Ja,ja,ja... Rosita, me encantaría mandártelas. La historia de estas espinacas es que las coge mi padre del campo, luego las limpia y mi madre las cuece. Luego hace unas bolas del tamaño de una pelota de tenis y las congela. Por eso las tenemos, porque nos las manda congeladas o, cuando vamos a verlos, nos las traemos nosotras (cada una a su casa, claro). No te puedes hacer una idea los bolsones que trajo el año pasado!!!! Pero luego se quedan en nada. La textura, si cabe, es mucho más suave, el sabor más intenso (no tiene nada que ver, la vrdad) y el color (es lo que más me gusta), más oscuro, más verde. Una pena que no puedas probarlas, porque me consta que te encantaría. Un beso.