En Semana Santa las panaderías venden pan especial para torrijas, y las torrijas de vino son la versión que aprovecha un cazo de tinto calentado con canela y cáscaras de cítricos. Son rebanadas de pan asentado empapadas en ese vino aromatizado, pasadas por huevo, fritas y rebozadas en azúcar; para 4 personas se hacen en unos 40 minutos, contando la infusión, el remojo y la fritura por tandas. Las torrijas están ligadas a la Cuaresma desde hace siglos y son, en origen, una forma de aprovechar el pan del día anterior. La versión con leche es la más extendida, la que encontrarás en las torrijas caseras, pero la de vino es igual de tradicional en distintas zonas de España, ya sea con tinto, como aquí, o con vinos dulces.

Busca una barra de miga densa y cerrada, del día anterior, o el pan específico para torrijas que se vende en temporada; una barra muy aireada se deshace en cuanto toca el vino. De una barra salen entre 10 y 14 rebanadas, según su largo, y cada una debe empaparse hasta el centro sin perder la forma. La técnica es fácil si cortas rebanadas gruesas, de unos 2 cm, que aguantan el remojo sin romperse, y si fríes en aceite a unos 170 °C, el punto en el que un trozo de pan burbujea alrededor sin oscurecerse enseguida. Ten en cuenta que, aunque el vino hierva unos minutos, las torrijas conservan parte del alcohol, algo a valorar si van a comerlas niños.

Información nutricional(por ración)

Energía

295 kcal

Hidratos

46 g

Grasas

8.5 g

Fibra

1.8 g

Proteínas

5.2 g

¿Cuántos comensales?
4
Vino tinto
Vino tinto
al gusto
Azúcar blanco
Azúcar blanco
150 gramos
Canela
Canela
1 rama
Limón
Limón
1 unidad cáscara
Naranja
Naranja
1 unidad cáscara
Pan
Pan
1 barra
Aceite de oliva virgen extra
Aceite de oliva virgen extra
1 cucharada
Huevo
Huevo
2 unidades
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Paso 1 de 4

Infusiona el vino con canela y cítricos

Infusiona el vino con canela y cítricos

Vierte el vino tinto en un cazo mediano; para 1 barra de pan, una botella de 750 ml suele bastar. Añade la rama de canela y las cáscaras de 1 limón y 1 naranja, sacadas con un pelador para llevarte solo la parte de color: la parte blanca amarga la infusión.

Incorpora la mitad de los 150 g de azúcar, es decir, unos 75 g, y remueve a fuego medio hasta que se disuelva. Lleva el vino a un hervor muy suave durante 4 o 5 minutos, para que se vaya parte del alcohol y la canela y los cítricos se integren.

Retira el cazo del fuego y deja que el vino repose y temple unos 10 minutos; si está muy caliente, el pan se ablanda demasiado deprisa. Guarda la rama de canela y las cáscaras, que servirán para decorar al final, y vierte el vino en una fuente amplia donde quepan las rebanadas.

Paso 2 de 4

Corta el pan y empápalo en el vino

Corta el pan y empápalo en el vino

Corta la barra del día anterior en rebanadas gruesas, de unos 2 cm. Según el largo de la barra saldrán entre 10 y 14. Intenta que todas tengan el mismo grosor para que absorban la misma cantidad de vino y se frían al mismo ritmo.

Colócalas una al lado de otra en la fuente con el vino templado y déjalas 1 o 2 minutos por cara. Tienen que quedar empapadas hasta el centro de la miga, pero con estructura suficiente para cogerlas sin que se rompan. Si el pan es muy duro, alarga el remojo y compruébalo apretando suavemente con una espátula.

Antes de pasarlas al huevo, escúrrelas unos segundos sobre una rejilla o una espumadera: el exceso de vino diluye el rebozado y hace que el aceite salte.

Paso 3 de 4

Reboza en huevo y fríe por tandas

Reboza en huevo y fríe por tandas

Bate los 2 huevos en un plato hondo hasta que estén bien ligados. Pon a calentar en una sartén amplia aceite de oliva abundante, unos 2 dedos, a fuego medio-alto, hasta unos 170 °C. Sin termómetro, usa trucos caseros de fritura: echa un trozo pequeño de pan y fíjate en que burbujee alrededor y se dore en unos 30 segundos.

Pasa cada rebanada por el huevo, cubriendo las 2 caras, y llévala directamente a la sartén. Fríe en tandas de 2 o 3: con más, la temperatura cae y el pan se empapa de grasa. Dales la vuelta cuando la primera cara esté dorada, más o menos al minuto y medio, y repite por el otro lado.

Sácalas con una espumadera y colócalas sobre papel de cocina para quitar el exceso de aceite. Si el aceite empieza a humear o se llena de restos de huevo, retira los trozos quemados entre tanda y tanda.

Paso 4 de 4

Pásalas por azúcar con canela y decora

Mezcla en un plato llano los 75 g de azúcar restantes con canela molida al gusto, alrededor de 1 cucharadita. Reboza las torrijas en esa mezcla mientras todavía están calientes, apretando un poco, para que el azúcar se pegue y forme una capa fina por fuera.

Colócalas en una fuente limpia y déjalas reposar a temperatura ambiente al menos 15 minutos antes de servir. Mientras se enfrían, el vino del interior se asienta y la miga queda jugosa sin chorrear.

Para presentarlas, decora la fuente o cada plato con la rama de canela y las cáscaras de limón que usaste para aromatizar el vino. Es un detalle sencillo que anuncia a qué van a saber antes de probarlas.

Consejos finales

Tapadas y en frío, en una fuente o en un táper, las torrijas aguantan 2 o 3 días, y hay quien las prefiere frías, con la miga más asentada. Como llevan huevo, no las dejes la tarde entera fuera de la nevera cuando hace calor. Para tomarlas templadas, sácalas 20 minutos antes o dales 5 minutos de horno a 150 °C. No conviene congelarlas ya fritas: al descongelarse sueltan líquido y el rebozado se queda blando.

No tires el vino que queda en la fuente: cuélalo, redúcelo a fuego medio cerca de 10 minutos, hasta que espese como un almíbar ligero, y baña con él las torrijas justo antes de servir. Para una versión más dulce y perfumada, las torrijas con moscatel cambian el tinto por vino dulce, y si quieres menos fritura, las torrijas al horno se doran en la bandeja con muy poca grasa.

En la mesa, busca algo que compense el dulzor del vino y el azúcar: un hilo de miel templada para quien las quiera aún más golosas, una cucharada de compota de manzana casera o un poco de nata montada sin azúcar. Como postre, 2 o 3 torrijas por persona son suficientes; si van a ser el centro de la merienda, haz alguna más, porque al día siguiente siguen igual de buenas. En una merienda de Semana Santa combinan bien con otros dulces fritos de temporada, como los pestiños de Jerez, y con un café o un chocolate caliente.

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