Hacer un corte a las alitas en la parte ancha, cortando la unión de los huesos. A 1 centímetro de la parte superior, hacer otro corte y, con el cuchillo, empujar la carne hacia abajo. Retirar el hueso más ancho, dejar el más pequeño y darle forma redondeada con las manos, dejando la piel por fuera. Pasar las alitas de pollo por harina, luego por huevo y pan rallado y reservar en la nevera unas horas. En una sartén, a fuego fuerte, freír las alitas en aceite de oliva hasta dorarlas; retirarlas y ponerlas sobre un papel de cocina para que absorban el aceite.