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Para quitar la acidez del aceite, calentarlo en una sartén con una cáscara de limón hasta que esté dorado. Retirar del fuego, añadir el anís y la canela, y esperar a que se enfríe.
Freír en aceite de oliva hasta que estén dorados.
Retirar del fuego y, estando aún calientes, bañarlos en miel y azúcar y esperar a que se enfríen para servirlos.
Los ingredientes de esta receta son muy sencillos, pero mientras se examinan los estantes del supermercado, hay que asegurarse de que la harina que se escoge es la de repostería o el vino no resulta demasiado fuerte para este postre. En cuanto al aceite, es mejor escoger el de oliva en lugar del de girasol.
El arte de la cocina requiere intuición, y en esta receta, esta cualidad se va a utilizar mucho a la hora de medir las cantidades. Cuando se esté formando la masa, es mejor añadir la harina poco a poco hasta que ésta adquiera la textura adecuada y el grosor aproximado de una moneda. También la canela y el anís deben añadirse en su justa medida, para que den un toque de sabor a la masa sin que resulte excesivo.
Los pestiños en forma de lazos son sólo una opción de muchas; también pueden presentarse de forma rectangular, redonda o cuadrada. Incluso la miel puede añadirse después, al gusto de cada uno de los comensales, y al sacarlos de la sartén, rebozarlos únicamente con azúcar.
Qué buen aspecto tiene esta receta cuando está terminada, pero hay que esperar para degustarlos, incluso es recomendable hacerlo durante un día entero para que su sabor mejore. Una vez se prueben, la espera habrá merecido la pena, tanto que seguro apetece repetir; permitirse este capricho costará aún menos si los pestiños son de menor tamaño.
La Navidad o la Semana Santa son las épocas ideales para cocinar este rico postre, pero ¿de dónde proceden los pestiños en realidad? Todo comenzó en Andalucía. En esta zona, los siglos de dominación musulmana dejaron legados como éste, que se han ido transmitiendo de generación en generación. Posteriormente, las monjas se adueñaron de esta receta, a la que añadieron licores para vender los pestiños en los conventos.
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Menuda pinta que tienen, lo probaré a hacerlos este fin de semana.
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