Preguntas frecuentes a nuestro Chef Guía
Por si te falta un ingrediente...
Lleva 500 g de azúcar, 500 ml de agua, 1 cucharada de canela molida, unos 250 g de almendra molida y 4 yemas. Hay casas que lo perfuman con ralladura de limón o un chorrito de ron, añadidos junto con las yemas.
Hierve agua, azúcar y canela de 10 a 12 minutos hasta punto de hebra floja. Cocina la almendra en ese almíbar 15 a 20 minutos sin dejar de remover. Atempera las yemas, incorpóralas y bate de 2 a 4 minutos a fuego muy suave.
La forma más popular de disfrutarlo es con helado de vainilla, nata montada, flan de huevo o tostadas de pan artesanal. También es perfecto para rellenar tartas o acompañar galletas secas.
Sí, en recipientes herméticos dejando un pequeño margen superior. Para consumirlo, descongélalo lentamente en la nevera durante 24 horas y remuévelo bien para recuperar su textura homogénea.
Al llevar yema, guárdalo en botes esterilizados y bien cerrados en la nevera y consúmelo en 1 semana. Sácalo siempre con una cuchara limpia. Si quieres guardarlo más tiempo, admite congelación hasta 3 meses.
Sí, se puede sustituir parte o la totalidad por miel de flores o de palma. La miel aportará un sabor más intenso y una textura más fluida, por lo que conviene reducir levemente el agua.
Verter las yemas directamente sobre la masa hirviendo. Retira la cazuela del fuego, mezcla primero una cucharada de masa caliente con las yemas para igualar temperaturas y luego incorpóralas batiendo sin pausa.
Puedes triturar almendras crudas peladas en un procesador con pulsaciones cortas. En su defecto, las avellanas o nueces molidas ofrecen una textura parecida, aunque el sabor variará.
El secreto reside en utilizar harina de almendra finamente molida y cocinarla a fuego lento el tiempo suficiente para que se hidrate por completo con el almíbar, terminando con un buen batido de las yemas.
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