Preparar unas costillas de cerdo guisadas es uno de esos placeres que nos devuelven al sabor de la cocina de siempre, esa que reconforta y llena la casa de un aroma irresistible. En Gallina Blanca sabemos que el tiempo es oro, por eso nuestro Sofrito Casero de Tomate y Cebolla se convierte en el aliado perfecto para conseguir ese fondo con cuerpo y sabor tradicional sin tener que pasar horas picando verdura, permitiéndote disfrutar de un plato de diez con el mínimo esfuerzo.

Este plato tiene una larga trayectoria en el recetario español, siendo un pilar fundamental en las comidas familiares de domingo o en los días de frío donde un buen guiso es lo que más apetece. La carne de cerdo, especialmente la zona de la costilla, aporta una jugosidad única gracias a su proporción de grasa y hueso, que al cocinarse a fuego lento, crea una salsa untuosa y llena de matices que invita a mojar pan.

Si buscas los ingredientes de las costillas de cerdo guisadas para tu lista de la compra, verás que son elementos básicos que solemos tener en la despensa. Esta es una receta de costillas de cerdo guisadas fácil y directa, ideal para quienes se inician en los fogones pero quieren un resultado original y auténtico. Aprender a hacer costillas de cerdo guisadas de forma sencilla te permitirá resolver muchas comidas semanales con un éxito garantizado entre pequeños y mayores.

Información nutricional(por ración)

Energía

425 kcal

Hidratos

6 g

Grasas

32 g

Fibra

2 g

Proteínas

28 g

¿Cuántos comensales?
4
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
15 mililitros
Pimienta negra molida
Pimienta negra molida
5 gramos
Pimentón
Pimentón
5 gramos
Sal
Sal
5 gramos
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Paso 1 de 4

Sellar la carne para potenciar el sabor

El primer paso fundamental es preparar la carne. Salpimentamos las costillas generosamente y calentamos un chorrito de aceite de oliva virgen extra en una cazuela amplia a fuego medio-alto. Es importante que la carne esté a temperatura ambiente para evitar que suelte agua al entrar en contacto con el calor.

Doramos las piezas por todos sus lados hasta que adquieran un color tostado y apetecible. Este proceso, además de mejorar el aspecto visual, ayuda a sellar los jugos en su interior y deja en el fondo de la cazuela esos sedimentos caramelizados que aportarán una profundidad increíble a la salsa final.

Paso 2 de 4

Incorporar el sofrito y las especias

Una vez que la carne esté bien sellada, bajamos un poco el fuego e incorporamos el Sofrito Casero de Tomate y Cebolla de Gallina Blanca. Al estar ya cocinado a fuego lento, ahorramos tiempo y nos aseguramos de que la base del guiso tenga ese punto dulce y equilibrado de la cebolla pochada con el tomate.

Aprovechamos este momento para añadir el pimentón, removiendo rápido para que no se queme y amargue el plato. El calor del sofrito ayudará a que las especias liberen todos sus aromas, integrándose a la perfección con la carne y el aceite del sellado inicial.

Paso 3 de 4

Cocción lenta y melosa

Cubrimos las costillas con agua o, si prefieres un sabor más intenso, con un poco de caldo de carne. Es el momento de tapar la cazuela y dejar que el tiempo haga su magia. Debemos mantener un hervor suave y constante para que el colágeno de la carne se transforme y las piezas queden bien tiernas.

Durante este proceso, que suele durar unos cuarenta y cinco minutos, los sabores se concentran y la salsa empieza a reducirse. Si vemos que el líquido baja demasiado rápido, podemos añadir un poco más de agua, siempre con cuidado de no aguar el guiso para que mantenga toda su potencia.

Paso 4 de 4

Reducción final y reposo

En los últimos minutos de cocción, destapamos la cazuela para que la salsa termine de ligar y adquiera esa textura brillante y melosa que tanto nos gusta. Rectificamos el punto de sal si fuera necesario y comprobamos que la carne se desprende fácilmente del hueso con solo tocarla con un tenedor.

Es muy recomendable dejar reposar el guiso unos cinco o diez minutos antes de servirlo. Este breve descanso permite que los jugos se asienten y que la salsa termine de impregnar cada rincón de la carne, ofreciendo una experiencia mucho más redonda y sabrosa en el plato.

Consejos finales

Servir estas costillas de cerdo guisadas caseras es llevar a la mesa un trocito de tradición. Para que el plato luzca en todo su esplendor, te recomendamos acompañarlo con unas patatas fritas en dados o un poco de arroz blanco, que absorberán perfectamente la salsa. Si prefieres algo más ligero, una ensalada verde fresca equilibrará la intensidad de la carne.

Saber cómo preparar este guiso paso a paso te permite adaptar la receta a tus necesidades, ya sea en una versión más rápida usando la olla exprés o cocinando para cuatro personas si tienes invitados. No olvides aplicar los trucos que te hemos contado, como el sellado inicial de la pieza, para asegurar que el resultado sea siempre espectacular.

Si disfrutas con los platos tradicionales, no puedes dejar de probar nuestras melosas carrilleras de cerdo o las clásicas manitas de cerdo en salsa. Para los amantes de los sabores intensos, el solomillo a la pimienta es una opción fantástica, mientras que las costillas a la miel ofrecen un contraste dulce delicioso.

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