Seguramente el plato de lentejas más famoso de la historia es el que le ofreció Jacob a su hermano Esaú a cambio de la primogenitura.
Cuenta la Biblia que una mañana Esaú, heredero de Isaac y nieto de Abraham, volvió de cazar absolutamente desfallecido a causa del hambre. Su hermano Jacob, que se encargaba de las tareas del hogar, estaba comiendo un guiso de lentejas y Esaú le pidió que las compartiera con él. Jacob, aconsejado por su madre, de quien era el hijo favorito, se las ofreció pero exigió a cambio que Esaú le diera la primogenitura, tan deseada y valorada en la cultura judía.
Sintiendo que no podía aguantar más el hambre, Esaú, a quien poco le importaba entonces su primogenitura, aceptó de inmediato la condición de su avispado hermano menor, perdiendo así todos los derechos que le correspondían como primogénito.
Desde entonces, se ha usado la frase “venderse por un plato de lentejas” para señalar a quienes venden su dignidad a un precio irrisoriamente bajo.