El cazón con patatas guisadas en amarillo es un guiso marinero andaluz en el que un majado de pan frito y una pizca de azafrán tiñen y espesan el caldo, y el pescado entra al final, cuando la patata ya está casi tierna. Calcula unos 45 minutos desde que picas la cebolla hasta que lo sirves, y cuenta con una cazuela para 4 personas y pan de sobra, porque la salsa lo pide.

El cazón es un tiburón pequeño de carne blanca, firme y sin espinas, solo con un cartílago central que se retira con facilidad; por eso aguanta el guiso sin deshacerse y es tan habitual en las pescaderías del sur. Se vende en rodajas o ya cortado en tacos, sin piel. Fíjate en que huela a mar limpio: si notas un olor fuerte a amoniaco, no está fresco, porque en estos peces la urea se degrada con los días y deja ese aroma. En la misma familia de guisos amarillos de la costa gaditana entran la raya en amarillo o las patatas con chocos.

El color lo da el azafrán, aunque en muchas casas se usa colorante alimentario, que tiñe igual pero no aporta aroma; si eliges azafrán, basta con unas pocas hebras disueltas en un poco del caldo caliente. El pan del día anterior es imprescindible, porque el tierno absorbe demasiado aceite al freírlo y se apelmaza en el mortero. Seguido paso a paso es un guiso fácil, sin técnicas raras, y la única atención que pide es no pasarse con el pescado: entre 5 y 6 minutos de hervor suave bastan para que el cazón quede jugoso.

Información nutricional(por ración)

Energía

350 kcal

Hidratos

40 g

Grasas

5 g

Fibra

25 g

Proteínas

15 g

¿Cuántos comensales?
4
Cebolla
Cebolla
al gusto
Sal
Sal
al gusto
Limón
Limón
al gusto
Perejil
Perejil
al gusto
Vino blanco
Vino blanco
al gusto
Laurel
Laurel
1 hoja
Patata
Patata
al gusto
Nuez moscada
Nuez moscada
al gusto
Ajo
Ajo
3 dientes
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
al gusto
Azafrán
Azafrán
al gusto alternativa: colorante
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Paso 1 de 8

Fríe el pan y prepara el majado

Fríe el pan y prepara el majado

Trocea el pan asentado del día anterior en dados pequeños y parecidos, como de 2 cm, para que se doren todos a la vez. Cubre con aceite de oliva virgen extra el fondo de la cazuela ancha donde vayas a guisar y fríe el pan a fuego medio, sin dejar de removerlo, 2 o 3 minutos, hasta tenerlo dorado y crujiente por todas las caras. Vigílalo, porque en segundos se pasa de tostado a negro y el pan tostado de más amarga la salsa.

Sácalo con una espumadera, déjalo enfriar un par de minutos sobre papel de cocina y pásalo al mortero. Májalo con una pizca de sal hasta conseguir unas migas gruesas, casi un polvo. Este majado es el que espesará el caldo más adelante y le dará cuerpo sin necesidad de harina. No tires el aceite sobrante del fondo: está aromatizado y te sirve para el sofrito.

Paso 2 de 8

Sofríe la cebolla y cuece las patatas

Sofríe la cebolla y cuece las patatas

Pica fina la cebolla y lamina o pica los 3 dientes de ajo. En la misma cazuela, repón aceite si ves el fondo seco y póchalos a fuego medio unos 8 o 10 minutos; la cebolla tiene que quedar blanda y translúcida, sin color tostado.

Mientras, pela las patatas y trocéalas en piezas de 3 cm aproximadamente. Hazlo clavando el cuchillo y girándolo para romper el último tramo, lo que se llama chascar: los bordes irregulares sueltan almidón y espesan el caldo. Añade las patatas al sofrito, dales un par de vueltas y vierte agua justo hasta cubrirlas. Echa un chorreón de vino blanco, la nuez moscada rallada justa, una pizca, y el laurel, y sala con mano corta, porque al final podrás rectificar. Lleva a ebullición y baja a fuego medio, con un hervor suave que no rompa la patata.

Paso 3 de 8

Incorpora el majado y el azafrán

Incorpora el majado y el azafrán

Deja que el guiso hierva unos 10 minutos, el tiempo de que el vino pierda su aroma más crudo y la patata empiece a ablandarse por fuera aunque siga firme en el centro. Es el momento de dar color y cuerpo al caldo.

Si usas azafrán, desmenuza unas hebras con los dedos y disuélvelas en un par de cucharadas del propio caldo caliente antes de añadirlas, para que suelten todo el color. Si prefieres colorante, basta con una pizca. Agrega a la cazuela el majado de pan y el azafrán, y balancea la cazuela sin meter la cuchara, así la patata no se rompe. En pocos minutos verás que el caldo se vuelve amarillo intenso y algo más espeso. Si espesa más de la cuenta, aligéralo con agua caliente; la fría corta el hervor.

Paso 4 de 8

Añade el cazón a las patatas casi tiernas

Añade el cazón a las patatas casi tiernas

Pincha un trozo de patata con un cuchillo fino: cuando entre con poca resistencia pero todavía note el centro firme, ha llegado el momento del pescado. Suele ocurrir a los 18 o 20 minutos desde que añadiste el agua.

Si has comprado el cazón en rodajas, retira el cartílago central y córtalo en tacos de 3 o 4 cm, del mismo tamaño que la patata. Sécalo con papel absorbente y repártelo por la cazuela, hundiéndolo en el caldo. El cazón se cuece en muy poco tiempo, así que a partir de aquí mantén un hervor suave 5 o 6 minutos; lo tienes cuando la carne, por dentro, ha pasado de translúcida a blanca y se abre en lascas al presionarla. No remuevas: sujeta la cazuela con 2 paños y balancéala para que el pescado se integre con la patata sin deshacerse. Si el caldo ha bajado mucho, completa con agua caliente antes de echar el pescado.

Paso 5 de 8

Pica el perejil y corta el limón

Pica el perejil y corta el limón

Aprovecha los minutos en los que se cuece el pescado para preparar el remate fresco del plato. Lava un manojo de perejil, escúrrelo y sécalo a conciencia, porque mojado se apelmaza y se oscurece al cortarlo, y pícalo menudo con un cuchillo que corte bien. Usa sobre todo las hojas y la parte tierna de los tallos, que son las que tienen más aroma.

Lava el limón y córtalo por la mitad. De una mitad saca unas rodajas finas para decorar los platos, y deja la otra entera para exprimirla en el guiso. Reserva ambas cosas a mano, junto a los fogones. El perejil y el limón se añaden casi al final a propósito: con un hervor largo el perejil pierde el color verde y el limón se vuelve amargo, mientras que añadidos en el último momento aportan frescor y contrastan con el caldo de azafrán.

Paso 6 de 8

Añade el perejil y unas gotas de limón

Añade el perejil y unas gotas de limón

Cuando el cazón esté casi hecho, a 1 o 2 minutos de apagar el fuego, espolvorea la mayor parte del perejil picado sobre las patatas y el pescado. Aparta un puñado para decorar los platos. Exprime unas gotas de la mitad de limón por encima, sin pasarte: basta con un toque ácido que despierte el sabor del pescado, no con que el caldo sepa a limón.

Mueve la cazuela con suavidad para que el perejil y el limón se repartan por la salsa sin romper los tacos de cazón. Prueba entonces el caldo y ajusta la sal; es el momento de hacerlo, porque el majado y la patata ya han absorbido lo que tenían que absorber. Si notas el guiso plano, un poco más de limón o una pizca de sal lo arreglan. Retira la hoja de laurel antes de servir, para que nadie se la encuentre en el plato.

Paso 7 de 8

Incorpora los guisantes y deja reposar

Incorpora los guisantes y deja reposar

Los guisantes van cocidos aparte para que conserven su color verde intenso y no enturbien el caldo. Mientras se hace el guiso, cuécelos en agua hirviendo con sal en un cazo pequeño: si son congelados bastan 4 o 5 minutos, y si son frescos, entre 8 y 10, hasta que estén tiernos. Escúrrelos y resérvalos.

Justo antes de apartar el cazón con patatas del fuego, añade los guisantes cocidos a la cazuela y mueve con suavidad para repartirlos. Apaga el fuego, tapa y deja reposar el guiso un par de minutos. En ese reposo el pescado se acaba de cocer con el calor que guarda el caldo, la salsa se asienta y espesa un poco más, y los sabores del azafrán, el perejil y el limón se integran. Si vas a tardar algo más en sentarte a la mesa, deja la tapa puesta y el fuego apagado: así el pescado no se pasa.

Paso 8 de 8

Sirve el cazón con patatas en amarillo

Sirve el cazón con patatas en amarillo

Reparte el guiso en platos hondos de modo que cada uno lleve patata, varios tacos de cazón, guisantes y un buen cazo de caldo amarillo, que es lo que se moja con pan. Hazlo con un cucharón ancho, recogiendo desde el fondo, para no romper el pescado.

Decora cada plato con una o 2 rodajas finas de limón y el perejil picado que habías guardado. Pon en la mesa pan del día, del mismo tipo que usaste para el majado, y algo más de limón por si alguien quiere añadir unas gotas. Sírvelo caliente, recién reposado; si lo dejas mucho rato en la cazuela, la patata sigue absorbiendo caldo y la salsa se queda más espesa. En ese caso, alárgala con algo de agua caliente y un hervor corto antes de repartirla.

Consejos finales

En la pescadería, pide que te limpien el cazón y te lo corten en tacos, sin piel ni cartílago, y compra patata de guisar, de carne firme, que aguanta el hervor sin deshacerse. En el cazón con patatas en amarillo, la patata chascada es el truco que liga el caldo sin harina ni maicena, y el pescado añadido con la patata casi tierna llega entero al plato, mientras que si entra al principio se deshace en hebras.

Cuando el caldo queda aguado, deja la cazuela sin tapa un rato más antes de añadir el pescado, o chafa contra la pared 2 trozos de patata y balancea la cazuela. Si al contrario se ha espesado demasiado, un chorrito de agua caliente lo devuelve a su punto en un minuto.

Tapado en un recipiente hermético, el guiso dura 2 días como mucho en el frigorífico, que es lo que aguanta el pescado ya cocinado. Recaliéntalo despacio y con algo de agua, ya que la patata bebe caldo mientras reposa, y retíralo en cuanto borbotee para que el cazón no se reseque. No conviene congelarlo: la patata se vuelve harinosa y suelta agua al descongelarse.

Ponlo en la mesa con pan de hogaza y una ensalada de tomate aliñada con buen vinagre, y si quieres un menú marinero completo, empieza con unos boquerones en vinagre o un salmorejo. Con el mismo pescado tienes preparaciones muy distintas, como el cazón en adobo, frito al estilo de las freidurías gaditanas, o el cazón con tomate.

Fuera de temporada de guisantes frescos, los congelados funcionan igual de bien y ahorran el desgranado. Y si prefieres otro plato de cuchara con pescado para el resto de la semana, prueba el arroz meloso con pescado.

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