Masa de harina, huevo y leche estirada muy fina, cortada en triángulos y frita hasta que se hincha: así son las torrejas de esta receta, un dulce de sartén que se cubre de azúcar en cuanto sale del aceite. La cantidad da para 8 personas y, entre amasar, reposar, estirar y freír, se tarda alrededor de 1 hora, de la que media hora es reposo de la masa.

El nombre se presta a confusión. En muchos sitios, torreja es otra forma de llamar a la torrija de pan empapado en leche, y quien busque ese postre lo tiene en las torrijas caseras. Esta versión va por otro camino: no lleva pan, sino una masa que se estira muy fina y se corta antes de freír, de la misma familia que las hojuelas caseras o las orejas gallegas de Carnaval. Por eso el resultado se parece más a una galleta frita, crujiente en los bordes y algo esponjosa en el centro, que a una torrija jugosa. Se comen como merienda o postre, recién hechas y todavía templadas.

Todo se juega en el grosor y en el aceite. Estira la masa hasta unos 2 mm, casi transparente, porque gruesa se infla demasiado, absorbe grasa y queda cruda por dentro. El aceite va a unos 175 °C: por debajo, las torrejas chupan aceite; por encima, se queman antes de hincharse. Sin termómetro también es fácil acertar si haces antes una prueba con un recorte de masa: tiene que subir enseguida a la superficie rodeado de burbujas y dorarse en menos de 1 minuto por cada lado.

Información nutricional(por ración)

Energía

265 kcal

Hidratos

42 g

Grasas

8 g

Fibra

1.2 g

Proteínas

6 g

¿Cuántos comensales?
8
Leche
Leche
al gusto
Huevo
Huevo
3 unidades
Azúcar blanco
Azúcar blanco
al gusto
Harina de trigo
Harina de trigo
4 tazas
Sal
Sal
1 cucharada de café
Polvo de hornear
Polvo de hornear
2 cucharadas de café levadura química
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
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Paso 1 de 4

Mezcla la harina con sal y levadura

En un bol grande, pon las 4 tazas de harina de trigo y añade la cucharada de café de sal y las 2 cucharadas de café de levadura química (polvo de hornear). Mezcla bien con unas varillas o un tenedor durante 1 minuto, hasta que no veas vetas del polvo de hornear ni granos de sal juntos: si la levadura se queda concentrada en un punto, esa zona sube de más al freír y deja un regusto amargo.

Si la harina tiene grumos o lleva tiempo abierta, tamízala junto con la sal y el polvo de hornear; así se airea y después absorbe el líquido de forma más pareja. Haz un hueco en el centro de la mezcla, como un volcán, donde irán los huevos en el paso siguiente. Usa un bol amplio: te deja espacio para empezar a amasar sin que la harina se salga por los bordes.

Paso 2 de 4

Incorpora los huevos y la leche

Casca los 3 huevos y añádelos de uno en uno al hueco de la harina, intercalando cada huevo con un chorro de leche. Mezcla desde el centro hacia fuera, recogiendo poco a poco la harina de los bordes, y no añadas el siguiente huevo hasta que el anterior esté integrado. Este orden evita que se formen grumos de harina seca rodeados de líquido, que luego no hay forma de deshacer.

Con la leche ve con calma, porque la cantidad depende de la harina y del tamaño de los huevos. Busca una masa suave, que se despegue de las paredes del bol y no se pegue a los dedos. Si se pega, espolvorea un poco más de harina; si se agrieta al apretarla, añade unas gotas más de leche. Cuando esté unida, pásala a la encimera ligeramente enharinada para amasarla.

Paso 3 de 4

Amasa, estira y fríe los triángulos

Amasa unos 5 minutos, plegando y empujando con la palma, hasta que la masa esté lisa y elástica. Tápala con un paño y déjala reposar unos 30 minutos a temperatura ambiente: el gluten se relaja y después se estira sin encogerse ni romperse.

Divide la masa en 3 porciones y estira cada una con el rodillo sobre la encimera enharinada hasta dejarla de unos 2 mm, tan fina que casi se transparente pero sin romperse. Córtala en triángulos de unos 7 cm de lado con un cuchillo o una rueda de pizza.

Pon a calentar en una sartén honda abundante aceite de oliva virgen extra, hasta unos 175 °C. Fríe pocos triángulos cada vez, sin amontonarlos, de 30 segundos a 1 minuto por lado, hasta que se hinchen y estén dorados. Si los echas todos juntos, el aceite se enfría y salen grasientos.

Paso 4 de 4

Escurre y espolvorea con azúcar

Saca las torrejas con una espumadera, deja que escurran sobre la sartén un par de segundos y pásalas a una bandeja con papel absorbente de cocina. Entre tanda y tanda, retira los restos de masa que queden en el aceite, porque se queman y amargan las siguientes.

Espolvorea el azúcar blanco por los 2 lados mientras están recién fritas: el calor y la poca grasa que queda en la superficie hacen que se adhiera. La cantidad va al gusto, aunque una capa fina deja ver el dorado y no empalaga. Si prefieres rebozarlas, pon el azúcar en un plato llano y pasa cada triángulo por él.

Sírvelas enseguida. Calientes están crujientes por fuera y tiernas por dentro, pero al enfriarse se ponen duras, así que fríe solo las que se vayan a comer.

Consejos finales

Si las torrejas salen pálidas y grasientas, el aceite estaba frío o has metido demasiadas a la vez, porque cada tanda baja la temperatura varios grados: espera a que se recupere antes de seguir. Si se doran en segundos pero por dentro quedan pastosas, la masa estaba gruesa o el aceite pasaba de 180 °C. Y si al estirarla la masa encoge una y otra vez, necesita 10 minutos más de reposo tapada.

Pinchar cada triángulo 2 o 3 veces con un tenedor antes de freírlo es un truco tan simple como eficaz: así sube de forma pareja y no se forma una sola burbuja grande que se quema por arriba. En cuanto al sabor, otro de sus trucos consiste en mezclar el azúcar con canela molida o ralladura fina de limón, como en las torrijas espolvoreadas con canela y azúcar.

Recién hechas es como mejor están. Si sobran, guárdalas en una caja metálica o en un recipiente hermético a temperatura ambiente y tómalas en 1 o 2 días. Un par de minutos en el horno a 180 °C les devuelve parte del crujiente; el microondas, en cambio, las ablanda. No merece la pena congelarlas ya fritas, porque al descongelarse quedan correosas.

Para variar, báñalas en miel templada en lugar de azúcar, en la línea de las hojuelas con miel, o sírvelas con chocolate caliente para mojar. Otro dulce de sartén con la misma lógica de freír en tandas y rebozar en azúcar son las rosquillas caseras.

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