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Batir los huevos con la nata, la mostaza, la pimienta, media pastilla de Avecrem caldo de Pollo desmenuzada y el cebollino. rellenar la quiche con esta preparación, espolvorear con el queso rallado y hornear a 200 °C durante 35 minutos. Servir la quiche recién hecha.
Puedes comprar tomate natural pelado, escurrirlo bien y cortarlo en dados. También existen latas de dados de tomate natural ya cortados. Si lo deseas, practica un corte en cruz en la base de dos tomates maduros y escáldalos durante 2 minutos en una cazuelita con agua hirviendo. Luego, refréscalos bajo el chorro del grifo, pélalos, despepítalos y córtalos en dados. En cualquiera de los tres casos debes tener en cuenta que el tomate ha de estar bien escurrido.
Las quiches suelen precocerse unos minutos en el horno para que la base no quede humedecida. Si tienes un horno de aire con ventilador, no te hará falta. De hecho, en ese caso, es aconsejable que cuezas la quiche a 180 °C. Puedes usar todo tipo de queso en lonchas de sabores no demasiado pronunciados: queso para fundir, queso Emmental, Gouda o queso tierno de vaca o cabra. El manchego u otros quesos de oveja resultan demasiado fuertes de sabor.
Esta quiche está deliciosa caliente, con el queso recién fundido, pero puede tomarse de cualquier forma; tanto tibia como fría también resulta deliciosa. Si vas a tomarla fría, añádele unas hojitas de albahaca picada y unos trocitos de aceitunas negras picadas. Le darán un toque de frescor muy mediterráneo. Acompañada con una ensalada de lechugas variadas se convierte en un plato único ideal.
La mostaza es un condimento milenario. La palabra latina proviene del término “mustum ardens”, mosto que arde, haciendo referencia a su característico picor que sube a la nariz. Sabemos que se utilizaba en la antigua Babilonia y que la cultura china ha hecho uso de sus minúsculas semillas desde hace unos tres mil años. Los egipcios y los griegos también la conocían y la usaban en preparaciones culinarias. Los romanos la utilizaban majando sus semillas con mosto para condimentar con este aliño numerosos alimentos. No sorprende, pues, que en el Evangelio según San Marcos exista una “Parábola de la mostaza” que empieza así: "¿Con qué puede compararse el reino de Dios? ¿A qué se parece? Es como la semilla de mostaza que el agricultor siembra en la tierra. A pesar de ser la más pequeña de todas las semillas del mundo, cuando crece se hace la más grande de las plantas del huerto. ¡Tiene ramas bien grandes, y hasta los pájaros pueden hacer nidos bajo su sombra!". (Marcos, 4,30-32)
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