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Ley de VIDA

28-01-10 | carne, familia, vaca, galicia

Ley de VIDA...
Hace más de 15 años que mi madre, mi padre, mi hermana y yo, venimos a vivir definitivamente a Galicia.

Tengo muchos recuerdos de aquella época, las interminables charlas de la pandilla en verano al pie de la casa, las carreras en bici con Balú (el perro de mis abuelos de Castro) intentando seguir nuestro ritmo, las canciones a tres voces de mi hermana, mi prima Patri y yo a nuestra "queridiña" Perla (la vaca de mis abuelos de Moeche que daba menos leche cuando faltábamos), los ordeños del abuelo, con la consecuente cara de tonta aprendiz que se me quedaba (aun tengo resquicios del sueño de ser ganadera)...

Pero había una cosa que me gustaba especialmente, los días que nos juntábamos toda la familia en Moeche para embolsar la ternera que se acababa de matar. Miles de sacos de un plástico duro verde botella llenas de carne lista para dividir en bolsas donde los niños (por expreso deseo nuestro) poníamos, intentando nuestra mejor caligrafía, el contenido de la misma y la fecha con un rotulador permanente.

Pasábamos horas y horas pidiendo más bistés, xarrete, falda, huesos, "cocer", solomillo, "asar"...era una diversión diferente a la de todos los días y estábamos todas las generaciones juntas con un mismo fin.

Era una diversión y un aprendizaje, pocos niños tienen la ocasión de ver un pulmón de vaca, un hígado, un corazón (con las sabias explicaciones de mamá, tía Ermitas o abu, sobre por donde entra y sale la sangre). Se me vienen las lágrimas a los ojos recordando todo esto, sé que fui una niña privilegiada, no tuve todos los juguetes que deseé pero, vi cosas que muchos niños solo verán en los fríos libros de texto.

Así que ibamos embolsando, "abu", con una equitatividad pasmosa, iba repartiendo las bolsas en los capazos de las distintas familias. Primero eran 3: saco para la familia de Mary(mi madre), saco para Ermitas (mi tía, era única, la echo mucho de menos...) y saco para la casa.
Años mas tarde a cosa ya iba aumentando, eran ya 4 sacos (se casó mi tío) y luego le tocó a Juan Carlos, por lo que pasamos a 5 sacos.

Cuando todo el reparto estaba hecho (o haciendo una "paradiña" si es que ibamos retrasados), comprobábamos la calidad de la carne con una buena chuleta fresca (el chuletón más grande, pedido ya en el matadero especialmente, era para mi abuelo, que para eso pasó todo el trabajo de mantener la res con todo lo que eso conlleva).

Pues bien, llegó el momento, Diego y yo "somos un saco mas", esta vez, la "cachena" viene de la casa de los suegros pero el proceso es similar. Compramos un arcón congelador (naranja, por supuesto, como toda la cocina), fui ayer a comer a la 2Carballeira" y traje un capazo con bolsas de carne y huesos para congelar. Ya moví los huesos para que no se peguen y le di la vuelta a la carne. El sábado, haremos la rica chanfaina, ya que le llegó el "San Martiño" al cerdo...

Es emocionante saber que eres una nueva generación, que el ciclo de la vida sigue intacto y gira y gira y que tienes familia y que nos seguimos ayudando.
No sé si seguirá la tradición con mis hij@s porque no veo posibilidades de tener ganado pero, de lo que sí que estoy segura es de que ellas o ellos conocerán esta historia y que van a conocer los órganos de una vaca aunque tenga que comprarlos en una carnicería.

Gracias a mi familia por darme tanto, lo bueno que tenga yo os lo debo.
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