Con el nombre de Easy Eating se conoció en Francia a finales de la década de los noventa una divertida tendencia de cocinar incorporando de forma diferente los ingredientes más conocidos de marcas de gran consumo en nuevas recetas. Los gastrónomos más reputados del país vecino reconocían que usaban y adoraban los mismos productos industriales que el resto de los mortales: cubitos de caldo, quesitos, sopas liofilizadas, patatas fritas congeladas, leches condensadas, cremas de chocolate y avellanas...
El libro “Délices d’Initiés” (1999), escrito por Fréderick Grasser-Hermé, ex mujer del famoso pastelero galo Pierre Hermé, fue el detonante de esta moda, que tuvo su apogeo en la creación de un restaurante de vida efímera llamado Korova en el centro de París.
El pollo a la coca cola es quizás la creación más conocida y discutida del Easy Eating. Se trata de una receta sugerida por François Simon, crítico gastronómico del periódico Le Figaro en su libro “Chairs de poule” (2000).