El origen de los calabacines es incierto, aunque las hipótesis más plausibles lo sitúan o bien en Asia Menor o en América Central. Hoy en día, el calabacín se cultiva en los más diversos climas y se ha convertido en un ingrediente común en la mayoría de las gastronomías del planeta. Aunque ya lo consumían los egipcios, griegos y romanos, fueron los árabes quienes extendieron su cultivo por las regiones mediterráneas.
Pertenece a la familia de las cucurbitáceas, como la calabaza y el melón, y en realidad, se trata de una hortaliza joven que suele consumirse antes de que se desarrollen sus semillas. Existen muchísimas variedades, todas dentro de la gama de colores verdes, más o menos claros.
Puedes conservar los calabacines en la nevera durante una semana pero recuerda que debes mantenerlo alejado de frutas como el melón, plátanos o melocotones. La razón es muy sencilla: todas estas frutas producen durante su maduración un gas llamado etileno que el calabacín absorbe con facilidad desarrollando sabores amargantes.