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Precalentar el horno a 250º. Amasar la base de la pizza hasta conseguir darle el grosor y el tamaño deseado.
Cubrir la base de la pizza con tomate frito. Añadir a la base el jamón York, los champiñones troceados en láminas y la salsa carbonara Gallina Blanca. Después, meterla en el horno y dejarla cocer durante unos veinticinco minutos aproximadamente.
Retirar la pizza del horno y añadir el queso rallado y el orégano.
Gratinar, de nuevo en el horno, hasta que el queso esté fundido. Retirar del horno, cortarla y servirla.
La comida sabe mejor cuando la cocina uno mismo, por eso, cuando se visita el supermercado es mejor huir de los platos precocinados y buscar los ingredientes para cocinarlos al gusto de cada uno. Por supuesto, de la calidad de los mismos depende el resultado, por eso es mejor elegir marcas con garantía como Gallina Blanca.
Ya lo dice el refrán: sobre gustos no hay nada escrito. Por eso, en este plato los ingredientes se pueden combinar de distintas maneras, puesto que el resultado será el mismo. La carta de cualquier pizzería puede darnos ideas, pero aún mejor es echar un vistazo a la gama de salsas de Gallina Blanca, ¿qué sabor os apetece probar hoy?
La cocina no está reñida con la creatividad, todo lo contrario. Jugar con la disposición de los ingredientes sobre la base puede añadir al plato un toque original sin alterar el resultado final. Dibujar trazos con la salsa, componer figuras con los ingredientes... una vez más, todo vale.
La pizza puede ser uno de los platos principales del menú, pero ¿y si se sirviera como entrante? En este caso, la mejor opción es dividir la masa en porciones y darles forma antes de meterlas al horno. De esta manera se obtendrán pequeñas raciones individuales con el mismo sabor y preparación que llevaría una pizza normal, pero más ligeras. Además, esta opción también permite combinar distintas salsas e ingredientes.
Hoy en día, la pizza es uno de los platos más habituales en los restaurantes. Allá donde vayamos, encontrar una pizzería en nuestro camino es lo más normal, pero no siempre ha sido así. Es de sobra conocido el hecho de que este plato surge y se hace popular en Italia. Como no podía ser de otra manera, la pizzería Port Alba de Nápoles (que continúa existiendo hoy en día), es considerada la primera pizzería del mundo. En 1738 comenzaron a producir pizzas para los viandantes, y en 1830 se consolidó como restaurante con mesas y camareros.
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