La receta de callos con garbanzos es uno de esos platos que reconfortan el alma y el cuerpo, especialmente cuando bajan las temperaturas. En Gallina Blanca sabemos que vuestro tiempo es oro, por eso nos gusta estar a vuestro lado facilitando la cocina del día a día con un toque de sabor casero. Al añadir una pastilla de Avecrem Pollo a este guiso, conseguimos potenciar los matices de la carne y las legumbres de forma equilibrada y sencilla, sin complicaciones innecesarias en los fogones.

Este plato tiene una profunda raíz en la gastronomía española, siendo un clásico en las tabernas de Madrid y en los hogares de toda la península. Históricamente, era una comida de aprovechamiento que unía la casquería con las legumbres para crear un sustento energético y sabroso. Con el paso de los años, se ha convertido en una elaboración de culto que celebra la paciencia y el buen hacer de la cocina tradicional.

Para conseguir un resultado excelente, es fundamental seleccionar bien los callos con garbanzos ingredientes, asegurándonos de que la legumbre sea de calidad y los callos estén bien limpios. Aunque parezca un plato complejo, esta es una de los callos con garbanzos receta fácil que podéis preparar en casa sin miedo. Si buscáis el sabor de los callos con garbanzos original, el secreto está en el sofrito y en el tiempo de cocción. Aprender a hacer callos con garbanzos es una habilidad que vuestra familia os agradecerá cada vez que os sentéis a la mesa.

Información nutricional(por ración)

Energía

450 kcal

Hidratos

50 g

Grasas

12 g

Fibra

30 g

Proteínas

20 g

¿Cuántos comensales?
4
Callos
Callos
500 gramos limpio
Garbanzo
Garbanzo
300 gramos seco
Cebolla
Cebolla
1 unidad
Zanahoria
Zanahoria
1 unidad
Pimiento verde
Pimiento verde
1 unidad
Ajo
Ajo
2 dientes
Tomate
Tomate
1 unidad maduro
Avecrem Pollo
1 pastilla
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
4 cucharadas
Pimentón
Pimentón
al gusto
Laurel
Laurel
al gusto
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Paso 1 de 3

Preparación de la base y cocción inicial

Preparación de la base y cocción inicial

Comenzamos la elaboración poniendo los garbanzos, que habrán estado en remojo desde la noche anterior, en una olla con agua tibia. Es fundamental no añadirlos al agua fría para que no se encallen y queden bien tiernos. Al mismo tiempo, incorporamos los callos de ternera, que deben estar perfectamente limpios y cortados en trozos de bocado. Añadimos una hoja de laurel para que empiece a soltar su aroma desde el primer minuto.

Llevamos la olla a ebullición y vamos retirando la espuma que se forme en la superficie con una espumadera para eliminar impurezas. Una vez limpio el caldo, bajamos el fuego y dejamos que cueza lentamente. Si utilizáis una olla rápida, el tiempo se reducirá considerablemente; pero si disponéis de tiempo, la cocción tradicional a fuego suave permite que los sabores se integren mucho mejor y la textura de la carne sea melosa.

Paso 2 de 3

Elaboración del sofrito y sazonado

Elaboración del sofrito y sazonado

Mientras los garbanzos y los callos se van cocinando, preparamos un sofrito lleno de sabor en una sartén aparte con cuatro cucharadas de aceite de oliva virgen extra. Picamos finamente la cebolla, el pimiento verde y los ajos, y los pochamos hasta que la cebolla esté transparente. En ese momento, añadimos el tomate maduro rallado y dejamos que se cocine hasta que pierda el agua y el sofrito espese. Incorporamos una cucharadita de pimentón ahumado, con cuidado de que no se queme para que no amargue.

Vertemos este sofrito en la olla principal; es el momento clave para añadir la pastilla de Avecrem Pollo desmenuzada. Este pequeño gesto ayuda a redondear el sabor del guiso, aportando ese punto de sal y especias que hará que el caldo resulte irresistible. Removemos con cuidado para no romper las legumbres y dejamos que el conjunto siga cocinando a fuego lento para que los sabores se fusionen a la perfección.

Paso 3 de 3

Reposo y punto final del guiso

Reposo y punto final del guiso

En los últimos minutos de cocción, rectificamos el punto de sal si fuera necesario y comprobamos que tanto los garbanzos como los callos estén perfectamente tiernos. El caldo debe haber espesado ligeramente gracias al colágeno de la carne y al almidón de la legumbre. Si veis que está demasiado líquido, podéis machacar un par de garbanzos y volverlos a introducir en la olla para darle ese cuerpo característico de los platos de cuchara tradicionales.

Una vez apagado el fuego, es vital dejar reposar el guiso al menos quince o veinte minutos antes de servir. Los platos de este tipo ganan mucho con el reposo, ya que las temperaturas se asientan y los sabores terminan de equilibrarse. Servid el plato bien caliente en recipientes hondos, asegurándoos de que cada ración tenga una buena proporción de todos los ingredientes.

Consejos finales

Disfrutar de una buena ración de callos con garbanzos caseros es un placer sencillo que une a la familia alrededor de la mesa. Para servir el plato de forma tradicional, os recomendamos usar cazuelas de barro individuales que mantienen muy bien el calor. Esta elaboración no necesita grandes acompañamientos, ya que es muy completa por sí misma, aunque un buen trozo de pan de hogaza es imprescindible para no dejar ni gota de la salsa.

Si queréis saber cómo preparar esta receta paso a paso con éxito, recordad que la paciencia es vuestra mejor aliada. Aunque existe una versión más rápida usando la olla a presión o legumbres ya cocidas, el sabor auténtico se logra con el mimo del fuego lento. Uno de los mejores trucos es cocinarlos el día anterior, ya que el sabor se intensifica notablemente. El texto está pensado para una ración de cuatro personas generosa y satisfactoria.

Si os apasionan los platos de legumbres con ese toque tradicional, os sugerimos probar otras variantes deliciosas como los garbanzos con pollo para un almuerzo ligero o los callos caseros de ternera si preferís la versión sin legumbre. También podéis explorar sabores marineros con el potaje de garbanzos con bacalao, ideal para cualquier época del año.

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