa para que la carne no se reseque.

Unas patatas fritas en dados o un arroz blanco recogen la salsa; para algo más ligero, una ensalada verde. Si prefieres las patatas dentro del guiso, mira la costilla guisada con patatas: chascarlas, clavando el cuchillo y arrancando el trozo sin terminar el corte, hace que suelten almidón y espesen la salsa por sí solas.

En olla rápida, después de dorar la carne y añadir el sofrito, unos 20 minutos de presión bastan para que la costilla quede tierna; luego destapa y reduce la salsa a fuego vivo. Como guiso fácil para empezar con la cocina de cazuela funciona muy bien, porque una vez tapada solo hay que vigilar que el hervor no se dispare. Sus trucos sirven para cualquier guiso de cerdo: dora la carne con el aceite muy caliente y por tandas, y echa el pimentón siempre sobre el sofrito, nunca sobre el aceite solo.

Las carrilleras de cerdo llevan la cocción lenta un poco más lejos y las manitas de cerdo en salsa son pura gelatina. Para un contraste dulce, las costillas de cerdo a la miel van al horno y se pintan con la salsa mientras se asan.

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