Receta de Guisantes con jamón

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Preparación paso a paso

Calentar tres cucharadas de aceite de oliva en una cazuela antiadherente de fondo grueso y dorar los daditos de jamón durante unos instantes, hasta que cambien de color. Retirarlos de la cazuela y, en el mismo aceite, rehogar la cebolla picada a fuego muy lento durante 12 minutos. Añadir el ajo picado y el cogollo y cocer durante 2 minutos más.

Añadir los guisantes, remover y sazonar con la pastilla de Avecrem Caldo de Pollo desmenuzada y una pizca de azúcar. Cubrir escasamente con agua y dejar cocer los guisantes durante 15 minutos. Cuando falten 5 minutos para el final de la cocción, sazonar con una pizca de pimienta recién molida y añadir los daditos de jamón. Servir los guisantes bien calientes.

Consejos de compra

Puedes preparar esta receta con guisantes congelados. Si compras guisantes frescos, añade alguna de la vainas vacías al guiso para darle un punto de sabor.

Consejos de preparación

Los guisantes estofados combinan a las mil maravillas con los más diversos ingredientes, desde unas rodajas de morcilla, butifarra negra o chorizo hasta unas almejas o unas colitas de gamba. Para darles una nota de frescor, espolvoréalos siempre con abundantes hierbas aromáticas a tu gusto: perejil, menta, cebollino... La menta fresca debe añadirse siempre al final de la cocción para que no pierda su aroma ni ennegrezca. Si usas menta seca, sigue siempre este truco: frota suavemente las hojas secas entre las dos palmas de las manos y notarás enseguida cómo se realza su aroma. Entonces, añádela a tus guisos.

Consejos de presentación

Puedes presentar este plato de mil formas diferentes. Si lo deseas, puedes añadir unos dados de pan de pueblo fritos en una sartén con aceite bien caliente hasta que estén crujientes. También puedes presentarlo de forma muy clásica con tiras de pimiento morrón y huevo duro picado. Para una versión más completa de la receta, sirve los guisantes acompañados con un huevo poché en el centro.

Trucos y curiosidades

Muy posiblemente el origen de los guisantes se encuentre en Asia Central, desde donde se extendió posteriormente hacia Oriente Próximo. Los griegos los cultivaban y los romanos recomendaban su consumo. El emperador Heliogábalo, famoso por sus excentricidades, servía en sus banquetes guisantes mezclados con pepitas de oro. En Europa su cultivo se popularizó entre la aristocracia. Luis XIV y su esposa Mª Teresa de Austria los servían en el Palacio de Versalles como guarnición de carnes, presentados en suntuosas bandejas de porcelana. El guisante llegó al continente americano de la mano de los primeros colonos en el siglo XVII y pronto se convirtió en el alimento favorito de numerosas tribus indias autóctonas, que los comían guisados con carne de búfalo.

Un alimento muy nutritivo

Al contrario de lo que pueda parecer, los guisantes son casi tan nutritivos como otras legumbres y constituyen una valiosa fuente de proteínas. Por su riqueza en fibra, los guisantes resultan muy aconsejables para regular los niveles de azúcar y colesterol. Además, son ricos en fibra soluble, minerales y oligoelementos y poseen vitaminas del grupo B, especialmente vitamina B1, que nos ayuda a regular el sueño, el estrés, el apetito y el estado de ánimo.

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