Para una comida con invitados, pocas cosas lucen tanto como un rodaballo al horno entero, asado sobre una cama de patatas panaderas, cebolla roja, pimiento y tomate que recoge los jugos que suelta la carne. Una pieza de 1,5 kg da lomos para 3 personas, con 1 kg de patatas de guarnición, y el plato está listo en unos 55 minutos, de los que algo menos de la mitad corresponden al horno.

Su carne es blanca, firme y gelatinosa, sobre todo junto a las aletas, y por eso se suele cocinar con poca cosa encima. La mayor parte del rodaballo que se vende en España procede de acuicultura, sobre todo de granjas gallegas, y es un producto de calidad estable todo el año; el salvaje, más caro, aparece en la lonja de forma más irregular. Elijas el que elijas, fíjate en que tenga los ojos brillantes y abultados, las agallas rojas y la carne tersa al apretarla con el dedo. En un pescado plano la cabeza y la espina pesan mucho: de 1,5 kg en bruto salen 3 raciones generosas, no más. Si prefieres no limpiarlo en casa, pide en la pescadería que lo vacíen y le corten las aletas.

Las patatas y el horno son las 2 cosas que hay que vigilar. Las patatas se prefríen sin dorarlas, en rodajas de medio centímetro, para que acaben de hacerse en el horno a la vez que el pescado. El horno va a 180 °C y no más allá de 20 o 25 minutos: con ese tiempo la carne se separa de la espina y sigue jugosa. El toque ahumado lo dan la sal Maldon y una cucharadita de aceite de semillas ahumado, una manera fácil de recordar a la brasa sin encender la barbacoa.

Información nutricional(por ración)

Energía

345 kcal

Hidratos

22 g

Grasas

18 g

Fibra

3 g

Proteínas

28 g

¿Cuántos comensales?
3
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
2 vasos para pre-freír
Margarina
Margarina
1 cucharada de café
Pimiento rojo
Pimiento rojo
1 unidad
Aceite de semillas
Aceite de semillas
1 cucharada de café
Ajo
Ajo
2 dientes
Cebolla roja
Cebolla roja
1 unidad o normal si no se tiene
Pimienta negra
Pimienta negra
al gusto
Tomate kumato
Tomate kumato
2 unidades maduro alternativa: tomate
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Paso 1 de 5

Prefríe las patatas sin dorarlas

Pela el kilo de patatas gallegas, lávalas y córtalas en rodajas de medio centímetro, al estilo panadera; si todas tienen el mismo grosor, se harán al mismo tiempo. Sécalas con un paño para que no salpiquen al entrar en el aceite.

Calienta a fuego medio los 2 vasos de aceite de oliva virgen extra en una sartén amplia y fríe las patatas por tandas unos 10 o 12 minutos, dándoles la vuelta de vez en cuando. Están en su punto cuando el canto de una cuchara de madera las corta sin deshacerlas y apenas han cogido color: el horno termina el trabajo. Escúrrelas bien, engrasa ligeramente la bandeja o fuente del horno y extiéndelas formando una cama. Salpimienta al gusto. Esta capa de patata es la que absorbe los jugos del rodaballo durante el horneado, así que no la dejes demasiado fina.

Paso 2 de 5

Pocha la cebolla, el pimiento y el tomate

Retira el aceite de la sartén y deja solo unas 3 cucharadas; el resto puedes colarlo y guardarlo para otra fritura. Lamina los 2 ajos y corta la cebolla roja en juliana fina. Pocha ambos a fuego suave unos 6 u 8 minutos: la cebolla tiene que ablandarse y transparentar, y el ajo oler sin llegar a tostarse, porque quemado amargaría la base.

Añade el pimiento rojo en tiras y los 2 tomates kumato troceados y saltea entre 4 y 5 minutos, hasta que el tomate empiece a deshacerse. Si lo prefieres, puedes cortar los tomates en rodajas finas y colocarlos crudos sobre las patatas; así quedan más enteros y jugosos. Reparte el sofrito sobre la cama de patatas. Aporta humedad y un dulzor que equilibra el punto ahumado del pescado. Enciende ya el horno a 180 °C, calor arriba y abajo; así estará a temperatura cuando entre el rodaballo.

Paso 3 de 5

Limpia y sazona el rodaballo

Limpia bien el rodaballo de 1,5 kg: retira cualquier resto de vísceras si no lo han hecho en la pescadería, enjuágalo bajo el grifo y sécalo a conciencia con papel de cocina. Con un cuchillo afilado, haz 3 o 4 cortes en diagonal en la piel oscura de la cara superior, sin llegar a la espina. La piel se encoge con el calor y, sin esos cortes, la pieza se arquea y se cocina de forma desigual.

Sazona por ambas caras con sal Maldon, ahumada si la encuentras, y pimienta negra recién molida. No te excedas con la sal en la cara de abajo, que también va a estar en contacto con las patatas ya salpimentadas. Coloca el rodaballo con la piel oscura hacia arriba, centrado sobre la cama de patatas y verduras, para que reciba el calor por igual de un lado a otro.

Paso 4 de 5

Hornea a 180 °C hasta despegar

Reparte por encima del pescado la cucharadita de margarina en trocitos, o de mantequilla si es lo que tienes, y riega con la cucharadita de aceite de semillas ahumado. La grasa da brillo a la piel y el aceite ahumado refuerza ese aroma de brasa sin tapar el sabor del rodaballo.

Hornea a 180 °C, calor arriba y abajo, durante unos 20 o 25 minutos. Cada horno calienta a su manera y cada pieza tiene su grosor, así que a los 20 minutos empieza a comprobar y, si hace falta, dale como mucho 5 minutos más. Está en su punto cuando, al introducir la punta de un cuchillo junto a la espina central por la parte más gruesa, la carne se separa con facilidad y se ve blanca y opaca, todavía brillante. Si tienes termómetro, el centro debe llegar al menos a 60 °C. Pasarse unos minutos basta para que se seque, porque es un pescado de carne magra.

Paso 5 de 5

Deja reposar, saca los lomos y sirve

Fuera del horno, deja reposar el rodaballo 3 o 4 minutos sin tocarlo. En ese tiempo los jugos se asientan y la carne se vuelve un poco más firme, lo que facilita sacar los lomos enteros.

Pasado el reposo, recorre con un cuchillo la línea central de la piel de un extremo a otro y desliza una pala o una cuchara ancha entre la carne y la espina para levantar los 2 lomos superiores. Retira la espina tirando desde la cola y tendrás los 2 lomos de abajo. Lo más vistoso es llevar la pieza entera a la mesa en su bandeja y sacar los lomos allí, delante de los comensales; si lo prefieres, emplata en la cocina: pon una base de patatas y verduras, el lomo encima y riega con el jugo del fondo de la bandeja, que concentra el sabor del pescado y de las hortalizas. La carne gelatinosa de los bordes, junto a las aletas, es una de las partes más apreciadas.

Consejos finales

En Galicia es habitual rematar el pescado al horno con una ajada, un refrito de aceite y ajo laminado al que se añade pimentón fuera del fuego; viértela sobre los lomos ya servidos y el plato cambia por completo sin tapar el rodaballo. La misma cama de patatas y verduras sirve para otros pescados enteros: el besugo al horno pide un tiempo parecido, y en verano el rodaballo a la barbacoa cambia el aceite ahumado por humo de verdad.

Si la carne aún se resiste a despegarse de la espina, devuélvelo al horno en tandas de 3 minutos y vuelve a mirar, porque meterle más tiempo de golpe es la forma más rápida de secarlo. Echa un chorrito de vino blanco en la bandeja a mitad de cocción, que genera vapor, mantiene húmedas las patatas y deja más jugo para regar, y enciende el grill solo los últimos 2 minutos para que la piel quede más crujiente, siempre sin alejarte del horno. El besugo admite los mismos trucos.

Sírvelo en cuanto salga del horno. Si sobra, separa la carne de la espina en cuanto se temple, guárdala tapada en frío y tómala en 1 o 2 días; ya cocinado no compensa congelarlo, porque pierde jugosidad. Esos restos dan juego desmigados en un revuelto con las patatas sobrantes o fríos en una ensalada con tomate.

Para un día entre semana, la merluza al horno es más económica y se hace antes, mientras que el bacalao al horno aporta una carne en lascas de sabor más intenso.

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